Sandra y José vivían en Girona, en el noreste de España, con todas las comodidades modernas, pero la insatisfacción los acompañaba a diario. Hace tres años, tomaron la decisión de abandonar el asfalto para establecerse en plena naturaleza junto a sus cuatro hijos.

Su hogar actual es una casa de piedra y madera en medio del bosque donde buscan una existencia más humana y conectada con el entorno.

El cambio radical nació de una crisis familiar profunda que el dinero no podía solucionar. A pesar de que poseían una empresa exitosa y una vivienda inteligente, la falta de un propósito vital les generaba constantes discusiones.

Hace tres años se mudaron con sus cuatro hijos a una casa de piedra y madera en medio del bosque. Captura de pantalla: YouTube.

En un vídeo publicado en YouTube, José recordó que en aquel momento se sentían estancados a pesar de que "lo tenían todo" a nivel material. Sandra soñaba con una vida más simple, lejos del ruido urbano. “Lo voy a dejar todo y me voy a ir a la montaña”, recordó que decía ella con frecuencia antes de concretar su mudanza

Ese deseo se transformó en un proyecto de vida que hoy prioriza las necesidades individuales y el bienestar de los niños por encima de las convenciones sociales.

Una economía familiar reinventada desde cero

La economía familiar pasó por una transformación absoluta para adaptarse a la realidad del bosque. La pareja admitió que arrastraba deudas importantes de sus negocios anteriores, lo que los obligó a ser muy disciplinados con el dinero. “Nuestros gastos los medimos muy bien”, aseguró Sandra.

La alimentación es el pilar central en el que deciden invertir la mayor parte de sus recursos. Prefieren tener menos posesiones materiales pero asegurar que los productos que consumen sean de la mejor calidad posible. “En tema de alimentación sí que vamos a buscar el mejor producto que podamos comprar”, afirmó José.

Miden cada gasto con rigor y priorizan la alimentación; trabajan en remoto y usan IA para ganar tiempo. Captura de pantalla: YouTube.

Para financiar este estilo de vida, José mantiene su empleo como programador y Sandra trabaja de forma autónoma en sus propios proyectos.

La tecnología es su principal aliada, ya que utilizan la inteligencia artificial para automatizar procesos y ganar tiempo de calidad con sus hijos. El padre explicó que los ordenadores les permiten generar ingresos mientras atienden las labores del hogar.

Autosuficiencia aprendida a fuerza de necesidad

La autosuficiencia no fue una elección inicial, sino una respuesta a los retos del entorno rural. Al no tener acceso a la red pública de agua, deben recolectar la lluvia o buscarla en manantiales naturales.

José comentó que este proceso les enseñó el verdadero valor de los recursos básicos y el impacto real de su consumo diario.

La energía de la casa proviene exclusivamente de un sistema solar que José instaló y mantiene con sus propias manos. A pesar de que varios temporales de viento dañaron las placas en el pasado, la familia aprendió a reconstruir el equipo con mayor resistencia. Sandra destacó que estas dificultades fomentaron una gran resiliencia en todo el núcleo familiar.

Recolectan agua de lluvia, generan energía solar y avanzan con una granja propia de gallinas, cabras y conejos. Captura de pantalla: YouTube.

El descanso y la salud de los pequeños son aspectos que la pareja cuida con rigurosidad. En su hogar no existen luces azules por la noche y todos duermen en futones de materiales naturales como el algodón y la lana.

Sandra puntualizó que estos hábitos mejoran el ciclo circadiano y aseguran un sueño reparador para los seis integrantes de la familia.

Actualmente, el proyecto avanza con la creación de una granja propia que incluye gallinas, cabras y conejos para el autoconsumo. Aunque el camino hacia la independencia total todavía requiere tiempo, la pareja se muestra satisfecha con la libertad que alcanzó. “Esta forma de vivir te aporta algo que no puedes experimentar de otra forma”, concluyó José.