La jubilación suele abrir una nueva etapa en la que muchas personas buscan actividades para mantener la mente activa y ocupar el tiempo libre. Para Annie Leroyer, la respuesta llegó a través de los rompecabezas: miles de pequeñas piezas que se transformaron en un desafío personal que puso a prueba su concentración y constancia.

Esta mujer francesa de 73 años que vive en La Brûlatte, en la región de Mayenne, logró completar los dos puzles comerciales más grandes del mundo, uno de 54.000 piezas y otro de 52.110 piezas. Sin competir contra nadie y sin establecer plazos, convirtió el armado en un reto propio. "Es mi reto y solo mío", recalcó en una entrevista realizada por Ouest-France.

Hasta hace algunos años, Annie resolvía rompecabezas de unas 4.000 piezas, una cantidad ya considerable para cualquier aficionado. Sin embargo, en 2022 su desafío cambió cuando su hijo Pascal le regaló un puzle de 42.000 piezas.

La complejidad del regalo no fue un impedimento. Lejos de detenerse, logró completarlo y decidió buscar un nuevo objetivo y enfrentarse a modelos todavía más complejos.

Sus siguientes desafíos fueron dos rompecabezas gigantescos. Uno, de 52.110 piezas, dedicado al mundo animal; y otro, de 54.000 piezas, que reproduce una gran galería de arte con 53 obras maestras de la pintura universal, entre ellas La Gioconda, de Leonardo da Vinci; El beso, de Gustav Klimt; y La libertad guiando al pueblo, de Eugène Delacroix.

Según le contó Annie al diario francés, para completar imágenes de semejante tamaño, desarrolló un método propio. Antes de comenzar, clasifica las piezas por colores y luego construye pequeñas zonas que finalmente une hasta completar la imagen general.

Cómo logró completar los rompecabezas gigantes

El puzle de 54.000 piezas lo terminó en cinco meses, mientras que el de 52.110 piezas requirió once meses de trabajo. "Me sorprendió que lo terminara tan rápido", reconoció su hijo Pascal, quien definió aquel primer regalo como un "regalo envenenado" por la dificultad que implicaba.

El tamaño de las obras también representó un desafío después del armado. El rompecabezas más grande mide 2,04 metros de ancho por 8,64 metros de largo, mientras que el otro alcanza casi siete metros de longitud. Actualmente, ambos ocupan gran parte del garaje de su vivienda.

Clasificar las piezas por colores, uno de sus trucos.

Aunque pueda parecer una actividad relajante, Annie asegura que completar estos rompecabezas requiere esfuerzo físico y una gran dedicación. Pasó horas sentada o inclinada para alcanzar distintas zonas de las imágenes. "Algunos días solo conseguía colocar unas diez piezas", confesó. Sin embargo, nunca pensó en abandonar.

La jubilada también destacó el desgaste que implica trabajar durante tantas horas con piezas pequeñas. "Es agotador para la vista mirar las piezas durante tanto tiempo. No puedo hacerlo cinco horas seguidas". Aun así, aprovechaba cada momento libre para avanzar, incluso mientras esperaba que terminara de cocinar la comida.

Ahora, con ambos rompecabezas finalizados, Annie tiene un nuevo objetivo: conseguir un espacio donde puedan ser exhibidos. Para eso, se contactó con distintos ayuntamientos franceses con la esperanza de encontrar una sala donde mostrarlos al público.

"Me encantaría verlos expuestos en una pared. Me sentiría orgullosa", expresó la mujer, que convirtió una afición en un desafío de paciencia, organización y perseverancia.