"Ganamos tiempo, que es lo que más necesitamos". Recién se conocía la noticia de que el oficialismo había hecho caer la sesión en el Senado y una fuente del Gobierno resumía el balance de lo que fueron tres jornadas agitadísimas en el Congreso. Hay que trasladarse al miércoles de la semana pasada para entender el resultado.
Aquel día, la presión de los aliados y la buena predisposición de Patricia Bullrich y Victoria Villarruel casi le habían puesto fecha de vencimiento al mandato de Manuel Adorni como jefe de Gabinete. El acuerdo, era más o menos así: si para este jueves 25 Javier Milei no había echado a su funcionario investigado por presunta corrupción, el Senado avanzaría para removerlo.
Pero llegó la fecha y no ocurrió ninguna de las dos cosas. El martes, la oposición dura no consiguió quórum para avanzar contra Adorni en una sesión especial en Diputados; el miércoles el oficialismo logró sesionar y aprobó un par de proyectos clave en la misma cámara; el jueves se cayó la citada reunión en el Senado.
La frustrada sesión de este jueves en el Senado. Foto: Federico López Claro.
¿Qué se preveía en la Cámara alta? Los bloques opositores (duros y aliados) intentarían votar al menos una interpelación del exvocero, además de echarle tierra con sus discursos; y el Gobierno buscaba aprobar algunos proyectos (ley de propiedad privada y pliegos de jueces). No ocurrió ninguna de las dos cosas.
"Sigue siendo una situación de mierda, pero se siente un cambio de aire. Renovaste los voceros, está el Mundial y ya no tenés a la política contándole las horas a Manuel. Ganaste tiempo", sumó su análisis otro libertario.
Con la mira en la Justicia
El futuro de Adorni, si los hermanos Milei deciden sostenerlo, corre por dos caminos: el judicial, donde el jefe de Gabinete presentó sus polémicas declaraciones juradas; y el legislativo, con un proceso formal que se abriría la semana que viene tanto en Diputados como en el Senado, en sendas comisiones.
¿Puede haber una citación indagatoria antes de la feria invernal de la Justicia? Si Adorni zafa de esa incomodidad, el Gobierno lograría aún más aire para intentar torcer la agenda. El proceso en el Congreso, en caso de concretarse, no sería tan veloz.
La ayuda de los aliados y la interna amarilla
Este cambio de clima tuvo un colaborador indudable: el PRO. Sin la ayuda inicial del bloque de diputados que comanda Cristian Ritondo, probablemente la situación de Adorni hoy sería otra. El acuerdo con Martín Menem para desactivar la sesión especial del martes fue el primer paso de lo que vendría después.
El llamado a comisión, como anticipó Clarín, funcionaría como argumento ideal para que el PRO explique por qué no se sumaba al embate opositor en el recinto, luego de que varios dirigentes del partido (con el aval de Mauricio Macri) reclamaran la salida inmediata del jefe de Gabinete.
Esa ayuda del PRO generó ruidos externos, pero sobre todo internos. Con declaraciones y comunicados, el partido se esforzó en explicar que su mirada sobre el escándalo Adorni no había cambiado. A dirigentes emblemáticos, como Esteban Bullrich, les sonó a verso: el exministro renunció al partido con una durísima carta.
Desde el Senado, el jefe del bloque amarillo, Martín Goerling, también buscó diferenciarse de Ritondo y directamente propuso tratar la remoción del jefe de Gabinete este jueves. ¿Sabía que no estaban los dos tercios para concretarlo y el embate le salió gratis?
Adorni y Karina Mile con senadores de LLA.
Como sea, en el Gobierno admiten que deberán rever cómo sigue la relación con su principal aliado. "Ellos tienen una moralina republicana, que se creen que la gente les pide algo distinto que al resto. No sé si tienen razón, pero son así y nosotros tenemos que ver cómo conformarlos", reconoció un libertario que conoce como pocos el mundo PRO.
También en la Rosada advierten por un cambio en la relación con Bullrich: "Karina la respeta como jefa de bloque, pero en los encuentros del martes de los legisladores con Adorni quedó claro que los senadores son de La Libertad Avanza, no de Patricia". Continuará.
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