Susan Bivins creyó que estaba siguiendo las indicaciones de un agente del gobierno de Estados Unidos. En realidad, detrás de las instrucciones había un estafador que consiguió convencer a la enfermera jubilada de vaciar cuentas de retiro y entregarle más de 200.000 dólares.

Cuando descubrió el engaño, el dinero ya había desaparecido. Bivins aseguró que denunció lo ocurrido ante la policía local y el FBI, pero no consiguió recuperar sus ahorros. Después apareció un problema que no esperaba: el Servicio de Impuestos Internos (IRS) le reclamó US$ 80.000 en impuestos.

La razón estaba en la procedencia del dinero. Para cumplir las exigencias del delincuente, la mujer había retirado fondos de cuentas de jubilación con impuestos diferidos. Aunque posteriormente perdió ese dinero en la estafa, los retiros generaron obligaciones fiscales.

Sin recursos suficientes para afrontar las consecuencias, Bivins terminó vendiendo su casa y se mudó a un departamento de un dormitorio. Todavía continúa pagando su deuda tributaria y obtiene ingresos adicionales vendiendo colchas hechas a mano.

Cómo fue la estafa que le hizo perder más de US$200.000

El delincuente se presentó ante Bivins como un agente federal y logró convencerla de que debía retirar el dinero acumulado en sus cuentas de jubilación.

Una bandera ondea frente al edificio del Servicio de Impuestos Internos (IRS). REUTERS/Kent Nishimura

Las llamadas de personas que se hacen pasar por funcionarios constituyen una modalidad conocida de fraude en Estados Unidos. Los estafadores pueden utilizar información personal de la víctima, números telefónicos falsificados y amenazas o argumentos de urgencia para conseguir que transfiera dinero.

En el caso de Bivins, el resultado fue la pérdida de más de US$200.000.

Después de comprender que había sido engañada, la jubilada dijo que acudió tanto a las autoridades locales como al FBI en busca de ayuda. El FBI señaló, ante consultas de Associated Press, que considera prioritarios los fraudes y las estafas, aunque explicó que no comenta casos individuales para proteger la privacidad de las víctimas.

La recuperación del dinero perdido en este tipo de delitos es poco frecuente, especialmente cuando los fondos son enviados rápidamente a través de múltiples cuentas, criptomonedas u otros mecanismos difíciles de rastrear.

Por qué el IRS le reclamó US$80.000 después de la estafa

El segundo golpe económico llegó cuando Bivins recibió su factura fiscal.

El IRS determinó que debía US$80.000 por los fondos retirados de sus cuentas de jubilación. El problema es que determinadas cuentas permiten postergar el pago de impuestos mientras el dinero permanece depositado, pero los retiros posteriormente pasan a formar parte de los ingresos sujetos a tributación.

Que esos fondos hayan terminado en manos de un estafador no elimina automáticamente la obligación fiscal generada por el retiro.

IRS operativos a domicilio Imagen de IRS

La situación de víctimas como Bivins también está relacionada con un cambio en la legislación tributaria estadounidense.

Antes de 2018, algunas personas podían deducir determinadas pérdidas personales ocasionadas por robos o fraudes. La Tax Cuts and Jobs Act de 2017 suspendió muchas de esas deducciones y la restricción fue posteriormente convertida en permanente en 2025.

Como resultado, algunas víctimas pueden encontrarse en una situación paradójica: pierden sus ahorros por una estafa y posteriormente deben pagar impuestos por el dinero que retiraron antes de entregarlo al delincuente.

Una propuesta busca dar alivio fiscal a las víctimas

El problema llevó a legisladores estadounidenses a impulsar el Tax Relief for Fraud Victims Act, un proyecto que busca recuperar beneficios tributarios para determinadas personas que sufrieron pérdidas por fraudes.

Kathy Stokes, responsable de prevención de fraudes de AARP, pidió al Congreso que intervenga para ayudar a quienes quedan con obligaciones fiscales después de ser estafados.

El IRS es el Servicio de Impuestos Internos de Estados Unidos imagen corporativa

Según explicó, existen víctimas que terminan con facturas que no pueden pagar después de haber perdido previamente sus ahorros.

El caso ocurre además en un momento de fuerte crecimiento de los fraudes en Estados Unidos. Los consumidores reportaron casi US$16.000 millones en pérdidas durante 2025, aunque investigadores consideran que el costo real puede ser considerablemente superior porque numerosos casos nunca son denunciados.

La tecnología también modificó la escala y sofisticación de estas operaciones. Herramientas de inteligencia artificial, criptomonedas, llamadas con identificadores falsificados y técnicas de ingeniería social permiten a los delincuentes construir engaños cada vez más convincentes.

Para Bivins, las consecuencias continúan mucho después de haber descubierto la estafa. Perdió más de US$200.000, vendió su vivienda y todavía paga parte de los US$80.000 reclamados por el IRS, un ejemplo de cómo el impacto financiero de estos delitos puede extenderse incluso después de que desaparece el dinero.