La convocatoria para otro ciclo de Democracia y Desarrollo organizado por el Grupo Clarín excedió ampliamente el ámbito empresario.
El tercer encuentro de la séptima edición del ciclo tuvo un eje económico concreto: qué necesita la Argentina para que las inversiones puedan avanzar. En las distintas mesas apareció un diagnóstico compartido: rutas, trenes, puertos, energía y financiamiento son parte de la infraestructura que falta para bajar costos y transformar oportunidades productivas en inversiones.
Desde temprano, el lobby del Malba se colmó de presencias políticas como la del ex ministro de Economía Hernán Lacunza, que tiene intenciones de ser candidato a presidente por el PRO, el sherpa del G20 Federico Pinedo, figuras como Cristian Ritondo, asesores financieros como Javier Timerman y la socióloga Graciela Romer. Pero una de las más convocantes fue la del embajador chino en el país, Wang Wei.
El jefe de Gabinete, Diego Santilli, abrió la jornada y destacó los acuerdos que el Gobierno viene cerrando con las provincias para avanzar en infraestructura vinculada a la minería, la energía y el transporte.
Mencionó los trabajos con Río Negro, Neuquén y San Juan y anticipó novedades sobre la concesión de unos 9.000 kilómetros de rutas. También puso el foco en recuperar el transporte ferroviario de cargas y en utilizar las vías navegables para trasladar productos que hoy recorren cientos de kilómetros en camión. “Todo el país está siendo mirado desde sus inversiones y exportaciones. Está cumpliendo récords”, expresó.
Democracia y Desarrollo, organizado por el Grupo Clarín, en el Malba. Foto: Ariel Grinberg
El costo de mover lo que produce la Argentina
En la primera mesa, Roberto Murchison, presidente ejecutivo de Grupo Murchison, puso números al problema logístico. Según explicó, los puertos tienen capacidad disponible y el principal déficit aparece en los accesos ferroviarios y viales, además de las condiciones de la Hidrovía.
Argentina alcanzó en 2025 un récord de 2,2 millones de TEUs (unidad de medida de transporte logístico), pero Chile mueve alrededor de 4,5 millones. Según Murchison, mejorar los accesos permitiría aprovechar mejor la infraestructura existente.
Martín Eurnekian, presidente de Aeropuertos Argentina, trajo a la mesa al transporte aéreo. La compañía prevé una inversión de unos US$ 200 millones para mejorar las dos pistas y la operación aeroportuaria. También destacó el crecimiento de la carga aérea y el impacto de la desregulación sobre la actividad. “Argentina es el ejemplo a seguir, te diría yo, en Latinoamérica respecto a reformas de desregulación en el sector aéreo”, afirmó.
La necesidad de infraestructura atravesó la discusión en Democracia y Desarrollo. Foto: Ariel Grinberg
Por su lado, Carlos Bacher, chairman de Techint, se enfocó en Vaca Muerta y la minería. El desarrollo de grandes proyectos exige rutas, ferrocarriles, líneas eléctricas, agua y logística. A eso se suma la falta de trabajadores capacitados después de años con menor actividad en grandes obras.
También dijo que la incorporación de tecnología puede elevar la productividad. Como ejemplo mencionó la soldadura automática utilizada en el gasoducto Perito Moreno, que permitió alcanzar ritmos de construcción de hasta 3,5 kilómetros diarios.
Rodolfo Freyre, CEO de Southern Energy, aportó uno de los proyectos privados de mayor escala: la infraestructura para exportar gas licuado desde Vaca Muerta. El plan contempla unos US$ 15.000 millones de inversión, con un primer barco operativo en 2027 y un segundo en 2028.
El RIGI fue, según explicó, una de las condiciones que permitió avanzar con una iniciativa 100% privada. La compañía también cerró unos US$ 900 millones de financiamiento internacional para obras vinculadas al proyecto. “Esto es un negocio apretado, es un negocio competitivo”, resumió.
Roberto Nobile, CEO de Personal, habló de la infraestructura digital. Según dijo, la empresa viene invirtiendo alrededor de US$ 1.000 millones anuales en tecnología y trabaja en la modernización de sus centros de datos. La inteligencia artificial aparece como una oportunidad para atraer inversiones, aunque requiere energía, conectividad y previsibilidad.
Nicolás Pino (Sociedad Rural) y Gustavo Weiss (Camarco).
Foto: Guillermo Rodriguez Adami
Cuánto cuesta cerrar la brecha
Gustavo Weiss, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), estimó que el stock de infraestructura del país tiene un valor de reposición de unos US$ 1,5 billones y que mantenerlo requiere alrededor de US$ 24.000 millones anuales.
Además, planteó que para sostener durante años un crecimiento del 3% anual la Argentina debería invertir cerca del 25% de su PBI, unos US$ 150.000 millones por año. Ese cálculo incluye infraestructura, vivienda, equipamiento industrial y otras inversiones productivas.
Martín Rapallini, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), vinculó esa necesidad con la competitividad. La industria avanza hacia una mayor automatización y gana peso el costo de la energía. Vaca Muerta puede aportar gas más barato, pero hacen falta gasoductos y redes eléctricas.
El transporte vuelve a aparecer como un obstáculo. Según Rapallini, apenas alrededor del 4% de las cargas argentinas se mueve por ferrocarril, frente al 21% de Brasil y el 27% de México.
Por su parte, Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina, planteó la misma cuestión desde el campo. La Argentina tiene unos 400.000 kilómetros de caminos de tierra y necesita mejorar la conexión entre caminos rurales, rutas, trenes y la Hidrovía para reducir el costo de sacar la producción.
Fernando Lago, director del Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI), sumó alternativas para financiar obras sin repago directo. Para hospitales, escuelas, agua o saneamiento, explicó, pueden utilizarse contratos de disponibilidad: el privado construye y opera y el Estado paga un canon.
El financiamiento, el otro cuello de botella
La discusión terminó en cómo financiar las obras. Ignacio Lamothe, secretario general del Consejo Federal de Inversiones (CFI), señaló que la Argentina necesita mejorar la información sobre el movimiento de cargas y ordenar esa planificación junto con las 23 provincias. El organismo trabaja en un plan federal de logística para integrar rutas, ferrocarriles y puertos.
Pero para ejecutar esas obras hace falta financiamiento de largo plazo. “Argentina carece de un banco de desarrollo, Argentina no tiene banco de desarrollo propio”, señaló Lamothe. Y planteó la necesidad de contar con “una multiplicidad de fuentes de financiamiento”.
Christian Asinelli, vicepresidente de CAF, llevó el problema al plano regional y vinculó la pérdida de productividad de América Latina con décadas de menor inversión en ciencia, tecnología e infraestructura. Para la región, señaló oportunidades en energía, alimentos, minerales críticos y talento.
Por último, Gabriel Katopodis, ministro de Infraestructura bonaerense, mencionó obras hidráulicas, corredores viales y redes de alta tensión como condiciones para acompañar nuevas inversiones privadas.
Más allá de consolidarse como un espacio de debate, el ciclo Democracia y Desarrollo -que cuenta con el auspicio de Techint, Personal, Pan American Energy y Banco Macro- busca trazar un diagnóstico preciso y elevar propuestas concretas para impulsar el progreso nacional.
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