Sonando aún en mi memoria el sublime lamento de la gaita que precedía, a paso lento, el cortejo que acompañaba a Jorge a su guarida final, busco materia para resumir en palabras aquello que solo se construye internamente en un continuo de sentimiento, recuerdos y tristeza.
Con la persistencia de esa gaita lastimera, en el ámbito sereno del Cementerio Británico, emerge, naturalmente, la identidad del Inglés. Rodeado de una multitud de amigos, allegados y familia que, más allá de ir a despedir a un excepcional referente de la arquitectura argentina, fueron a despedir a una persona excepcional.
Decido entonces que lo que quiero hacer por Jorge, ausente en persona, es celebrarlo vivo, trabajando, enseñando, viajando y disfrutando, con silencios y risas, sinsabores y alegrías.
Celebrar que el incidente de dejar de existir no cubrirá la montaña de vitalidad de su permanente entusiasmo por hacer y sentir. Celebrarlo por haberme permitido compartir una construcción de pareceres sobre la arquitectura argentina, que despertó interés sin que nos lo propusiéramos y fluyó naturalmente en su cauce.
Formando más que produciendo
Celebrar la inclusión, el bien común, el contexto, lo propio y lo apropiado, la tradición, la tecnología justa, la organización antes que el orden y el servicio antes que el prestigio. Celebrar las fiestas del estudio Galpón de Costa Rica con bizcochitos de grasa y vino de damajuana, fiestas que quizás nos pusieron en el mapa arquitectónico más rápido que nuestro sesudo ideario.
Emilio Rivoira y Jorge Hampton en el bar El Taller.
Celebrar a Palermo Viejo. Celebrar al Bar El Taller. Celebrar al Inglés en el Galpón en esas grandes mesas dibujando y haciendo dibujar, sentándose al lado de quien dibujaba siempre didáctico nunca autoritario, formando más que produciendo.
Celebrar que sabía decir tan bien lo que pensaba. Celebrar sus silencios, porque el silencio acompaña, ayuda, y esto lo dice alguien que habla todo el tiempo, pobre Inglés lo ensordecí un poco.
Celebro su soportable soberbia británica, necesaria para la aventura y su astucia del mismo gen. Celebro nuestras inevitables diferencias de parecer en las que ayudó más el sabio silencio de Jorge que mi verborragia, porque de lo ingrato hay que hablar poco y esperar a que se disuelva en lo grato.
Hampton, Rivoira y colaboradores en la Placita Serrano, iniciando El Taller.
Si de celebrar al Inglés se trata, seguiría hasta que me paren. Celebro no poder recordar tantas cosas que habría para celebrar, celebro haberlo visto reír muchísimo y algunas veces, permitirse llorar.
Celebrar al Inglés Hampton en su voluntad por vivir intensamente y su sabiduría y elegancia por partir de repente, sano, en un momento de felicidad, sin permitirnos, lamentablemente, celebrar unos años más su valiosa presencia.
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