
Comer de más en una ocasión puntual no necesariamente significa atravesar un trastorno alimentario o un atracón. Sin embargo, cuando aparece una sensación de pérdida de control, ingestas en grandes cantidades y malestar o culpa después de comer, es importante prestar atención. La nutricionista Brunella Giordano (MP 256) explicó cómo diferenciar un episodio ocasional de una conducta que puede requerir acompañamiento profesional. La especialista comenzó marcando una diferencia entre la compulsión y el trastorno por atracón. La primera puede aparecer como una conducta impulsiva frente a determinados alimentos, mientras que el atracón forma parte de los trastornos de la conducta alimentaria y requiere una evaluación específica. “El atracón entra en el grupo de trastornos de conducta alimentaria, que son enfermedades. Necesitan ser diagnosticadas con determinados criterios”, señaló Giordano, quien remarcó que ese diagnóstico corresponde al ámbito de la psicología y la psiquiatría. Cuándo un atracón se convierte en una señal de alerta Según explicó la nutricionista, uno de los principales indicadores es comer una cantidad considerablemente mayor a la habitual y hacerlo con mucha rapidez. A esto se suma una sensación que puede resultar clave: la persona siente que no puede decidir cuánto o cuándo detenerse. “El síntoma es comer mucha cantidad y la sensación de que no controlo lo que como”, explicó. También puede aparecer inmediatamente después culpa, disgusto o malestar, en lugar de la satisfacción que normalmente podría generar consumir un alimento que gusta. Giordano diferenció esta situación de darse un gusto de manera consciente. Comer algo elegido y disfrutarlo no es lo mismo que sentir que se pierde el control frente a la comida. Saltear comidas y restringirse puede empeorar la situación Una de las conductas que puede intensificar el deseo de comer compulsivamente es pasar demasiadas horas sin alimentarse o sostener restricciones muy exigentes. Giordano señaló que saltear comidas o restringirse durante gran parte del día puede aumentar posteriormente la necesidad de consumir determinados alimentos, especialmente aquellos asociados a los antojos. Por eso, antes de buscar una solución general, consideró fundamental evaluar cómo se alimenta cada persona y cómo es su rutina cotidiana. “No es necesario prohibir al 100% determinados alimentos”, indicó la especialista. Para Giordano, instalar la idea de que existen comidas completamente “permitidas” y otras “prohibidas” incluso puede aumentar el deseo y la ansiedad alrededor de ellas. El objetivo: buscar equilibrio y no prohibiciones Frente a los antojos frecuentes, la recomendación no pasa necesariamente por eliminar por completo un alimento. La nutricionista planteó la importancia de encontrar un equilibrio y aprender a incorporarlo de manera consciente. El problema aparece cuando la persona deja de poder decidir cuándo, cuánto o de qué manera consumirlo. En esas situaciones, Giordano recomendó realizar una consulta profesional para determinar qué está ocurriendo y si es necesario un abordaje interdisciplinario. El impacto de las redes sociales y las dietas de moda Con la llegada de los meses más cálidos también aumenta la presión alrededor del peso y la imagen corporal. Dietas encontradas en internet, ayunos realizados sin seguimiento y modelos estéticos difundidos en redes sociales pueden generar expectativas difíciles de sostener. Giordano advirtió que esa sobreinformación “puede generar falsas expectativas en cuanto a la imagen corporal” y recordó que los mismos mensajes no afectan de igual manera a todas las personas. Por ese motivo, desaconsejó recurrir automáticamente a dietas recomendadas en redes o implementar cambios extremos sin conocer previamente las necesidades individuales. Cuándo pedir ayuda profesional Si los episodios se repiten, existe pérdida de control sobre la comida o aparecen sentimientos persistentes de culpa y malestar, la recomendación es consultar a profesionales de la salud. Giordano explicó que los trastornos de la conducta alimentaria requieren un trabajo que puede involucrar a distintas disciplinas, como nutrición, psicología, psiquiatría y medicina, según cada caso. La especialista actualmente trabaja dentro de un equipo interdisciplinario dedicado al abordaje de trastornos de la conducta alimentaria, obesidad y sobrepeso, y remarcó que no existe una solución idéntica para todas las personas: conocer la historia, la alimentación y la rutina de cada paciente es parte central del tratamiento.
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