Para el elenco de La obra, que es el nombre de la obra (valga la redundancia) que acaba de estrenarse en el teatro Alvear, su autor y director, Mariano Pensotti, eligió, entre otros, a un actor sirio que casi no habla español. El espectáculo propone desde el texto a un personaje de Medio Oriente: el autor lo imaginó y cuando estaba armando el elenco apareció Rami Fadel Khalaf, dispuesto a sumarse a la propuesta y enriquecer al personaje con el peso de su propia historia.
Pensotti -mientras se encontraba de gira con Los años- vio una obra de la que Rami formaba parte, The Empire, de Milo Rau. Unos años más tarde, lo contactó para sumarse a La obra. “Ambos nos alegramos de poder trabajar juntos. Mariano es un director con muchísimo talento. Tiene una gran capacidad para convertir historias en imágenes y hacer que los personajes se sientan vivos, de carne y hueso. Eso es lo que lo diferencia de los demás”, halaga el sirio a Pensotti.
La anécdota es muestra de una forma de hacer teatro que caracteriza a Mariano Pensotti. La originalidad, la creatividad, la fusión y el riesgo. “Es una obra compleja, con un montaje complicado. Y la particularidad de contar con cinco actores argentinos, uno sirio y un músico”, resume el director. La obra La obra se estrenó hace tres años en el Festival de Viena y luego de girar por distintos festivales, llegó a la Argentina, lugar en el que se gestó.
Diverso. Así es Pensotti. Porque prolífico o múltiple no alcanza. Podría ser versátil. Pero la amplitud de registro en sus producciones excede cualquier definición. Escribió y dirige Sottovoce en la avenida Corrientes. Fue el director de escena de Dementia, en el teatro Colón. Y acaba de estrenar La obra en el circuito oficial. En agosto, volverá a presentar Una sombra voraz en un teatro independiente.
Lejos de los prejuicios, su abanico creativo se despliega libre. Pero al mismo tiempo, toda su producción se ve atravesada por el grupo Marea, compañía multidisciplinaria que fundó hace 21 años junto a la escenógrafa Mariana Tirantte y que también integran el músico Diego Vainer y la productora Florencia Wasser.
“Si bien yo soy el que las escribe y las dirige, todas nuestras obras son un poco una creación colectiva. Primero les paso una sinopsis y a partir de ahí empieza un largo proceso de laburo de mesa, que puede durar meses. Y entonces me pongo a escribir el texto; en paralelo, Mariana empieza a desarrollar la escenografía y Diego compone la música. Eso genera un ensamble de todos los elementos que los valora de una forma más democrática; no nos interesa que el texto vaya por delante o la escenografía, sino que todo tenga un valor parecido. Mariana no concibe la escenografía como un decorado, sino como máquinas para contar historias”, explica.
Mariano Pensotti trabaja con el grupo Marea, que creó hace 21 años junto a la escenógrafa Mariana Tirantte. Foto: Emmanuel Fernández
La ley del deseo
Nació en Buenos Aires, en 1973. Es papá de una niña de 8 años y una adolescente de 16, que se criaron entre bambalinas. Es uno de los directores y dramaturgos más destacados del teatro argentino contemporáneo. Junto a su equipo, en 2005 estrenaron La marea, que dio nombre al grupo y marcó el inicio de un recorrido que ya lleva más de dos décadas en distintos escenarios del mundo. “Somos un grupo que hace obras, básicamente porque queremos hacerlas”, sentencia. Los mueve el deseo.
Después del Festival de Viena, La obra siguió su vida propia y se presentó en festivales en Atenas, Milán, Berlín, Lituania, España y ahora, aterrizó en la Argentina. A pesar de pasear por geografías tan lejanas, su autor asegura que se trata de “una obra muy local”.
Es la historia de Simón Frank, un polaco, sobreviviente del Holocausto, que después de la guerra viene a la Argentina y se instala en un imaginario pueblito de la provincia de Buenos Aires, Coronel Sívori, donde empieza a construir algo extraño en el campo donde vive, que nadie comprende al comienzo. Se trata de la escenografía en la que hace una obra de teatro que representa su propia historia antes de la guerra, como un modo de recuperar la vida que fue perdiendo a lo largo del tiempo.
“En ese sentido es una obra que tiene que ver con nuestra identidad, con algo de la historia argentina, cómo acá siguen viviendo capas de violencia política presentes bajo la superficie”, dice. “Rami Fadel Khalaf interpreta a un director de teatro del Líbano que viene a la Argentina a hacer una investigación sobre esta obra de teatro”, cuenta el director.
Es decir que hay varias historias que se cruzan. El personaje que viene de Medio Oriente es “una especie de alter ego mío, pero extranjero, porque el personaje viene a dirigir una obra, que pretende ser una obra sobre la obra; como si se tratara de un juego de mamushkas”, dice Pensotti.
“Viene de un contexto de violencia política reciente y su propia biografía está marcada por eso; entonces, investigar esta historia le remueve cosas de su pasado personal”, explica. Suena complejo y lo es. Todo está presentado en escena como si fuera un falso teatro documental; como si fuera verdad, aunque es completamente ficcional.
Mariano Pensotti tiene un pasado de vendedor ambulante antes de dedicarse al teatro. Foto: Emmanuel Fernández
Este juego entre la realidad y la ficción produce efectos. En la representación de este espectáculo en el extranjero se produjo una reacción que seguramente acá no sucederá. El público, al no conocer a los actores, creyó en el planteo de veracidad. “Todo el mundo pensaba que lo que veía era cierto. Hasta que empezaban a googlear Coronel Sívori y Simón Frank, y no los encontraban. Veíamos al público sacar el celular al final de la función para buscar”, repasa Mariano.
