Si en el país ya se venía hablando de una crisis educativa, los resultados de la última prueba PISA muestran que el deterioro se profundizó aún más. En los últimos tres años, los estudiantes argentinos empeoraron su desempeño en Ciencias, Matemática y Lectura, y el país volvió a retroceder en la tabla internacional. En Ciencias -el área principal de esta edición- quedó en el puesto 72 entre 91 países y economías evaluados.

La prueba PISA, organizada cada tres años por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), mide las habilidades y los conocimientos de estudiantes de 15 años en Matemática, Lectura y Ciencias. La edición 2025, cuyos resultados se conocen esta martes, fue respondida por 760.000 alumnos de todo el mundo, que representan a 33 millones de alumnos.

Aunque el promedio de los países de la OCDE también cayó, el retroceso argentino fue considerablemente mayor. El 48,8% de los estudiantes argentinos no alcanzó el nivel básico en el conjunto de las tres áreas evaluadas.

Esos adolescentes no logran interpretar información sencilla en un gráfico, comprender textos simples y calcular relaciones básicas de precio por unidad. Se trata de capacidades necesarias para desenvolverse en situaciones cotidianas y seguir aprendiendo, señalan los autores del informe.

Apenas 1,2% de los estudiantes argentinos alcanzó los niveles más altos de desempeño en las tres áreas. En Matemática, casi ningún alumno logró ubicarse en los niveles superiores.

El declive argentino es tan grande que, en estos tres años se perdieron algunos de los escasos logros que se había tenido. En Ciencias, el país obtuvo 393 puntos en promedio, prácticamente el mismo resultado que en 2006, cuando había alcanzado 391. El mejor desempeño se había registrado en 2022, con 426 puntos. En Matemática, la caída fue histórica: obtuvo 367 puntos, su resultado más bajo desde que participa de PISA. Y en Lectura, con 382 puntos, quedó cerca de su peor registro, también correspondiente a 2006, cuando había obtenido 374.


Entre los que más cayeron

A diferencia de otros operativos de evaluación, PISA no mide cuánto saben los alumnos sobre el contenido curricular, sino que busca conocer cuánto comprenden, resuelven y comunican resultados de situaciones “del mundo real”.

Este año, el foco principal del estudio estuvo puesto en Ciencias, y de ahí surge que la Argentina se ubica en el puesto 72. Además, quedó en la posición 62 en Lectura y 75 en Matemática.

China encabezó este año los resultados, seguido por Singapur (que perdió el primer puesto de 2022), Macao, Taipei y Japón. Los tres peores puestos fueron para Kenia, Tayikistán y Rwanda.

Argentina está entre los países que más cayó en los últimos tres años. Bajó 13 puntos en el promedio de Ciencias, 12 en Lectura y 11 en Matemática. Solo 8 países cayeron más. Los que más mejoraron fueron Georgia, Camboya, Jordania y Montenegro.


Más abajo en la región

La Argentina se va ubicando cada vez más abajo dentro de la comparación regional. Este año obtuvo 393 puntos y quedó igual que Educador, pero por debajo de Perú (406), Brasil (409), México (414), Colombia (414), Chile (442) y Uruguay (445). Los alumnos argentinos solo superan a los de El Salvador (385), República Dominicana (361) y Paraguay (355) dentro de la región.

En Matemática, apenas 24% de los alumnos argentinos cumplió los objetivos mínimos. Esto significa que el 76% no puede interpretar y reconocer, sin instrucciones directas, una situación matemática sencilla.

Dificultades. Los alumnos argentinos, cada vez más rezagados. stock.adobe

En la comparación regional, la proporción de estudiantes argentinos que no alcanzaron el nivel mínimo en Matemática fue mayor que la de Brasil (72%), Colombia (71%), Costa Rica (70%), Perú (70%), México (69%), Chile (59%) y Uruguay (57%) y menor que la de Guatemala (92%), Paraguay (91%), República Dominicana (91%), El Salvador (87%) y Ecuador (80%).

En el caso de Ciencias, solo 41% alcanza los conocimientos mínimos. El restante 59% no puede reconocer la explicación correcta de fenómenos científicos conocidos y usar esos conocimientos para identificar, en casos simples, si una conclusión es válida sobre la base de los datos proporcionados.

