“Quiero dar las gracias a mi horrible infancia y a la Academia, en ese orden”, dijo Robert Downey Jr. tras recoger el Oscar en 2024 a mejor actor secundario por su papel en Oppenheimer (2023). Y no es para menos. De Chaplin a Sherlock Holmes, pasando por el universo Marvel y el personaje de Iron Man, el actor estadounidense ha construido una de las carreras más exitosas de la industria, pero carga consigo una historia de adicciones que le costaron, entre otras cosas, una ruptura con Sarah Jessica Parker en 1991, varios encarcelamientos y una rehabilitación hasta reiniciar su carrera en 2003.
Esa infancia él mismo la definió como “interesante”, por la inestable relación con sus padres, ambos drogadictos y alcohólicos. La situación familiar propició un entorno en el que Downey Jr. admite que empezó a fumar cannabis con tan solo seis años. Uno de sus primeros papeles importantes llegó con Golpe al sueño americano (1987), donde interpretaba a un joven con problemas de adicción. La película aumentó su visibilidad pero escondía su propia reaidad: el propio actor admitió que ya consumía drogas fuera del rodaje, especialmente por las noches y los fines de semana.
En una reciente conversación en el pódcast estadounidense The Living Room Podcast, Downey Jr., de 61 años, habló con una sinceridad poco habitual sobre cómo cambió su vida después de tocar fondo con el alcoholismo y otras adicciones. El actor reconoció que durante años vivió “quemando la vela por los dos extremos” y que parecía tener “una capacidad ilimitada para resistir”, hasta que entendió que “siempre acabas pagando un precio”.
El actor reconoció que durante años vivió “quemando la vela por los dos extremos”. Foto: FB/robertdowneyjr
“Necesitaba hacer algo difícil”
Downey Jr. explicó que la práctica de deporte de contacto fue una de las herramientas que más le ayudó durante su recuperación. “Las artes marciales me ayudaron a superar mi alcoholismo; al tocar fondo y ponerme sobrio necesitaba hacer algo difícil”, afirmó durante la entrevista. Robert Downey Jr. empezó a practicar artes marciales en 2003, concretamente Wing Chun, una disciplina china en la que encontró el foco, la disciplina y la estabilidad física que necesitaba para sostener su recuperación.
“Tenía que hacer algo en lo que sabía que no iba a ser bueno durante mucho tiempo”, explicó. Para él, esa incomodidad era parte del proceso y algo que le iba a dar una confianza que de niño no tuvo. “Nunca tuve talento para el deporte, mucho menos el de contacto. Recuerdo que muchas veces me pegaban a la salida del colegio y apenas podía protegerme”, señaló.
Adaptarse a la exigencia de Hollywood. Foto: FB/robertdowneyjr
Adaptarse a la exigencia de Hollywood
Downey Jr. explicó que hace años dejó atrás los entrenamientos eternos y las rutinas de castigo físico. Ahora trabaja con sesiones cortas e intensas de unos 35 minutos, pensadas para llegar con energía al resto del día y no acabar agotado. Cuando está rodando, se levanta a las cinco de la mañana y entrena antes de ir al set. “Llegar antes y mantener la gasolina es mi serotonina para el trabajo”. Aseguró haber visto a actores “caer como moscas” por el calor, los trajes y las jornadas interminables.
El actor, que reaparecerá en Marvel como Doctor Doom en diciembre de este año, aseguró que la disciplina se ha convertido en su principal aliada. “Si no me cuido antes de que empiece el día, luego la culpa es mía”, afirmó. También admitió que su recuperación es mucho mejor ahora que durante su juventud, algo que también asoció a factores mentales. “Estoy felizmente casado, intento no salir del centro. Nuestra cultura te quiere destruir al mínimo error y eso es lo que más desgasta”, aseguró.
Este testimonio de resiliencia y disciplina no hubiera sido posible sin Susan Downey, su esposa, que lleva desde 2005 siendo su apoyo incondicional. El actor lo sabe de sobra y también quiso dedicarle su Oscar en 2024: “Gracias a mi veterinárea, perdón, mi esposa, Susan Downey. Ella me encontró cuando era un animal peligroso y me devolvió a la vida. Por eso estoy aquí”, bromeó Downey visiblemente emocionado.
Pau Ortiz
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