“Colocar el deseo en primer plano, la subjetividad, la individualidad y la identidad de cada persona como brújula de un cambio laboral supone subvertir la lógica más extendida, aquella en la que la asimetría del mercado impone aceptar lo disponible y ubicarse donde haya lugar. Apostar por esta inversión de sentido es confrontar la manera clásica de entender el vínculo con el trabajo. Y, al mismo tiempo, es el lío profesional más hermoso con el que me toca trabajar: acompañar a alguien a recuperar su propio centro en un territorio que históricamente lo ha desplazado”, escribe la psicóloga Claudina Kutnowski en su libro Inteligencia laboral, cómo rediseñar tu trabajo en un mundo cambiante (Paidós).
Especializada en transiciones laborales, la psicóloga Claudina Kutnowski analiza los desafíos de cambiar de profesión. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.
Kutnowski acompaña, desde hace más de 15 años, a personas que atraviesan situaciones complejas como cambiar de profesión, modificar un puesto laboral, separarse de un socio, dejar una empresa familiar, empezar a trabajar en otro país, construir proyectos económicamente sustentables o conciliar maternidad con carrera y para ella, “no son solo movimientos laborales: son procesos de crecimiento emocional”.
Desde ese conocimiento, ha ayudado a cientos de personas que estaban en medio de una crisis vital y que finalmente encontraron la trayectoria laboral que buscaban. De este proceso habla con Clarin y también de cómo se hizo un tiempo para poder escribir este libro.
–Hace 15 años que te dedicás a esto pero, ¿cómo nació la idea de hacer un libro con toda esta experiencia?
–La verdad es que el timing, en un punto, no fue planificado, pero no podría haber sido mejor. Esta idea la empecé a gestar en la pandemia, pero para explicarte bien tengo que ir unos metros para atrás. Cuando yo empecé a trabajar en esto, hace más de 15 años, no existía alguien que se dedicara formalmente a las transiciones laborales. Hice un trabajo muy de hormiga; les escribía a periodistas para contarles lo que hacía porque sabía que, si no lo daba a conocer, nadie se iba a enterar. En ese momento tuve muchas notas en medios, columnas en radio y programas de televisión. Me quedó muy marcada la gimnasia de escribir sobre esto porque sentía que era un tema que había que posicionar. Armé un blog que mantuve durante muchísimos años. Escribía y contaba historias de personas que hubiesen hecho transiciones, principalmente porque observaba que la gente cree que el malestar laboral es un problema propio y que no le pasa a nadie más. Me puse muy militante con eso. Un poco antes de la pandemia me di cuenta de que tenía una cantidad descomunal de material escrito y pensé: "Tengo que hacer un libro". Empecé a cranearlo entre el final de "la vida normal" y el inicio del confinamiento. Pero la pandemia me llevó puesta. Todo el mundo se tuvo que reinventar en tres segundos y, como yo ya venía trabajando el tema, tuve una demanda laboral enorme y el blog y el libro quedaron pospuestos.
–¿Y cómo lo retomaste?
–A partir de la pandemia trabajé diez horas por día sin parar. Dejé de tener tiempo; incluso tuve que rechazar a mucha gente que no podía tomar. Hace unos tres años me di cuenta de que no daba más y decidí armar un equipo para derivar el caudal de trabajo. Yo soy muy metódica: lo que le ofrezco a las personas es lo que aplico conmigo misma. Me armé un plan a dos años para capacitar gente que pudiera absorber gradualmente mi demanda y así yo recuperar tiempo para escribir, que era un deseo enorme que me había quedado pendiente. Cuando el plan funcionó, le presenté la propuesta a la editorial. Ellos se re engancharon desde el principio; me dijeron que era un libro muy necesario y que ese tema estaba faltando en el mercado. El libro salió muy fácil porque fue sentarme a contar y contar. Mi editora, que fue mi primera lectora, se enganchaba mucho con los textos, se sentía interpelada y me reforzaba la idea de que la estructura funcionaba y ese es el mismo feedback que recibo hoy: la gente lo lee fácil y se siente identificada rápidamente.
–Pensaba que, inclusive en los casos en los que no se quiere cambiar de trabajo, el libro sirve igual porque permite rever qué cosas de la labor actual no están gustando y modificarlas, sin necesidad de irse a otro lado.