Y en Lectura, apenas el 40% llega a los logros esperados. El 60% de los adolescentes argentinos no puede identificar la idea principal de un texto de extensión moderada, encontrar información a partir de criterios explícitos -aunque a veces complejos- y reflexionar sobre el propósito y la forma de los textos cuando reciben instrucciones explícitas.

“Los resultados de PISA 2025 confirman una tendencia que no podemos ignorar: 8 de cada 10 estudiantes argentinos de 15 años no alcanzan los niveles mínimos en Matemática, y la caída se repite en Lectura y Ciencias. Esto ocurre pese a señales alentadoras como la mejora reciente en Lengua que mostró Aprender 2025, lo que evidencia que los avances en un nivel educativo no alcanzan si no hay una estrategia sostenida a lo largo de toda la trayectoria escolar. El desafío que tenemos por delante es sostener los esfuerzos y sumar el foco en Matemática”, consideró Víctor Volman, director ejecutivo de Argentinos por la Educación, que centró su informe en los resultados de Matemática.

“El resultado de Argentina es preocupante porque el deterioro es transversal: respecto de 2022 perdió 13 puntos en Ciencias, 12 en Lectura y 11 en Matemática. Es decir, no estamos frente a una dificultad concentrada en un área, sino a una caída simultánea de los aprendizajes en los tres dominios que evalúa PISA. En Lectura, además, alrededor del 60% de los estudiantes quedó debajo del Nivel 2. Más que el puesto en el ranking, que depende también de qué países participan, la señal relevante es que Argentina vuelve a retroceder respecto de sí misma y aún no muestra una recuperación de los aprendizajes”, dijo a Clarín Romina Durán, jefa de Investigación del Instituto de Evidencia Educativa.


Las aulas más desordenadas

La escena es conocida. Un profesor frente al aula llama a los alumnos para arrancar la clase. Cuesta que se produzca silencio, cuesta que se active la concentración, cuesta que todos presten atención. Y ese tiempo que se pierde termina impactando en los aprendizajes.

La prueba PISA que se conoce este martes tiene un apartado que trata sobre el clima escolar, un predictor del rendimiento de los alumnos. Y allí hay una pregunta que debe llamar la atención a todos lo que hacen política educativa en el país.

Se les preguntó a los alumnos de los 91 países si en la mayoría o en todas las clases de Ciencias hay interrupciones provocadas por el ruido y el desorden. Los alumnos argentinos son, por lejos, los que más contestaron que esto sucede: lo afirmó el 58%. Este desorden impacta en los aprendizajes, sugieren los expertos de la OCDE que están detrás de la prueba PISA.

“Cada minuto destinado a lidiar con llegadas tarde, falta de atención, bullying o interrupciones persistentes es un minuto que no se dedica a explicar álgebra, debatir literatura o hacer un experimento científico. El efecto acumulado puede ser considerable”, dicen desde de la OCDE. “En casi todos los sistemas educativos, los estudiantes que describen un mejor clima disciplinario en las clases de Ciencias tienden a obtener mejores resultados y a mostrar actitudes más positivas hacia el aprendizaje”, agregan.

Lo que no tiene en cuenta la OCDE es la organización de la escuela secundaria argentina, que, al tener tantas materias con tantos profesores distintos, y con pocos profesores full time, obliga a que cada clase sea comenzar de nuevo.

El uso de celulares en el aula es otro de los problemas que “mete ruido” en los aprendizajes. Acá, otra vez, los alumnos argentinos están entre los que más dicen sufrir distracciones a causa del teléfono móvil (el 55%), solo superados por los uruguayos (57%). Las cifras están muy por encima del promedio de los países de la OCDE: 28%.

Los datos de PISA sugieren que las escuelas que prohíben los celulares o fijan pautas específicas tienden a registrar menos distracciones entre los estudiantes.

Teléfonos celulares en las escuelas. Foto: Shutterstock

El informe no plantea que la tecnología sea negativa en sí misma: puede facilitar el acceso a aplicaciones educativas, herramientas de investigación y plataformas colaborativas, pero advierte que su uso debe ser intencional, acotado y orientado por los docentes.

“En promedio, los alumnos que informan que sus clases se ven afectadas con frecuencia por distracciones digitales obtienen 11 puntos menos que aquellos que no lo reportan distracciones de este tipo”, afirman desde la OCDE.