
A las siete de la mañana, Santiago Ferrari no está sobre un trampolín ni tiene una medalla colgada del cuello, a esa hora, el joven deportista jujeño se prepara para ir a trabajar, como tantos otros jóvenes de 22 años de Jujuy. Sale de la oficina...entrena, da clases a chicos más pequeños y cuando cae la noche, llega a su casa y es momento conectarse a la compu para cursar. En algún lugar de esa rutina también encuentra tiempo para ser deportista de alto rendimiento y representar a la Argentina. El lunes 21 de septiembre, todo ese recorrido terminó momentáneamente sobre un podio. El jujeño de 22 años y Tobías Weise ganaron la medalla de plata en trampolín sincronizado masculino de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. Argentina consiguió 45.900 puntos y quedó apenas 0,090 detrás de Colombia, que obtuvo el oro con 45.990. El día de Santiago empieza a las 7 y termina cerca de las 23 “¿Cómo es un día tuyo?”, le preguntaron durante su visita a Arriba Jujuy y la presupuesta fue simple pero sorprendió a muchos, ya que explicó bastante mejor que cualquier podio la dimensión de su presente. Santiago se levanta alrededor de las 7 de la mañana y comienza su jornada laboral. Actualmente trabaja en una empresa y permanece allí hasta aproximadamente las 15. A las 16 empieza el entrenamiento, que se extiende hasta las 18 y, algunas veces, un poco más. Después cambia de rol. De las 18 a las 20 da clases a chicos en el club. Allí, además de competir, también es profesor. Recién cuando termina esa parte de la jornada aparece el estudiante. Estudia Administración Agraria de manera virtual y, si logra cumplir con los tiempos que se propuso, espera recibirse el próximo año. Antes había empezado Ingeniería Agronómica en la UNJu. Llegó a cursar dos años, pero los viajes permanentes para competir hicieron cada vez más difícil sostener una carrera presencial. Encontró entonces una alternativa que podía convivir con el deporte y continuó estudiando a distancia. Trabajo. Entrenamiento. Clases. Estudio. A veces, el día termina cerca de las once de la noche. Y al siguiente vuelve a empezar. “Hay que aprovechar cada momento” Santiago no habla de esa rutina como un sacrificio heroico. La cuenta con naturalidad. Después dejó una de esas frases que ayudan a entender cómo encara los días largos: “Uno descansa cuando ya se va. Entonces hay que aprovechar cada momento y todos los días, hacer todo lo que se pueda, lo que está en uno al máximo, y disfrutar”. No significa que nunca esté cansado. Tampoco que tenga ganas todos los días. Ese quizás sea uno de los aspectos más humanos de su historia. Los días en los que no tiene ganas también existen Hay mañanas en las que levantarse cuesta. Entrenamientos que pesan. Trabajos prácticos que quedaron pendientes porque había que preparar una competencia. Momentos en los que el cuerpo pide parar. Santiago no intenta esconderlos. Cuando aparecen esos días, dice, el sostén está cerca: “Siempre está el apoyo de la familia, de mi novia. Están siempre alentándome en los días que no tengo ganas, que siempre están esos días”, reconoció. Durante los fines de semana intenta devolverle espacio a esa otra parte de su vida. Busca tener “tiempo de calidad” con su familia y con su pareja, lejos de cronómetros, entrenamientos y competencias. Ese acompañamiento viene desde mucho antes de las medallas. Cuando todavía era un chico y apareció la posibilidad de disputar el Mundial de Dinamarca de 2015, su familia hizo un esfuerzo económico enorme para que pudiera viajar. Ferrari ha contado que sus padres llegaron a endeudarse para sostener aquella oportunidad y suele definirlos como sus principales sponsors desde el comienzo de su carrera. En el camino también quedaron cosas comunes para cualquier adolescente: el viaje de egresados, la Cena Blanca y muchas salidas con amigos. Hoy dice que no se arrepiente de haber elegido ese camino. Una medalla construida a cientos de kilómetros de distancia La plata conseguida en Santa Fe tiene otro dato que vuelve todavía más particular el resultado. Weise es de Trelew y actualmente entrena en Buenos Aires. Ferrari continúa preparando su carrera deportiva desde Jujuy. Para una disciplina en la que dos personas deben despegar, girar y volver prácticamente al mismo tiempo, la distancia no parece precisamente una ventaja. Antes del torneo definieron una serie y comenzaron a comparar tiempos y alturas: “Tenemos los tiempos de altura más o menos iguales. Entonces, en los entrenamientos no nos costó tanto”, explicó