Martina Prieto Pariente, cofundadora de Bodegas Prieto Pariente, dejó una de esas frases que se recuerdan enseguida: “Un vino un miércoles con dos amigas seguramente te quite hasta alguna arruga”.

El textual, recogido por Magas en El Español, se volvió llamativo por su tono ligero, pero también por la filosofía que arrastra detrás. Más que presentar el vino como un objeto de ceremonia o como una pieza de prestigio, ella lo vincula con el descanso, la amistad y el placer cotidiano.

La entrevista la sitúa justamente en ese cruce entre empresa, maternidad y prejuicios generacionales. Y desde ahí aparecen otras frases que ayudan a entender mejor la principal.

Una de las más claras es: “El vino está para disfrutarlo, no para sufrirlo”. Esa idea resume bastante bien su postura. Prieto Pariente parece rechazar cierta cultura del vino demasiado rígida, llena de códigos y correcciones, para defender una relación más libre y más humana con la bebida. Lo importante no sería exhibir conocimiento, sino compartir un momento grato.

En esa misma línea, también afirma que “hay que beber vino con naturalidad”. La frase encaja perfectamente con la anterior y ayuda a leer mejor el famoso comentario del miércoles con amigas. No es una defensa banal del alcohol, sino una reivindicación del vino como parte de una experiencia social y emocional, asociada al encuentro y no a la pose. La arruga, en realidad, funciona casi como una broma: lo que supuestamente mejora no es la piel, sino el ánimo.

“Hay que beber vino con naturalidad”, sostiene Martina Prieto Pariente. Foto: Youtube

La entrevista también la muestra pensando el vino desde una perspectiva generacional. Allí se menciona su esfuerzo por conectar con nuevos consumidores y romper ciertos prejuicios del sector. En ese marco, su forma de hablar importa tanto como lo que dice.

Prieto Pariente evita el lenguaje hermético y elige imágenes cercanas, incluso coloquiales. Eso la acerca a un tipo de discurso donde el vino no está secuestrado por expertos, sino que vuelve a la mesa común.

Así, la frase del título, “Un vino un miércoles con dos amigas seguramente te quite hasta algunas arrugas” no propone una teoría, propone una escena. Y al hacerlo, resume una visión bastante concreta: el vino puede ser refinado sin ser rígido, puede formar parte del lujo sin dejar de ser cotidiano, y puede disfrutarse más cuando se lo baja del pedestal. En la entrevista, Martina Prieto Pariente parece defender exactamente eso: menos ceremonia vacía y más sentido de ocasión compartida.