Podrían haber elegido un camarín. O un café cualquiera. Pero no. Alejandra Radano y Alejandra Perlusky prefirieron reunirse con Clarín en el Centro Cultural Borges, un espacio rodeado de arte. Ese mismo arte que les atraviesa la vida desde hace décadas y que, todavía hoy, las sigue encontrando en el mismo camino.
Ni siquiera la ropa quedó librada al azar. Antes de la nota, se encargaron de coordinar sus vestuarios, como si el encuentro también formara parte de una función. La imagen sirve como carta de presentación de una amistad que lleva más de dos décadas y que, lejos de la competencia que suele asociarse al ambiente artístico, encontró en la admiración mutua una forma de crecer.
Las interrupciones son constantes. Una completa las ideas de la otra, las risas aparecen antes de que terminen las frases y los recuerdos se mezclan hasta el punto de que cuesta identificar a quién pertenece cada anécdota. No hay competencia por quedarse con la palabra. Todo lo contrario. Hay una complicidad que convierte la entrevista en una conversación entre amigas a la que, por un rato, Clarín consigue colarse.
La coincidencia tampoco termina en la amistad. Hoy, Radano protagoniza Hairspray y Perlusky integra el elenco de Billy Elliot. Son dos musicales distintos, ambientados en contextos completamente diferentes, pero atravesados por un mismo tema: la lucha contra los prejuicios y la defensa de quienes buscan ser ellos mismos en un mundo que intenta decirles cómo tienen que vivir. Y, curiosamente, las dos interpretan personajes con rasgos similares: mujeres fuertes, severas, complejas, que esconden mucho más de lo que muestran.
Alejandra Radano y Alejandra Perlusky, en perfecta combinación para ser retratadas. Foto: Emmanuel Fernández.
Una batalla de elogios
La primera sorpresa llega incluso antes de empezar formalmente la entrevista. Al enterarse -de boca de la cronista- que ambas están nominadas en la misma categoría de los Premios Pinti, que se entregan este lunes 27 de julio. Perlusky rompe el hielo con una sonrisa. "¿Ah, sí? No lo sabía. Voy a ganar", dice.
La frase dura apenas unos segundos antes de convertirse en un chiste compartido. "Seguramente vas a ganar", le responde Radano, completamente seria. Perlusky intenta restarle importancia, pero su amiga insiste. No habla por compromiso. Habla desde la admiración.
"Lo digo más allá de que sos mi amiga. Me parece que en tu caso se encontró un personaje con una persona. Hay algo muy íntimo entre vos y ese papel", le comenta.
Lo que podría haber sido una competencia se transforma, en cuestión de segundos, en una especie de duelo donde cada una intenta convencer a la otra de que merece quedarse con el premio. Durante toda la charla se repetirá el mismo mecanismo. Ninguna busca sobresalir sobre la otra. Si una recibe un elogio, inmediatamente encuentra la manera de devolverlo.
Alejandra Perlusky y Alejandra Radano. Ambas están nominadas en los Premios Pinti. Foto: Emmanuel Fernández.
Perlusky hace memoria y recuerda perfectamente el momento en que conoció a Radano, mucho antes de imaginar que algún día compartirían escenario.
"Yo la fui a ver en la comedia musical Chicago. Me acuerdo de verla salir con un tapado de leopardo y pensar: 'Quiero ir por ahí. Quiero ser como ella'", cuenta. Aquella admiración inicial terminó convirtiéndose, años después, en una amistad que ya lleva dos décadas.
"Hay muchas cosas que nos unen. Encuentros, coincidencias y muchísimas obras juntas", resume Radano. El primer proyecto compartido fue Canciones degeneradas, un espectáculo dirigido por Fabián Lucca que terminó cambiando el vínculo entre ambas.
Alejandra Radano y Alejandra Perlusky, en el Centro Cultural Borges. Actrices y cantantes. Foto: Emmanuel Fernández.
"Fabián decía 'Ale' y nos dábamos vuelta las dos. Entonces ella me bautizó Perla para resolver el problema", recuerda entre risas Perlusky. El apodo no quedó para siempre. Pero sí la amistad, y una curiosa sensación de seguir recorriendo los mismos caminos, aunque en distintos momentos. "Después hice Chicago y Cabaret, que Ale ya había hecho antes. Es como si siempre habitáramos los mismos lugares", dice.
Radano se ríe al escucharla. Hay una diferencia de diez años entre las dos, pero jamás funcionó como una distancia. "Me trataba de usted porque decía que yo era una eminencia", recuerda divertida. "Ahora lo entiendo. Cuando alguien me trata de usted, lo quiero boxear", responde Perlusky, provocando otra carcajada compartida.
Una amistad sin lugar para la competencia
Si hay una persona que ayudó a construir esa relación, coinciden las dos, fue justamente Fabián Lucca. Radano cuenta que, cuando el director le anunció que compartiría escenario con otra actriz de fuerte personalidad en Canciones degeneradas, al principio sintió cierta resistencia. Entonces él le regaló una frase que nunca olvidó.
"Me dijo algo precioso: 'Cuando ponés algo verde al lado de algo rojo, el verde es más verde y el rojo es más rojo'". La metáfora sigue emocionándola más de veinte años después. "El talento del otro no te apaga. Al contrario. Te hace crecer", suma.
Alejandra Radano y Alejandra Perlusky. una amistad que lleva décadas. Foto: Emmanuel Fernández.
Perlusky asiente antes de completar la idea: "Yo siempre sentí que el talento ajeno me inspira. Me empuja a perfeccionarme. Nunca me generó envidia. Si me pasa eso, siento que el problema lo tengo conmigo. Para mí siempre fue un faro".
