El maíz vuelve a ocupar un lugar central en la agenda productiva argentina. En la campaña 2025/26, el área sembrada alcanzó los 8,4 millones de hectáreas, según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BdeC). Con la mitad de la superficie ya cosechada y un rinde promedio de 82,1 quintales por hectárea, la producción se proyecta en torno de los 64 millones de toneladas.

En ese escenario, la nutrición aparece como una de las palancas más importantes para transformar potencial en rendimiento. Por eso, definir una estrategia de fertilización no debería ser una decisión aislada, sino parte de un manejo integral basado en las Mejores Prácticas de Manejo (MPM).

Estas prácticas apuntan a responder cuatro preguntas clave: qué nutriente aplicar, en qué dosis, en qué momento y de qué forma. Cuando esas decisiones se apoyan en información precisa, permiten mejorar la eficiencia de uso de los nutrientes, maximizar la producción, aprovechar mejor el agua disponible, sostener la fertilidad de los suelos y reducir impactos ambientales.

El punto de partida es el diagnóstico. El análisis de suelo en pre-siembra, junto con herramientas de apoyo como los modelos de simulación —entre ellos Maicero—, permite estimar la oferta de nutrientes y ajustar la dosis de nitrógeno, fósforo, azufre y otros elementos. Esta mirada también ayuda a capturar interacciones positivas entre nutrientes, como NP o NS, que inciden directamente sobre la respuesta del cultivo.

La elección de la fuente también pesa en el resultado. No alcanza con mirar sólo el precio por tonelada: es necesario comparar unidades reales de nutriente, eficiencia agronómica y conveniencia económica. Fuentes con baja concentración de nitrógeno o fósforo pueden no cubrir los requerimientos del cultivo, limitar los rindes y generar balances negativos que deterioran la productividad del sistema en el mediano plazo.

En los últimos años, las fuentes de fertilizantes de eficiencia mejorada ganaron protagonismo como una herramienta para aumentar la eficiencia de uso del nitrógeno (EUN). En distintas evaluaciones a campo, el uso de inhibidores de la ureasa mostró reducciones de entre 60% y 70% en las pérdidas de N por volatilización, una de las vías más relevantes de ineficiencia cuando las condiciones predisponen a esas pérdidas.

En esa línea, Profertil viene trabajando desde hace dos décadas en la evaluación de inhibidores y en el desarrollo de soluciones que mejoren la performance de la nutrición bajo diferentes condiciones climáticas. Así eNeTOTAL PLUS (urea + inhibidor de la ureasa), fue diseñada para aportar mayor eficiencia y estabilidad en el manejo del N en maíz, asegurando:

- Mayor EFICIENCIA en el uso del N por parte del cultivo.

- Mayor ESTABILIDAD en la formulación y durante su almacenamiento.

- Un “SEGURO” para el NITROGENO de tu maíz a un COSTO CONVENIENTE (U$S 10/ha para una dosis de 200 kg/ha)

De cara a la campaña 2026/27, el desafío será combinar diagnóstico, planificación y tecnología para que cada kilo de nutriente aplicado se traduzca en más rendimiento, mayor rentabilidad y una producción de maíz con mejor manejo de los recursos.