Ferrari. Finalmente pudieron completar una serie que él mismo describió como “muy sincronizada”. Les hubiera gustado contar con una concentración previa, como sucede con otras delegaciones. No la tuvieron: “Hubiera sido mucho mejor. Pero bueno, con lo que tenemos es más que suficiente”, resumió. Los nervios también suben al trampolín El alto rendimiento suele verse desde afuera como dominio absoluto. Años de entrenamiento, experiencia internacional y movimientos repetidos miles de veces. Pero la cabeza también compite. Ferrari ya fue campeón mundial de doble mini tramp en 2023, convirtiéndose en el primer argentino en conseguir ese título. Sin embargo, en Santa Fe volvió a sentir algo que creía haber dejado atrás. Las tribunas estaban llenas de personas que, a diferencia de lo habitual en sus competencias, no eran solamente gimnastas o familiares de deportistas. Entonces volvieron los nervios. Y también estuvo la caída deportiva. Su prueba individual era una de sus apuestas más fuertes, pero no consiguió meterse en la final. Terminó décimo en la clasificación: “En mi prueba fuerte, que fue individual, ahí sí fallé”, dijo sin vueltas. Un día después volvió al trampolín junto a Weise y consiguió la plata. No borró lo anterior. Simplemente siguió. Cuando incluso pensó en dejar No fue la primera vez que tuvo que recomponerse. Ferrari atravesó anteriormente una lesión de tobillo y un período en el que dejó de disfrutar la gimnasia. Llegó incluso a plantearse abandonar. Con acompañamiento psicológico y trabajo sobre el aspecto mental logró recuperar aquello que lo había llevado de chico hasta el trampolín: disfrutar la sensación de estar en el aire. Hoy trabaja también con psicología deportiva. Porque en su disciplina todo puede resolverse en segundos. Una mala recepción, una mínima pérdida de ubicación o un instante de desconcentración pueden modificar años de preparación. Por eso quizá una medalla no habla solamente de las veces que salió todo bien. También habla de todas aquellas en las que hubo que volver a intentarlo. Trabajar para vivir y entrenar para soñar Ferrari tiene una particularidad que rompe con cierta imagen del deportista de elite. Es campeón mundial. Integra la Selección Argentina. Compite internacionalmente. Ahora es medallista sudamericano. Y trabaja... Estudia y Da clases. El deporte todavía convive con una vida que necesita otras fuentes de ingreso y con la certeza de que una carrera competitiva no dura para siempre. Por eso eligió continuar formándose. Su próximo gran objetivo deportivo está más lejos: Los Ángeles 2028. Santi quiere llegar a unos Juegos Olímpicos y ya orienta parte de su preparación internacional hacia ese sueño. Durante 2026 tenía además prevista una gira por Alemania, España y China como parte de su camino competitivo. No sabe si llegará. Nadie puede saberlo. Pero sí sabe cómo quiere intentarlo. Dos jujeños entre miles de deportistas Los Juegos Suramericanos reunieron a más de 4.000 atletas y representantes de 15 países en distintas sedes de Santa Fe. Ferrari recordó que, entre toda esa multitud, la presencia jujeña era pequeña. Él y la ciclista Agustina Apaza, quien terminó séptima en mountain bike, fueron los representantes de la provincia que encontró en esa experiencia. Compartir la villa con rugbiers, golfistas, jugadores de pelota paleta y atletas de disciplinas que muchas veces ni siquiera conoce el público fue, para Santiago, una pequeña aproximación a aquello que sueña vivir algún día en los Juegos Olímpicos. “Estar en una villa, estar con todos los otros deportistas, es muy lindo. Y más para un jujeño”, contó. Lo que queda cuando uno se baja del podio La foto muestra una medalla plateada. No muestra el despertador de las siete. No muestra las horas en una oficina, el entrenamiento de la tarde, los chicos esperando su clase ni la computadora que se abre cuando el resto del día ya terminó. Tampoco muestra las lesiones, los nervios, las competencias que salieron mal, las veces que la familia puso dinero que no sobraba o esas mañanas en las que simplemente no hay ganas. Eso está detrás. Quizás por eso la historia de Santiago Ferrari no necesita convertirse en una historia de sacrificio perfecto. Es bastante más cercana que eso. Es la historia de alguien que se cansa, se equivoca, duda, necesita que lo acompañen y vuelve a intentarlo. El lunes consiguió una medalla de plata. El martes, cuando regresó a Jujuy, su vida volvió a empezar a las siete de la mañana.
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