Quizás esa sea una de las razones por las que su amistad sobrevivió al paso del tiempo y a una profesión donde la competencia suele ocupar demasiado espacio. "Nosotras cultivamos este vínculo con nuestras diferencias, nuestras rispideces y también nuestras sombras, como en cualquier relación. Pero aprendimos de todo eso", reflexiona Radano.
Dos obras con una misma identidad
Incluso sin estar trabajando en el mismo elenco, hoy Perluski y Radano vuelven a verse como dos caras de la misma moneda. Actualmente las dos interpretan personajes que, aunque pertenecen a historias muy diferentes, funcionan como motores de un mismo debate.
"Es curioso que estemos haciendo dos roles que no son el mismo, pero sí el mismo tipo de rol. Y también dos obras que hablan de la integración y de la intolerancia. Me parece interesante tender ese puente", observa Radano.
No hace falta esforzarse demasiado para encontrar los puntos en común. En Billy Elliot, la señorita Wilkinson acompaña a un chico que intenta romper con los mandatos de una comunidad minera donde un varón que baila resulta casi una provocación. En Hairspray, Velma Von Tussle representa a una sociedad que excluye a quienes no encajan en un ideal de belleza ni en un modelo de convivencia atravesado por el racismo y la discriminación.
Alejandra Radano junto a Damián Betular en la piel de los personajes que interpretan en "Hairspray". Foto: Prensa.
"Son materiales extranjeros, pero hablan de cosas profundamente humanas", resume Radano. "En Buenos Aires no hay mineros y nuestra realidad racial tampoco es la misma que la de Estados Unidos. Sin embargo, uno toma las características principales de esas historias, que son la integración, el racismo, la intolerancia, y las vuelve propias", explica.
Perlusky coincide enseguida. Para ella, el conflicto central de Billy Elliot sigue completamente vigente porque trasciende la danza. "Billy es un chico queriendo ser él mismo. En la obra eso ocurre a través del baile, pero podría ser cualquier otro sueño. Lo importante es salir de ese lugar de opresión, de los prejuicios, de los mandatos familiares. Cambian los contextos históricos, pero esas discusiones siguen existiendo".
La conversación inevitablemente deriva hacia el presente. En un momento donde vuelven a instalarse discursos conservadores y las redes sociales parecen imponer modelos físicos cada vez más inalcanzables. Ambas sienten que sus personajes dialogan directamente con la actualidad.
"Todo es cada vez más irreal. Parece que hubiera un único tipo de cuerpo posible. Pero salís a la calle y el paisaje humano es completamente distinto. Lo que muestran las redes sociales no representa la realidad", reflexiona Radano.
En ese sentido, Hairspray adquiere una dimensión inesperadamente contemporánea. La historia de Tracy Turnblad, una adolescente discriminada por su cuerpo que desafía los estereotipos de belleza, vuelve a resonar en una época atravesada por filtros digitales, tratamientos estéticos y estándares imposibles.
Alejandra Perluski en escena en "Billy Elliot", en el Teatro Opera On. Foto: Prensa.
"Habla de una sociedad que pretende decir cómo tienen que ser los cuerpos y quiénes merecen ocupar determinados lugares", explica Radano.
Sin embargo, ninguna de las dos cree que esos temas deban abordarse desde la solemnidad. Al contrario. Defienden la capacidad que tiene el teatro musical para envolver conflictos muy duros en historias luminosas.
"A mí me encanta una frase de John Waters -dice Radano, en referencia al director de la película original de Hairspray- 'Esta es una obra que habla de cosas feas de manera linda'. Me parece brillante".
Perlusky escucha la frase por primera vez y sonríe. "Es exactamente eso. El teatro tiene música, luces, humor, poesía... Todo parece estar envuelto en algo muy bello. Pero cuando rascás un poquito aparecen historias durísimas", agrega.
Un género que dejó de pedir permiso
La conversación cambia de rumbo cuando aparece el presente del teatro musical argentino. Las dos hablan con entusiasmo de una escena que, después de muchos años, encontró una identidad propia y dejó de ser considerada un género menor.
"A mí me encanta lo que está pasando. Hay muchísima oferta y de una calidad impresionante. Tanto en el circuito comercial como en el independiente", detalla Radano.
Alejandra Radano y Alejandra Perlusky están en obras que hablan de inclusión, diversidad e intolerancia. Foto: Emmanuel Fernández.
Pero hay un fenómeno que las entusiasma todavía más: la aparición de una nueva generación de artistas formados integralmente en actuación, danza y canto.
En Hairspray, cuenta Radano, la enorme mayoría del elenco atraviesa su primera experiencia profesional. "Es impresionante el nivel que tienen. Hay que darle muchísimo crédito a Fer Dente, porque supo encontrar y organizar ese capital humano."
Perlusky vive una sensación similar cada noche cuando comparte escenario con los chicos de Billy Elliot, que entrenaron durante un año antes del estreno en la Fundación Julio Bocca. "Los miro y me emociono. Yo a esa edad no hacía nada parecido. Son realmente increíbles".
Alejandra Radano y Alejandra Perlusky, dos actrices que se lucen en la comedia musical. Foto: Emmanuel Fernández.
El café ya se terminó. También la entrevista. Las dos Alejandras se levantan casi al mismo tiempo y vuelven a perderse entre las salas del Borges, rodeadas de arte.
La imagen remite inevitablemente a aquella metáfora que un director les regaló hace más de veinte años: cuando un color intenso se coloca al lado de otro igual de fuerte, ninguno se apaga. Al contrario. Los dos juntas, una al lado de la otra, brillan todavía más.
Agradecimientos: Vestuario por Museii y calzados por Sylvie Geronimi.
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