El 7 de septiembre de 1996, cuando atravesaba el momento de mayor popularidad de su carrera, Gilda murió en un accidente de tránsito en Entre Ríos. Tenía 34 años. El micro en el que viajaba hacia Chajarí, donde debía presentarse esa noche, chocó contra un camión en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12. También murieron su hija Mariel, de 10 años; su madre, Tita; tres músicos de su banda y el chofer del ómnibus.

Su muerte fue inesperada y llegó cuando Gilda todavía tenía mucho por delante. Pero lo que ocurrió con la cantante tropical después de aquel accidente es, en muchos sentidos, todavía más extraordinario que su carrera de apenas cuatro años (desde su primer álbum De corazón a corazón).

Sus canciones continuaron creciendo, aparecieron nuevos discos, otros artistas grabaron sus temas, su historia llegó al teatro, al cine y a la televisión, se escribieron libros sobre ella y el lugar de la tragedia se transformó en un santuario visitado cada año por miles de personas para dejarle flores, velas, fotos y pedidos.

De Miriam Bianchi a Gilda

Antes de convertirse en una de las voces más reconocibles de la música tropical, Miriam Alejandra Bianchi había tenido una vida alejada de los escenarios. Nacida el 11 de octubre de 1961, se crió en Villa Devoto, comenzó los estudios para ser maestra jardinera y también cursó el profesorado de Educación Física.

Gilda tenía 34 años y cuatro años de carrera cuando murió. Foto: Clarín

En 1977, tras la muerte de su padre, tuvo que interrumpir sus estudios para hacerse cargo de su familia. Años después, ya adulta, casada y madre de dos hijos, decidió probar suerte en la música después de responder a un aviso clasificado que buscaba vocalistas. Así empezó su faceta como cantante.

El nombre artístico surgió como un homenaje al personaje interpretado por Rita Hayworth en la película Gilda. Miriam Bianchi pasó a ser Gilda y comenzó a hacerse un lugar en una escena tropical en la que ya estaban pisando fuerte Lía Crucet, Gladys “La Bomba Tucumana” y Las Primas.

A diferencia de otras cantantes del género, asociadas a una imagen más sensual y a la estética de la bailanta de los 90, Gilda se mostró morocha, delgada y con una imagen menos sexualizada. Además, escribía sus propias canciones sobre el amor y el desengaño desde una mirada femenina, con la que muchas de sus seguidoras se sintieron identificadas.

Gilda fue maestra jardinera antes de convertirse en cantante tropical. Foto: archivo Clarín

Entre 1992 y 1996 publicó seis álbumes de estudio, entre ellos De corazón a corazón, La única, Pasito a pasito con... Gilda, Corazón valiente y Si hay alguien en tu vida. De allí salieron hits que hasta el día de hoy levantan cualquier fiesta: No me arrepiento de este amor (sin dudas, su mayor hit), Fuiste, Paisaje, Corazón valiente y No es mi despedida.

Para cuando murió, su nombre ya era conocido en la movida tropical. Y venía avanzando también por fuera de ese mundo. Lo que nadie podía imaginar era la dimensión que alcanzaría después.

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A 30 años de la muerte de Gilda: hablan los sobrevivientes del accidente

La segunda vida de sus canciones

Apenas seis meses después de su trágica muerte, llegó Entre el cielo y la tierra, el primer disco póstumo, cuyo éxito comercial llegó a superar en ventas a discos que también fueron grandes fenómenos de 1997, como Alta suciedad, de Andrés Calamaro, y Blood on the Dance Floor, de Michael Jackson.

Después vendrían recopilaciones, grandes éxitos, remixes y nuevas ediciones de sus canciones. Desde su muerte se publicaron alrededor de una treintena de discos y compilados vinculados con su obra.

Gilda actuaba y grababa acompañada por su propia orquesta tropical, dirigida y coescrita en gran parte por su pareja y tecladista Toti Giménez. Foto: Archivo Clarín

Pero la verdadera prueba de su permanencia apareció en las voces de otros artistas y así sus canciones llegaron a públicos que quizás nunca habían escuchado sus discos originales.

No me arrepiento de este amor dejó de ser solamente una canción de cumbia cuando Attaque 77 la llevó al terreno del rock. Vicentico hizo su propia versión de Paisaje, Los Enanitos Verdes grabaron Tu cárcel y Pablo Krantz llevó Corazón valiente al francés. También hubo versiones de Los Charros, Leo García, Natalia Oreiro (sin duda, la famosa más fan de la artista), Sharon la Hechicera y otros artistas.

La melodía de esta letra romántica también se metió en las canchas al ser usada por las hinchadas de River, Racing, Rosario Central y Quilmes que la adaptaron para sus propios cantos. Y en 2026 el músico Palmito la convirtió en La cuarta estrella, el hit de la Selección argentina que sonó en las tribunas del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá y que hasta cantaron en el vestuario los jugadores después del triunfo ante Egipto, en un video que se hizo viral.

Despues de su muerte en 1996, Gilda se convirtió en un ícono popular argentino que incluso ha llegado a ser considerada como una santa popular. Foto: archivo Clarín

De la pantalla grande a una serie que nunca llegó

En 2016, a 20 años de su muerte, la vida de la artista tropical llegó al cine con Gilda, no me arrepiento de este amor, dirigida por Lorena Muñoz y protagonizada por Natalia Oreiro. La película reconstruyó la vida de Miriam Bianchi, desde su infancia y su vida familiar hasta su transformación en cantante y su trágica muerte. Fue un éxito rotundo.

Por otro lado, en 2018 se anunció Yo soy Gilda: amar es un milagro, una serie de 13 episodios protagonizada por Brenda Asnicar, quien ya había sido presentada caracterizada como la cantante. La producción comenzó a avanzar, pero la serie nunca llegó a estrenarse.

Natalia Oreiro interpretando a Gilda en la película "Gilda, no me arrepiento de este amor". Foto: Captura de video

También en libros

Su historia también fue reconstruida en los libros. En 2012, el periodista Alejandro Margulis publicó Gilda, la abanderada de la bailanta, una biografía que recorrió la vida de la cantante.

En 2016, además, su figura formó parte de la colección infantil Antiprincesas, que recuperó su historia para acercarla a otro público y presentó a Gilda desde una perspectiva vinculada con la autonomía, los sueños y la posibilidad de cambiar de rumbo en la vida.

Tres décadas después, Gilda sigue sonando y, sobre todo, sigue siendo cantada. Lamentablemente, no llegó a ver las películas, versiones y homenajes que vendrían después, ni a imaginar que aquella maestra que un día se animó a cantar terminaría convertida en un ícono popular, cuya llama está más viva que nunca.