El ciberbullying puede atravesar la vida cotidiana de niños y adolescentes incluso cuando están dentro de sus casas. Mensajes, comentarios, burlas, perfiles falsos o contenidos que se viralizan pueden mantener el hostigamiento fuera de la escuela y provocar cambios importantes en el ánimo y el comportamiento. La licenciada Marianela Martín, psicóloga (MP 599), explicó cuáles son las señales que pueden advertir a las familias, por qué es fundamental construir un vínculo de confianza y qué pasos deben seguir los adultos cuando detectan una situación de acoso en redes sociales. Qué es el ciberbullying y por qué puede ser difícil identificar al agresor La licenciada explicó que el ciberbullying implica una situación de agresión hacia un niño o adolescente que se desarrolla en espacios virtuales y que generalmente ocurre entre pares. La diferencia con el bullying que sucede en un ámbito físico, como la escuela, es que en internet el agresor puede esconder su identidad. La especialista explicó que las posibilidades que ofrece la virtualidad permiten crear cuentas falsas, utilizar otros nombres o imágenes y continuar el hostigamiento desde perfiles diferentes. “La virtualidad tiene esa ventaja de que yo pueda hacerme un perfil falso con una foto y un nombre que no existen”, indicó. El acoso puede seguir incluso dentro de casa Uno de los aspectos que diferencia especialmente al ciberbullying es que la agresión puede continuar más allá del lugar donde comenzó el conflicto. Los mensajes, publicaciones o videos acompañan al adolescente en su teléfono y pueden llegar a cualquier hora. A eso se suma la posibilidad de que una imagen o video sea compartido repetidamente. “Cuántas veces se viralizó un video, cuántas veces lo compartieron”, ejemplificó. Para quien atraviesa esa situación, explicó, la sensación puede ser la de estar permanentemente expuesto frente a otras personas. Las señales que deben observar las familias El ciberbullying no siempre es contado inmediatamente por quien lo está atravesando. Por eso, la psicóloga remarcó la importancia de estar atentos a cambios repentinos en el comportamiento. Entre las señales que pueden aparecer mencionó: Aislarse o permanecer más tiempo dentro de la habitación. Evitar reuniones con amigos, cumpleaños o encuentros. Cambios en el apetito. Dificultades para dormir o despertares durante la noche. Falta de motivación para asistir a la escuela. Cambios en la relación con amigos. Preguntas reiteradas sobre la imagen corporal o la apariencia. Manifestaciones de tristeza, miedo, vergüenza o angustia. La confianza puede hacer la diferencia Martín planteó que la reacción de los adultos es determinante para que un niño o adolescente se anime a contar lo que está viviendo. “Es importante mirar cuál es el vínculo que yo estoy construyendo con mi hijo, si es un vínculo de confianza en donde, si tiene alguna problemática, me va a pedir ayuda a tiempo”, señaló. En cambio, si el adolescente anticipa que la primera respuesta será un castigo o que automáticamente perderá el celular, puede optar por guardar silencio. “Si yo me equivoco viene el castigo: ‘te quito el celular, no hacés tal cosa’. Quizás eso dificulta la posibilidad de que este niño pueda acercarse y contarme lo que está pasando”, explicó. La especialista también remarcó que los adultos deben ser coherentes respecto del uso de la tecnología. “Si yo a mi hijo le quiero pedir que regule el uso que hace con el celular, yo también tengo que ser ejemplo de la regulación de eso”, sostuvo. Qué hacer ante un caso de ciberbullying Ante una situación de acoso digital, no se deben borrar las pruebas. Es importante conservar mensajes, imágenes, conversaciones, publicaciones y cualquier otro registro que permita documentar lo sucedido. La recomendación es que los adultos busquen orientación y acompañamiento. En Jujuy, una de las vías disponibles es la Línea 102, destinada al asesoramiento y orientación frente a situaciones que involucren derechos de niñas, niños y adolescentes. Además: No eliminar mensajes o contenidos que puedan servir como evidencia. Guardar capturas y registros de las publicaciones. Reportar los perfiles, páginas o contenidos desde las propias plataformas. Utilizar las herramientas de denuncia disponibles en WhatsApp, Instagram, Facebook u otras redes. Acompañar al niño o adolescente durante todo el proceso. El daño del ciberbullying es real Martín hizo especial hincapié en evitar minimizar lo que ocurre por el hecho de que la agresión suceda detrás de una pantalla. El ciberbullying puede generar angustia, miedo, vergüenza, aislamiento y modificaciones en distintos aspectos de la vida cotidiana. Para el adolescente que está siendo hostigado, la experiencia no es menos grave por ocurrir en internet. El impacto emocional puede ser profundo y requiere acompañamiento de los adultos. Por eso, la principal recomendación es escuchar, evitar culpabilizar, preservar las pruebas y pedir orientación a tiempo.