El tema de estos días es Moria (Netflix). La serie sobre la vida de Moria Casán se convirtió en la número uno en Netflix Argentina y ya se ubica en el ranking global de ficciones de habla no inglesa. Lanzada días antes del cumpleaños número 80 de la diva, esta producción recorre desde su salto a la fama en 1968, con su debut en el teatro de revistas, hasta el presente.
Todo lo que se conoce sobre Ana María Casanova antes de ser Moria Casán está al alcance de cualquiera. Autodenominada "marciana", su propia creadora y titiritera de su destino (como lo demuestra en la serie), la capocómica nunca tuvo problemas en narrarse a sí misma y lo dejó en claro cuando sentenció recientemente: "Yo solamente me confieso ante mi público".
De ahí que existan una serie, un podcast, La One (2023), y una autobiografía MeMoria (2012, actualmente fuera de circulación) bajo su punto de vista.
Sin embargo, estas producciones apenas rozan lo que fue una de las etapas más formativas de la lengua karateca, entre su egreso del secundario y a la par que cursaba abogacía en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.
En la serie "Moria", Sofía Gala Castiglione interpreta a su madre durante la época en que saltó al estrellato. Foto: Netflix.
Un mito que nació en un barrio: hubo un tiempo en que Moria Casán fue docente de danza en el oeste del conurbano.
En la cochera del hogar de sus padres, armó su propio taller.
Una postal de hace más de 50 años
Es una tarde de sábado en José Ingenieros (partido de Tres de Febrero, en la Zona Oeste del Gran Buenos Aires).
Los perros se desplazan en manada por las calles y las vecinas salen a regar el jardín delantero de sus viviendas. Los años 60 llegan a su fin, los cuerpos son más libres y las vedettes copan las marquesinas de la calle Corrientes.
Pero nada de eso altera a la pequeña localidad ubicada en Tres de Febrero, que muchos suelen confundir con Ciudadela, que permanece tan tranquila como siempre.
Por la cuadra de la parroquia de los franciscanos que venden su propia miel, avanza un Peugeot 504, el modelo más reciente en fabricación, encarando hacia la calle Besares. Lo conduce una mujer de pelo negro, la más linda del barrio, la hija de Juan y Rosa Casanova, los de la casa de San Roque al 283.
Sentada en la butaca trasera, forrada en animal print como el resto de los asientos, viaja una nena de ocho años vestida con una malla de baile y zapatitos de punta. Se llama Viviana. Repasa, mentalmente, los pasos de baile que están preparando para la gala de fin de año. La distancia es escasa entre su casa y la de su profesora, Moria.
Viviana (a la derecha) fue alumna de Moria Casán en su niñez y participó en las muestras de fin de año que organizó la diva en su juventud. Mantuvieron un vínculo cercano desde finales de los años 60 hasta principios de los 70.
Una casa a tres cuadras de General Paz y Beiró
El público que elija sumergirse en los comienzos de Moria Casán a través de la plataforma Netflix podrá descubrir sus primeras aproximaciones al baile en el episodio inicial, titulado “El Obelisco con tetas”, y luego en el sexto, “No hablen de mí”.
Las responsables de encarnar estos momentos de su trayectoria en la casa de la calle San Roque -a tres cuadras de la avenida General Paz y la avenida Beiró- son su hija Sofía Gala Castiglione, personificando una versión juvenil de ella, y su nieta Helena Tuñón, en el papel de la adolescente.
Video
Tráiler oficial de "Moria"
En la biopic hay secuencias en las que Moria aparece de niña aprendiendo a tocar el piano junto a su padre, un militar con vocación por la música; a los 14 años, bailando bajo la mirada lasciva de sus vecinos y, finalmente, un tiempo después, despidiendo a sus discípulas de danza en el portón del garaje.
Según su libro MeMoria, fue en el Club Unión Argentina de Ciudadela donde a los seis años se atrevió a bailar por primera vez en un certamen y terminó en el segundo puesto aun con unos zapatitos de punta que no eran suyos y un vals, Danubio azul, que nunca había escuchado. Así comenzó a cultivar esa vocación a espaldas de Don Juan (quien rechazaba esa inclinación), pero respaldada por su tía Catalina y su madre.
Se sabe, porque la conductora y actriz lo ha mencionado en diversas oportunidades, que sus primeros ingresos los consiguió gracias al estudio de danzas que montó en la cochera de la casa materna.
Sofía Gala, como Moria Casán, en la serie, en la escena que retratan el lugar que la diva tenía para dar clases de baile. Foto: captura Netflix.
Con banquetas, espejos y una barra de madera, recibía a las niñas de la zona para enseñarles a pararse en puntas de pie y montar coreografías.
Asimismo, la capocómica confiesa en sus memorias que no tenía un lazo estrecho con el barrio bonaerense ni con sus vecinos. La mayor parte de sus actividades, tanto formativas como recreativas, transcurrían en Capital Federal.
Moria Casán, en su fiesta de 15 años. Foto: Archivo.
En ese sentido, detalla que estudió en el colegio N.° 12 de Devoto y en el Liceo de Caballito, y sus salidas favoritas con su familia consistían en ver programas en vivo de Radio El Mundo, asistir a una obra de teatro, a un ballet del Teatro Colón o disfrutar de las funciones de cine continuado (si eran películas italianas, mejor) en las salas del centro porteño.
