Las familias de niños con autismo todavía enfrentan barreras para acceder a una escolarización plena. Así lo planteó Viviana Maza, de Hablemos de Autismo, al analizar los desafíos que persisten en torno a la inclusión escolar y la necesidad de mirar a cada niño más allá del diagnóstico. En diálogo con TodoJujuy, Maza sostuvo que, aunque hubo avances, aún se repiten situaciones que las familias vienen señalando desde hace años: dificultades para conseguir vacantes, respuestas condicionadas por la discapacidad y obstáculos para lograr una verdadera integración dentro del aula. “Todavía hay muchas barreras, muchísimas barreras. Lo seguimos viendo, seguimos escuchando los mismos testimonios que hace 10 años atrás”, expresó. Cuando la vacante empieza a desaparecer Uno de los puntos más sensibles que mencionó Maza es el momento en que una familia informa que su hijo tiene autismo, una discapacidad o requiere determinados apoyos. Según relató, muchas veces las dificultades aparecen recién después de esa instancia. “Buscás vacante para tu hijo y hay vacantes, pero cuando mencionás que tu hijo tiene una discapacidad, que tiene autismo o que necesita algún tipo de apoyo, empiezan los problemas”, señaló. La referente explicó que, en algunos casos, al presentar el Certificado Único de Discapacidad (CUD) o al completar formularios, cambian las respuestas de las instituciones. “A veces desaparece la vacante, o te dicen que primero tiene que venir el equipo, que tiene que venir un acompañante, sin conocer quizás al niño. O directamente te dicen que no hay cupo o que no están capacitados para recibirlo”, afirmó. Para Maza, ese recorrido genera un fuerte desgaste emocional en las familias. “Lo más duro es tener que ir con muchos miedos y ser rechazado muchas veces por la discapacidad de tu hijo. Eso no debe ser así”, sostuvo. La inclusión no es solo estar dentro del aula Maza también remarcó que permitir el ingreso de un niño a una escuela no siempre significa que exista inclusión real. “En otras ocasiones sí se permite ingresar al niño, pero no hay inclusión, porque tenemos un niño en una esquina dibujando o jugando mientras la docente está con el resto de alumnos trabajando. Eso no es inclusión”, advirtió. En ese sentido, insistió en que el desafío no se limita a otorgar una vacante, sino a generar las condiciones para que el estudiante pueda participar, aprender y desarrollar sus capacidades junto al resto del grupo. La referente sostuvo que muchas veces el miedo y el desconocimiento frenan estos procesos antes de conocer al niño. “Es un no de entrada, sin conocer al niño y sin ver realmente si se puede o no acompañar”, indicó. Docentes con voluntad y familias que acompañan Aunque marcó las dificultades, Maza también destacó experiencias positivas y pidió reconocer el trabajo de docentes que, aun sin formación específica, se involucran y acompañan. “Hay docentes que no están formadas a veces, pero tienen mucha voluntad, sentido común, acompañan a la familia, al equipo, que son los que más conocen a ese niño, y realmente se involucran”, expresó. Como ejemplo, recordó la experiencia de su hijo en el jardín, cuando una docente le planteó con sinceridad que no sabía de autismo, pero que iba a poner todo de su parte. “Fue increíble la experiencia que tuvimos con ella y con todo el grado”, contó. Para Maza, esa actitud marca una diferencia. “Muchas veces el desconocimiento y el miedo hacen que uno se paralice y que no le dé la posibilidad a ese niño de brindarse y de desarrollar todo el potencial y la capacidad que tiene dentro del aula”, concluyó.