“Veremos qué pasa acá, donde el público ya conoce a los actores”, agrega. El elenco está integrado por Alejandra Flechner, Susana Pampín, Diego Velázquez, Horacio Roca, Pablo Seijo y el actor sirio Rami Fadel Khalaf.
Las buenas razones del teatro oficial
Es la primera vez que Mariano estrena un espectáculo en el teatro Alvear; pero sí lo hizo en otras salas del Complejo Teatral de Buenos Aires, como el teatro Sarmiento o la sala Martín Coronado del San Martín. “Lo interesante del público de un teatro oficial es que es heterogéneo, muy abierto, está entrenado en ver obras de teatro que son un desafío, que no están pensadas como un entretenimiento, sino como experiencia para que te pase algo: te conmueva, te haga pensar. Son obras demandantes y creo que esa es la misión del teatro público: no subestimar al público. Y es fundamental que las entradas sean accesibles”, expresa.
"Sottovoce". La obra de teatro dirigida por Mariano Pensotti sigue en El Nacional. Con Adrián Suar, Lorena Vega, Carla Peterson y Fernán Mirás.
A Pensotti no le queda circuito teatral por recorrer. En la calle Corrientes, primero fue Felicidades. Ahora es Sottovoce. Fue convocado las dos veces por Adrián Suar para escribir las últimas dos obras de teatro protagonizadas por el famoso actor y productor.
Felicidades fue llevada al cine -con dirección de Alex de la Iglesia- y se estrenará la versión filmada en Netflix a fin de año. Sottovoce se presenta actualmente en el teatro El Nacional, con Suar, Fernán Mirás, Carla Peterson y Lorena Vega; aunque es una producción de Suar y de Preludio, en la escenografía y la música participan integrantes del grupo Marea. “Es una experiencia muy distinta a las obras del grupo, pero hay ciertos elementos que aparecen, por ejemplo que la escenografía sea casi un personaje más, con una oficina donde llueve adentro”, dice.
Con Adrián Suar se conocen hace bastante tiempo. “Venimos de mundos muy distintos, pero siempre nos llevamos bien. Me llamó en algún momento para escribir guiones para Polka y luego apareció la propuesta de hacer teatro. Y me pareció una oportunidad alucinante. Como política del grupo tenemos la idea de no cerrarnos solamente en una forma de producir obras. Hacemos obras de sala, hicimos otras en la calle, una película que se llamó El público, instalaciones... Cada cosa que hacemos por fuera del formato más tradicional del grupo termina enriqueciéndonos”, resume.
Terminó la escuela secundaria en el Rogelio Yrurtia, especializada en Artes Visuales, “en el glorioso barrio de Mataderos”. Estudió cine y al poco tiempo eligió el teatro. “Una obra de teatro nunca es igual. Si la ves hoy y luego la volvés a ver mañana no va a ser igual. La materialidad específica de lo teatral genera algo que sólo queda en la memoria, y en ese sentido es muy parecido a la experiencia humana. Eso me sigue pareciendo extraordinario”, reflexiona.
Rami Fadel Khalaf, el actor sirio que es uno de los protagonistas de "La obra", de Mariano Pensotti.
Lo que el público ve se convierte en relato. Y se vuelve ficción. “El público que tenemos en la Argentina no lo he visto en ninguna otra parte de mundo. Un público capaz de ir un lunes a las nueve de la noche a ver una obra rarísima en la loma del... Por eso me enoja tanto cuando se desprotege a la cultura, cuando se trata de matar el fragilísimo ecosistema del teatro, cuando no se apoya el teatro independiente”, reflexiona.
A los 19 años, Pensotti se fue a vivir solo. Y su primer trabajo fue vendedor ambulante en los colectivos. “Siempre tuve una relación muy buena con mis viejos. Crecí en un ambiente de mucha libertad y acompañamiento. Y creo que por esa libertad que me dieron, tuve siendo muy joven el deseo de experimentar la vida; por eso nunca hice muchos estudios formales. El primer lugar en el que viví fue un monoambiente en Tucumán y Callao, con una novia”, recuerda. Le fascinaba estar tan cerca de las librerías y los teatros.
“Era un contexto muy parecido al actual, el de los ‘90. Había una precarización laboral espantosa y la opción que tuve fue de vendedor ambulante. Estuve un año haciendo eso”, cuenta. “No quiero romantizarlo, porque tiene un aspecto muy duro. Pero tenía una cosa muy teatral, hablar frente a un público, vender algo, convencer a la gente... Me curtió para lo que hice después”, dice.
Este año estrenó Dementia, una ópera con música de Oscar Strasnoy y libro de Ariana Harwicz, en el teatro Colón. Publicó un libro con sus últimas obras. Tiene en cartel espectáculos de su autoría en distintos circuitos teatrales. Una sombra voraz se volverá a presentar en Dumont 4040. Y todo indica que La obra -en el Alvear por cinco semanas, nada más - viajaría a los EE.UU. el año próximo. Se presentaría en el Lincoln Center de Nueva York, si logra resolverse una cuestión: a Rami, sirio, no le están concediendo la visa. “Estamos cruzando los dedos y prendiendo velas para que se la den.” Que así sea.
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