Moria Casanova: la profesora de baile
Entre las escasas familias con las que tenían trato los Casanova estaban las de las alumnas de Moria, y una de ellas era la de Viviana F. El vínculo, según evoca la ahora empleada administrativa de 65 años, perduró desde mediados de los 60 hasta comienzos de los 70.
El folleto del recital de danzas que coordinó Moria Casán para diciembre de 1968 en el Teatro Empire. Firmó con su nombre completo, Ana María Casanova. Foto: Clarín.
Hija del jefe de una fábrica metalúrgica y de un ama de casa, Viviana y su hermano Adrián transcurrieron su infancia entre Ramos Mejía y José Ingenieros. Allí habitaron el departamento situado sobre el taller de su padre, mientras construían una vivienda del otro lado de la General Paz.
-¿Qué es lo primero que te acordás de Moria?
-Cuando cumplí cinco años y ella, veinte. Las dos somos leoninas: ella nació un 16 de agosto y yo, el 17. Vino al departamento y festejamos en la terraza junto a mi familia.
No fue el único cumpleaños que contó con la presencia de La One. Adrián, hermano de Viviana, la recuerda en otras celebraciones: “Venía a los festejos y siempre era el centro de atención. Siempre tuvo presencia”.
Viviana F., su madre Lucía y su hermano Adrián en la puerta de la casa de José Ingenieros. Foto: Clarín.
La familia de cuatro fue testigo de la metamorfosis de Moria, aunque en la actualidad solo los hermanos pueden brindar testimonio, ya que sus padres fallecieron entre 2019 y 2022.
-¿Qué recordás del momento en que Moria se hizo famosa?
-Muchísimas cosas. Cuando debutó en el teatro de revistas, cuando pasó por el quirófano del doctor Jury (mi mamá después se atendió con él), cuando compró el Peugeot…
-¿Era buena profesora?
-Era una excelente docente y un gran ser humano también. ¡La cantidad de veces que, para las fechas de examen, ella gestionaba que yo pudiera rendir! Las pruebas se tomaban en el Conservatorio Gatell de Banfield, en verano, y a mí se me complicaba asistir porque coincidía con las vacaciones familiares (y en casa se hacía lo que decía mi papá). Moria coordinaba con el mismísimo Gatell para que me evaluara a mí sola al regreso del viaje.
Al final de la clase en el garaje de José Ingenieros, Viviana se quedaba a comer lo que preparaba Doña Rosa, a quien describe como “chiquita y macanuda” y asegura que “era la única nena” en la mesa de los Casanova. Luego, Moria la acercaba en auto hasta su casa, ubicada a pocas cuadras.
"No conservo fotos con Moria", admite la exalumna de La One. Aquí, en una muestra de baile de fin de año. Fotos: Clarín.
“A veces, cuando mi mamá iba a buscarme, Doña Rosa le enseñaba todos los regalos que le daban a Moria cuando ya era Moria. Me acuerdo de un vestido confeccionado con monedas que guardaba en una cajita. En una época también empezó a vender ropa y yo tenía un par de cosas que le había comprado”, rememora la exalumna.
Viviana hoy tiene 65 años y sobre una de las repisas de su living atesora uno de sus recuerdos más valiosos: un programa de mano de la muestra de fin de curso de diciembre de 1968 en el Teatro Empire, con la organización de Ana María Casanova.
-¿Cómo eran esas muestras de fin de año?
-Me acuerdo de que en uno de los shows salimos de unas cajas como si fuéramos muñequitas. A Moria no le gustaba mostrarse, mantenía un perfil más reservado, prefería preservarse.
Además del programa, conserva postales en blanco y negro de sus muestras de baile como alumna de Moria.
En las fotos aparece Viviana bailando tango junto a otra nena, ella de traje y sombrero. En otra, un grupo de niñas realiza una coreografía en zapatitos de punta, faldas de tul y una escenografía decorada como un cuento de hadas.
A pesar del tiempo compartido, Viviana no preserva fotos de su profesora y dice, lamentándose, que las fotos que pudieron haber quedado permanecieron en José Ingenieros. Y cuenta que el departamento quedó deshabitado desde que la familia se trasladó definitivamente a Versalles.
Imágenes de una de las muestras de danza de fin de año que organizó Moria Casán como profesora de las niñas de su barrio. Foto: Clarín.
-¿Volviste a ver a Moria?
-Muchísimos años después. Yo ya había sido madre y mi hija era chica. La cruzamos a Moria en el Tren Libertador San Martín rumbo a Mendoza. Le dije: “Hola, Moria”, y enseguida me reconoció y a mi papá también.
Los hitos de la vida de Moria Casán son inagotables: el día en que pasó de las escalinatas de la Facultad de Derecho a las escaleras del Teatro El Nacional, las películas con Susana Giménez, Alberto Olmedo y Jorge Porcel; sus matrimonios y amantes, el nacimiento de Sofía Gala, las temporadas récord de Brujas; los ciclos que encabezó en televisión, los escándalos mediáticos, sus descargos al aire de Intrusos que dejaron tantas frases para la posteridad y su detención en Paraguay.
Sin embargo, hacia el final de la serie de Netflix, al recrear el festejo de su cumpleaños número 80, la diva cierra su biopic con una advertencia: "Sabrán de mí todo el tiempo".
En los márgenes, en esos rincones que nunca fueron lo bastante épicos o glamorosos para la pantalla chica ni las redes sociales, donde José Ingenieros se confunde con Ciudadela y un programa de mano de 1968 sobrevive en el living de una casa de Versalles, esa frase nunca fue más cierta.
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