Sufrimiento y alegría. En esos dos extremos emocionales transcurrió el partido Argentina-Egipto, que aseguró la clasificación de la Selección a los cuartos de final. Son también los dos sentimientos que, desde hace más de un siglo, hermanan al fútbol con el tango. Ambos construyen una sensibilidad donde el dolor no es un accidente, sino una parte constitutiva de la experiencia colectiva.
El tango y el fútbol comparten una misma pedagogía de la derrota. En el tango, el protagonista suele recordar un amor perdido, un barrio desaparecido o una juventud irrecuperable. En el fútbol argentino, el hincha aprende desde temprano que la mayor parte del tiempo perderá más de lo que ganará. Ambos universos convierten la pérdida en relato y la frustración en identidad.
El fútbol inspiró al tango desde hace mucho tiempo. Gran parte de los tangos futboleros más recordados no celebren victorias sino ilusiones (El sueño del pibe), fracasos (Del potrero), nostalgias (¿Sabés, Buenos Aires?, Tiempo de tranvías) o la pasión sufriente del hincha (Desde el tablón).
En los años veinte, el fútbol aparecía en el tango casi siempre en clave humorística (Patadura). River Plate, Independiente y San Lorenzo de Almagro inspiraron tangos en las primeras décadas del siglo XX.
Pero Gol argentino escrito alrededor de 1942, con letra y música de Héctor Marcó (Héctor Domingo Marcolongo), exalta la épica del fútbol. Mucho antes de que existieran las canciones oficiales de los Mundiales, proponía un verdadero himno futbolístico nacional.
Marcó fue cantor, compositor, actor y autor de numerosas obras populares. Nació en Boedo, conoció a Carlos Gardel en los estudios de Radio Prieto, donde intentó dejarle un tango que el Zorzal nunca llegó a grabar porque estaba a punto de viajar a Francia. Años después, mientras componía la música de la película El camino de las llamas (1942), conoció a un joven guitarrista llamado Edmundo Rivero.
Edmundo Rivero grabó "Gol argentino" en 1963. La volvería a grabar en 1978, para el Mundial que se jugó en nuestro país.
Sería Rivero quien, años más tarde, terminaría convirtiendo Gol argentino en su versión más recordada. Primero la interpretó en la película Pelota de cuero (Historia de una pasión), de1963, inspirada, entre otras historias, en el drama de Abdón Porte, el jugador de Nacional que se quitó la vida en el estadio Gran Parque Central. Quince años después la volvería a grabar con motivo del Mundial de 1978.
Gol argentino
El tango comienza como un recitado de Edmundo Rivero:
“Por mi casaca blanca y celeste, Copa del Mundo (…) dejo este tango para le recuerdo como un golazo del corazón”.
La letra reproduce el ritmo de una transmisión deportiva: el silbato inicial, el avance de la jugada, el centro, la gambeta, el remate y, finalmente, el grito de "¡Gol!", que Rivero entona con pasión. Es uno de los pocos tangos que intenta recrear la dinámica del juego, no solo hablar del fútbol.
“Ya suena el silbato, ya el arco enemigo/ de miedo en sus redes parece temblar./ La esférica danza su loca pirueta,/ la hinchada delira caldeándose al sol./ Y a músculo y nervio sedientos de meta/ van cinco saetas en busca del gol./ De pronto un pase del eje medio,/ un wing se corta centrando al field./ La toma un ágil, driblea un hombre,/ ya las tribunas están de pie./ Empieza el vino, gran remolino,/ pase y gambeta, suena un tapón./ ¡Goool!/ Gol en el aire, gol argentino".
A diferencia de El sueño del pibe o Pelota de cuero, aquí no hay un protagonista individual. El héroe es el equipo nacional: "los once leones del cuadro argentino ya están en la cancha midiendo al rival”. El tango privilegia la identidad colectiva por sobre la figura del crack.
No fue casual. Ese cambio refleja una transformación más profunda del fútbol argentino. Los historiadores Adriana Novoa y Robert Koch sostienen que durante la década de 1930 el fútbol dejó de ser un deporte importado por los británicos para convertirse en una expresión de identidad nacional. La gira de Boca Juniors por Europa en 1925, la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam y el subcampeonato del primer Mundial convencieron a los argentinos de que existía una manera propia de jugar: la nuestra. Un estilo basado en la improvisación, la creatividad, el potrero y el rechazo de un fútbol excesivamente mecánico.
Enrique Santos Discépolo en "El hincha", un clásico del cine argentino que expresa muy bien el sufrimiento por el fútbol.
Mientras el fútbol descubría al pibe, el tango consolidaba al barrio, al compadrito y la nostalgia como símbolos nacionales. En ambos casos la autenticidad nacía en los márgenes de la ciudad -el conventillo, el baldío, la esquina- para convertirse luego en emblema.
Gol argentino expresa precisamente ese momento. El gol deja de pertenecer a un club para transformarse en un símbolo del país. El tango ya no canta solamente al jugador; canta a una comunidad que comienza a reconocerse en una misma camiseta.
El rescate de Ricardo Iorio
Con el tiempo la obra quedó eclipsada por otros tangos futboleros más populares. Sin embargo, sigue siendo una pieza clave para entender cuándo el tango descubrió que el fútbol también podía ser un asunto nacional.
Ricardo Iorio rescató "Gol argentino" en 2014, en su disco "Tangos y milongas".
Por eso no sorprendió que Ricardo Iorio lo rescatara en Tangos y milongas (2014). Setenta años después, ese grito de "¡Gol!" seguía diciendo lo mismo: que en la Argentina el fútbol puede ser épica, identidad y también canción.
Tanto en el tango como en el fútbol, la alegría siempre parece llegar después del sufrimiento. Tal vez por eso el hincha argentino celebra cada gol con una intensidad difícil de explicar: porque sabe que detrás de ese instante hay una larga historia de derrotas y desilusiones.
No hay épica futbolística sin hinchas. Como dice Discépolo en el monólogo final de la película El hincha (1951), escrito por él mismo, una defensa apasionada y poética del fanático del fútbol que resalta el valor de la pasión pura frente a los intereses comerciales:
"¿Qué sería del fútbol sin el hincha? ¡Una bolsa vacía! El hincha es el alma de los colores. Ese que no se ve, ese que da todo sin esperar nada, ese es el hincha... ¡"Ese soy yo!".
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