No es que no haya un marco regulatorio a la hora de construir edificios en Venezuela, un país sentado entre múltiples fallas y a caballo entre dos placas: la Sudamericana y del Caribe. Las normas existen, pero no se aplican. Los terremotos aquí no son tan frecuentes en comparación con otras partes de América Latina. Sin embargo, según la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas, más del 80% de la población vive en zonas de alta amenaza sísmica. Y lo hace precariamente, desde el punto de vista sismológico. Una combinación letal cuando la tierra se sacude. Eso ocurrió el miércoles.
La amenaza sísmica combinada con la precariedad en la construcción fueron el cóctel perfecto para el desastre del miércoles, cuando dos terremotos consecutivos golpearon el país, dejándolo ciudades en ruinas.
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Así comenzó el terremoto que dejó decenas de muertos en Venezuela
El 29 de julio de 1967, un terremoto de magnitud 6,5 sacudió Caracas, dejando 236 muertos, 2.000 heridos y daños en más de 10.000 edificios. Este sismo, uno de los más destructivos en la historia moderna de Venezuela, expuso la vulnerabilidad de la infraestructura de la ciudad, construida en su mayoría sin normas antisísmicas.
El terremoto del 67 llevó a la creación de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas en 1972, pero la falta de aplicación rigurosa de códigos de construcción sismorresistentes persiste hasta hoy.
Un residente entre los escombros de un edificio derrumbado en La Guaira. Foto: EFE
Venezuela posee normas técnicas robustas, como la COVENIN 1756 (Edificaciones Sismorresistentes), la cual ha sido actualizada a lo largo de los años para incorporar lecciones aprendidas de eventos históricos, como el terremoto de 1967.
Las normas suelen seguirse a nivel de proyecto. El problema está en la ejecución y el mantenimiento. Existe una alta proliferación de construcción informal que no sigue estos estándares, así como un deterioro severo de la infraestructura existente debido a la falta de mantenimiento prolongado en el tiempo en un país que aún lucha por salir de una depresión que duró una década.
Esta crisis, dueña del chavismo, arrasó con la mayor parte de la producción económica y provocó que millones de personas huyeran del país. Sus servicios de rescate se han debilitado, la infraestructura se ha deteriorado y la inflación ha alcanzado niveles récord, lo que agrava los desafíos de la recuperación.
Vecinos observan los destrozos causados en uno de los edificios en Catia La Mar. Foto: EFE
Muchas empresas extranjeras habían señalado tras la caída de Nicolas Maduro en enero el mal estado de la infraestructura del país como un obstáculo para la inversión, un problema que se verá agravado por los terremotos.
Muchas edificaciones presentan deficiencias estructurales, uso de materiales inadecuados o modificaciones posteriores no autorizadas que comprometen su integridad.
Según Funvisis, existe un riesgo latente en elementos no estructurales (ventanas, gabinetes, aires acondicionados, fachadas) que, al no estar correctamente anclados, pueden desprenderse y causar lesiones mortales, incluso si la estructura principal del edificio resiste el sismo
Otro ingrediente para el desastre anunciado del miércoles es que la construcción apresurada en zonas de alta densidad poblacional, sumada a la amplificación de las ondas sísmicas en ciertos tipos de sedimentos locales, agrava el riesgo de colapso.
Con información de COVENIN y Funvisis
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