¿Qué hiciste mientras no estaba?”, “ahora vamos a salir” o “te dije que no subieras ahí”. Para muchas personas, hablar con su perro o gato utilizando frases completas forma parte de la rutina. Algunas incluso relatan lo que están haciendo aunque sepan que el animal nunca responderá con palabras.

La conducta puede parecer una conversación de un solo lado, pero detrás aparecen distintos procesos estudiados por la psicología y la ciencia del comportamiento animal. Los humanos tienen una tendencia a atribuir características mentales a otros seres, mientras que las mascotas pueden responder a palabras, miradas, gestos y tonos de voz.

Hablarles, además, no permite concluir que una persona esté sola o carezca de relaciones humanas.

La conducta puede parecer una conversación de un solo lado, pero detrás aparecen distintos procesos estudiados por la psicología y la ciencia del comportamiento animal.

Qué es la antropomorfización

Uno de los conceptos que ayudan a comprender este comportamiento es la antropomorfización: atribuir características, intenciones o emociones humanas a agentes no humanos.

En 2008, los investigadores Nicholas Epley, Scott Akalis, Adam Waytz y John Cacioppo publicaron en Psychological Science una serie de experimentos destinados a estudiar por qué las personas antropomorfizan.

Los científicos encontraron que existen diferentes factores que pueden favorecer el fenómeno. Entre ellos apareció la necesidad de establecer conexiones sociales.

Los científicos encontraron que existen diferentes factores que pueden favorecer el fenómeno. Entre ellos apareció la necesidad de establecer conexiones sociales.

Eso puede ayudar a explicar por qué un animal llega a ser tratado como un interlocutor, pero no significa que toda persona que conversa con su mascota lo haga porque se siente sola.

El estudio que analizó la relación con la soledad

En uno de los experimentos, los investigadores observaron que las personas con mayores niveles de soledad crónica tendían a atribuir más características humanas a sus mascotas.

Los investigadores observaron que las personas con mayores niveles de soledad crónica tendían a atribuir más características humanas a sus mascotas.

En otro, manipularon experimentalmente la sensación de conexión social y encontraron también cambios en la tendencia a antropomorfizar agentes no humanos. El resultado sugiere que buscar conexión puede influir en cómo interpretamos a otros seres.

Sin embargo, el estudio no investigó específicamente quién habla durante todo el día con su mascota. Tampoco permite utilizar esa conducta como indicador de soledad.

Los animales no son interlocutores pasivos.

Los animales no son interlocutores completamente pasivos

Existe otro elemento que diferencia hablar con un perro de hablar con un objeto: el animal responde.

Puede mirar, acercarse, mover la cola, cambiar la posición de las orejas o dirigirse hacia una puerta después de escuchar determinadas palabras.

Una investigación de Paolo Mongillo y sus colegas estudió a 60 parejas de perros y propietarios para analizar la atención visual de los animales. Los perros prestaban una atención diferente a sus propietarios que a personas desconocidas y dirigían hacia ellos miradas más prolongadas.

Esa sensibilidad hacia los humanos puede contribuir a generar una dinámica de interacción incluso sin lenguaje compartido.

Cómo saben cuándo les prestamos atención

Otros experimentos mostraron que los perros también responden a señales mucho más sutiles.

Investigadores encabezados por Midori Ohkita y Miho Nagasawa analizaron qué sucedía cuando los dueños miraban directamente a sus perros o desviaban la mirada.

Los animales modificaban determinados comportamientos destinados a obtener atención dependiendo de esas señales visuales. Trabajos anteriores también encontraron que los perros pueden utilizar la dirección de la mirada y el estado de atención de una persona para interpretar determinadas situaciones comunicativas.

Por eso, aunque un perro no siga una conversación como lo haría otro humano, puede reaccionar a varios elementos que la acompañan.

¿Entienden realmente nuestras palabras?

Los perros pueden aprender asociaciones entre palabras y objetos, acciones o acontecimientos.

Los perros pueden aprender asociaciones entre palabras y objetos, acciones o acontecimientos.

“Paseo”, “comida” o el nombre de un juguete pueden adquirir significado mediante la experiencia. Algunos animales muestran capacidades especialmente llamativas para aprender nombres. Pero comprender determinadas palabras no equivale a interpretar todas las frases con la estructura y el significado que comprende una persona.

En una conversación cotidiana intervienen además otros elementos. El tono, los movimientos, la mirada y el contexto pueden proporcionar al animal información adicional.

Una pregunta como “¿querés salir a pasear?” contiene una oración completa para el humano, pero el perro puede responder a una combinación de palabras familiares, entonación, gestos y rutinas aprendidas.