Pese a los múltiples anuncios de llegada de nuevos proyectos al país a través del RIGI, la inversión se está debilitando en la Argentina.
Según el INDEC en el primer trimestre de este año la inversión retrocedió 1,7% contra el último trimestre del año pasado y acumula así cuatro trimestres consecutivos de contracción. Medida contra el mismo período del 2025 cayó 11,6%. Esto ocurrió en simultáneo con un crecimiento de la economía del 2,3%.
Hoy la inversión representa el 16% del PBI -con un monto de US$ 109.000 millones en 2025-, por encima del 14% de 2019 pero lejos del pico del 20% de 2007. Aún con estas oscilaciones el nivel es bajo: desde la Fundación Mediterránea marcan que para apalancar un proceso de desarrollo sostenido la inversión debería llegar al 25%.
Desde el Gobierno buscan incentivar la llegada de inversión y han hecho una bandera del RIGI, un régimen diseñado específicamente con ventajas impositivas y cambiarios para atraer nuevos capitales. Hasta ahora se aprobaron 16 proyectos, la mayoría vinculados a energía y minería, por US$ 29.000 millones, aunque los que se encuentran bajo evaluación suman US$ 111.000 millones.
Sin embargo, pese al volumen de los proyectos, la aguja de la inversión sigue en rojo.
Respecto al rol del RIGI, desde la Mediterránea marcan que los montos de inversión comprometidos "son muy significativos en términos absolutos, pero se ejecutan a lo largo del tiempo". Por caso, este año llegarán apenas al 6% de los montos comprometidos.
Al explicar la paradoja de que la economía se expanda y al mismo tiempo las inversiones caigan, desde la consultora Equilibra plantean que "pese al creciente influjo de capitales hacia minería y Vaca Muerta, las elevadas tasas de interés activas -aún permanecen por encima de la inflación- la anemia de la demanda interna, la elevada competencia internacional y, en menor medida la falta de obra pública, explican por qué la inversión cayó 11% frente al primer trimestre de 2025 (pico de la actual administración) y 3% frente al cuarto trimestre de 2023 (fines de la gestión de Alberto Fernández)".
"Esto es una mala noticia porque la baja inversión compromete el desarrollo futuro del país. La inversión es una variable particularmente sensible a las expectativas. Las empresas invierten cuando perciben oportunidades de crecimiento futuro, demanda creciente, acceso al financiamiento y reglas previsibles. Hoy, buena parte de esas condiciones siguen ausentes", plantean desde la red de Misión Productiva.
Al explicar las razones de la caída de la inversión, el primer punto que aparece es la debilidad de la demanda. "La masa de ingresos formales se encuentra cerca de un 10% por debajo de los niveles de noviembre de 2023 y permanece estancada en niveles históricamente bajos. Esto implica una menor capacidad de consumo para amplios sectores de la población y reduce los incentivos para ampliar la capacidad productiva", señalan.
Junto con esto, la paralización de la obra pública le quita un motor a la inversión, ya que el sector suele representar entre el 10% y el 15% de la inversión total. Al mismo tiempo, la construcción privada tampoco logra compensar la caída
"La combinación de costos elevados, demanda moderada y financiamiento insuficiente genera un escenario poco favorable para el lanzamiento de nuevos desarrollos", plantea Misión Productiva.
Otro de los factores que explica la debilidad de la inversión es la falta de financiamiento productivo.
"Mientras otros países combinan estabilidad macroeconómica con herramientas activas para estimular inversiones estratégicas, la estrategia local descansa casi exclusivamente en la expectativa de que la estabilización genere por sí sola un aumento de la inversión", indican en Misión Productiva.
Por su parte, ACM advierten que la divergencia entre el desempeño del PBI y el de la inversión "resulta relevante porque la inversión es uno de los componentes que más condiciona la sostenibilidad del ciclo alcista del producto y su capacidad de traducirse en mayor empleo formal. Hacia adelante, la continuidad de la expansión dependerá de que la mejora del salario real y que el crédito logre recomponer la inversión".
Con el RIGI en mente, la Fundación Mediterránea apunta que "para cerrar el déficit de inversión, los esfuerzos deberán estar centrados en buscar los instrumentos para que sea más atractivo explotar las ventajas que ofrece la Argentina, más que seguir agregando “super” excepciones, mientras que el resto de la producción sigue lidiando con los enormes déficits institucionales que todavía padece la Argentina".
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