–Exacto. Es un poco lo que me pasó a mí: yo no cambié de trabajo, pero agregué el libro para proyectarme distinto. El trabajo habla mucho de la proyección. Para mí, lo más amoroso que tiene el libro –de una manera abstracta y entre líneas– es que busca reinstalar la idea de la ilusión. Cuando una persona se guarda en su dolor, en su imposibilidad y entra en un callejón sin salida (cul-de-sac), se obtura la capacidad de ilusionarse con una vida que le cope más, dentro de lo que ya hace. El mito del cambio radical, la ilusión no necesariamente es la respuesta simpática de "dejar todo e irse a poner un barcito a Brasil". En mi caso, la ilusión fue simplemente hacerme el tiempo para escribir el libro que tenía pendiente y para lograrlo, primero tuve que sacarle el polvo a las ganas, diseñar un plan de trabajo, organizar los recursos y ser consecuente a través de pequeños pasos.
Especializada en transiciones laborales, la psicóloga Claudina Kutnowski analiza los desafíos de cambiar de profesión. Foto: gentileza.
–Hay una frase en el libro que resume un poco esto del propio deseo y tiene que ver con lo poco que nos escuchamos a nosotros mismos.
–Desde chicos la cultura nos enseña a no molestar, a quedarnos callados, a no destacar para no opacar al resto. Hay un montón de "deber ser" que hace que nos perdamos en el camino y no sepamos quiénes somos ni qué queremos. Y hay algo muy perverso en la actualidad: te metés en las redes sociales y aparecen estas historias de personas que consiguen cosas extraordinarias, gurúes que te dicen "seguí tu sueño, seguí tu propósito". Pero vamos, ¿cómo se hace para seguir un sueño si no están dadas las condiciones ni sabés por dónde empezar a revisar lo que te gusta? Ese mensaje confronta a la gente contra un tope, no da herramientas reales y genera muchísima angustia. Por eso, en las primeras entrevistas, cuando a las personas les cuesta mucho responder qué quieren porque la idea del "propósito" les queda a tres montañas de distancia, yo bajo la pregunta a la tierra con cuestionamientos simples y abstractos:¿Qué querés que te pase en el día a día?, ¿Querés trabajar más horas o trabajar menos?, ¿Querés estar al aire libre o mover más el cuerpo?, ¿Preferís vincularte con gente joven, con gente grande o con personas de tu misma disciplina?, ¿Necesitás que tus tareas empiecen y terminen en el día, o preferís procesos largos? Cuando desarmás la pregunta gigante en estas opciones cotidianas, la identidad laboral aparece siempre.
Especializada en transiciones laborales, la psicóloga Claudina Kutnowski analiza los desafíos de cambiar de profesión. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.
–Es interesante cómo planteás la función del currículum.
–Sí, la identidad aparece siempre. Nosotros en el equipo hacemos ejercicios específicos para que eso suceda. Cuando hablamos de identidad, nos referimos a voces internas que traen información importante sobre quiénes nos sentimos que somos y quiénes queremos sentir que somos. A veces la gente está desintegrada y parte de nuestro trabajo es ayudar a integrar los distintos aspectos que la conforman. Respecto al currículum, culturalmente se lo ve como si fuera un examen escolar que entregamos para que otro nos corrija. Nos somete a la mirada ajena. En cambio, nosotros lo abordamos de otra manera: el currículum es tu carta de presentación; es cómo llegás a un lugar antes de que llegue tu propio cuerpo. Es lo que dice de vos. Cuando hacemos sesiones presenciales, nos ponemos en el piso con marcadores y hojas gigantes para trazar una línea de vida laboral. Es increíble la cantidad de cosas que aparecen y que estaban en el olvido: una propuesta que no prosperó, un proyecto corto que fue alucinante pero quedó ahí. Y entonces indagamos: ¿Qué te gustó de eso? ¿Qué se puso en juego de vos en ese momento que te gustaría retomar? Tenemos muchísimos más recursos de los que registramos conscientemente. Es como el placard cuando hacés el cambio de temporada: encontrás una prenda que te encanta y que habías olvidado que tenías. Nosotros hacemos ese cambio de temporada con la vida laboral.
Inteligencia laboral. Cómo rediseñar tu trabajo en un mundo cambiante, de Claudina Kutnowski (Paidós).
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