“Un sueño breve”, así definieron César Tcach y Celso Rodríguez al gobierno de Arturo Illia (1963–1966). Un oasis democrático de libertades civiles y crecimiento económico excepcional, que terminó abruptamente debido a su debilidad política de origen, la hostilidad del peronismo, la injerencia de los Estados Unidos y la conspiración cívico-militar.
En su libro Arturo Illia: un sueño breve (Edhasa, 2026), publicado originalmente en 2006 que acaba de ser reeditado, Tcach y Rodríguez justifican esta metáfora basándose en tres razones centrales. En primer lugar, el periodo de Illia es calificado retrospectivamente como un "sueño" debido a sus notables conquistas institucionales y socioeconómicas, que contrastaron con la violencia política posterior y el clima adverso en el que transcurrió. Un período en el que el país experimentó un crecimiento del PBI, reducción de la deuda externa y un presupuesto récord para la educación pública.
Arturo Illia: un sueño breve. El rol del peronismo y de los Estados Unidos en el golpe militar de 1966. Libro de César Tcach y Celso Rodríguez (Edhasa, 2026)
En segundo lugar, aquel “sueño” estuvo condenado a ser breve desde su nacimiento en las urnas. Illia asumió la presidencia con apenas el 25% de los votos, en elecciones donde el peronismo estaba proscripto por imposición de las Fuerzas Armadas. Esta debilidad de su legitimidad de origen transformó a su gestión en un proyecto políticamente vulnerable y asediado por múltiples frentes desde el primer día.
En tercer lugar, la investigación de Tcach y Rodríguez —apoyada en documentos desclasificados de la CIA y el Departamento de Estado—, así como el reciente libro de Juan Bautista Yofre Los Generales (Sudamericana, 2026), demuestran que la brevedad de aquel gobierno fue el resultado de una acción coordinada entre factores de poder internos y externos conjurados en su contra.
El peronismo sindical implementó una estrategia sistemática de toma de fábricas y protestas callejeras destinada a desestabilizar y desgastar el orden constitucional. La anulación de los contratos petroleros y la Ley de Medicamentos, por otra parte, generaron el malestar de Washington. La diplomacia y los servicios de inteligencia estadounidenses le soltaron la mano al gobierno al percibirlo como “ineficaz” para enfrentar el avance comunista en la región.
Las organizaciones armadas de la izquierda insurreccional se preparaban para la revolución socialista. Y las Fuerzas Armadas, convertidas en un verdadero “partido de generales”, expresión política de una corporación militar que actuaba como poder permanente, capaz de condicionar, tutelar o sustituir a los gobiernos constitucionales.
Hostigado por los grupos de presión y por la prensa, el gobierno radical no logró hacer pie articulando consensos y alianzas y también fue evidente su ineficacia en el plano de la comunicación política, todo lo cual terminó pavimentando el camino al golpe militar que instaló en la presidencia al general Juan Carlos Onganía en aquel fatídico 28 de junio, hace sesenta años. Como lo caracterizó María Sáenz Quesada en su libro 1966 (Sudamericana, 2023), “en el frívolo clima de desdén cívico en que se gestó el golpe de Estado del 28 de junio se perdía una oportunidad de pacificar de a poco al país y se cocinaba la Argentina violenta de los años ‘70”.
“Con este proceder -les advertía el presidente Illia a quienes le estaban informando sobre su destitución- quitan ustedes a la juventud y al futuro de la República la paz, la legalidad, el bienestar…”. Se abría una nueva etapa que muchos observarían con esperanza. No creían en la democracia, invocaban la revolución. Un equívoco garrafal que terminaría en una gran tragedia.
Los Generales, libro de Juan Bautista Yofre (Sudamericana, 2026)
1966, De Illia a Onganía. Libro de María Sáenz Quesada (Sudamericana, 2023)
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