En 2024, en una pequeña sala del Teatro Nacional Cervantes, se estrenó Juego del tiempo, una obra muy bella y muy sorprendente en el recibimiento que tuvo luego. Estaba interpretada por la bailarina, coreógrafa y video artista Margarita Bali y la sorpresa no provenía del hecho de que tuviera en ese momento 80 años sino porque la repercusión de esta pieza de cámara que recorría su vida profesional, alcanzó a una enorme cantidad de público, mucho más allá del espectador habitual de la danza contemporánea.
Juego del tiempo hizo una nueva temporada en 2025 y regresa este mes a la cartelera porteña antes de emprender una gira a México y otra a Hong-Kong.
Pero es preciso agregar que hay también un hombre detrás de esta historia: Gerardo Litvak, también bailarín y coreógrafo, director de la obra y que impulsó originalmente la idea. Litvak fue integrante en la última etapa de la compañía Nucleodanza, que dirigieron Margarita Bali y Susana Tambutti durante 25 años.
Margarita Bali en "Juego del Tiempo". Foto: A. Garelli/ TNC
–¿Cómo nació Juego del tiempo?
–Durante la pandemia pensé mucho en qué podría hacerse con aquellos bailarines, amigos y colegas, gente talentosa que había dejado de bailar. Me preguntaba por qué habían abandonado la danza.
–¿Tenía esa inquietud que tenías en la pandemia alguna relación con tu proyecto permanente Noche de baile?
–Noche de baile surgió un poco inesperadamente hace diez años en Bahía Blanca; había reunido bailarines profesionales y no profesionales y también gente mayor. Lo monté después, a lo largo de los años, en muchos lugares y ámbitos diferentes. Sí, es cierto que tiene una relación con Juego del tiempo: que no hay límites a la posibilidad de bailar.
–Volvamos entonces a cómo surgió esta obra.
–Ya había terminado la pandemia y un día fui a una conferencia que daba Margarita Bali en un centro cultural. Pensé mientras la escuchaba: “Es muy performático lo que está haciendo”.
–¿En qué sentido?
–Hablaba, se movía, mostraba videos, bailaba. En realidad, no bailaba, sino que hacía lo que hacemos los bailarines: cuando no nos alcanzan las palabras terminamos de explicarnos moviéndonos. Pensé en aquel momento en proponerle algo. La conozco desde hace muchos años y sabía que había algo allí, en esto que había visto y escuchado. La llamé y le propuse que nos encontráramos para charlar; al principio se resistió.
–¿Por qué?
–Primero no entendía de qué se trataba, aunque es cierto que yo tampoco lo tenía demasiado claro. Finalmente nos reunimos en su estudio. Allí tiene guardado muchísimo vestuario y escenografía, todo muy cuidado, de la época de Nucleodanza; además tiene mucho archivo en general y una memoria extraordinaria.
Gerardo Litvak. Foto: Victoria Gesualdi
–¿Cómo continuaron?
–En el segundo encuentro Margarita estaba contándome algo y de pronto se puso de pie y comenzó a bailar. Y yo, que al principio me imaginaba algo más bien performático, me dije -y nos dijimos los dos-: “ya está, es esto; vamos a hacer una obra de danza”. Pero sin nostalgia: queríamos celebrar un cuerpo que está bailando ahora y cómo ese cuerpo recuerda y se mueve.
–En marzo de 2023 el proyecto de Bali y Litvak quedó seleccionado por el Teatro Nacional Cervantes para la temporada 2024. Y esto ayudó mucho al proceso de montaje.
–Por supuesto. Tuvimos un año y medio de trabajo y yo me manejo mejor cuando cuento con el tiempo necesario.
–Juego del tiempo es un viaje muy peculiar por el camino de Margarita en la danza. ¿Hubo alguna idea central como eje de ese viaje?
–Sí, desde el principio: la idea del cuerpo como archivo. Fue muy arduo elegir porque Margarita tiene una cantidad enorme de material, incluidos filmaciones y videos, muchos de los cuales hizo como video-artista.
–¿Cómo hicieron la selección? Porque la obra contiene una variedad de elementos: escenas coreográficas, otras en las que Margarita habla y además proyección de videos y de fotos.
–Por un lado, buscamos los momentos más representativos de su recorrido. Por otro lado, de ciertas épocas no contábamos con videos aunque sí con fotos; pero eran fotos de distintas calidades y muchas en blanco y negro. La pregunta era cómo articularlas y así fueron apareciendo soluciones escénicas. Para la primera escena trabajamos sobre las cosas que Margarita, a pesar de que tiene muy buena memoria, no recordaba.
La bailarina y coreógrafa Margarita Bali. Foto: Martín Bonetto
–Es muy nítido y clara la estructura de Juego del tiempo a pesar de su heterogeneidad.
–Yo tenía la necesidad de que fuera fácil en el mejor sentido de la palabra. Y cuando pensábamos en la dramaturgia de la obra, es decir en cómo se iban a ordenar las distintas escenas, confiaba mucho en las asociaciones que yo iba haciendo, dónde podía ir cada parte. Algo más bien intuitivo.
–¿Estaban siempre de acuerdo durante la evolución del montaje?
–En general, sí. Un diálogo muy fluido. Ayudó el hecho de que el proceso fue prolongado y hubo mucho tiempo para ir probando ideas suyas, ideas mías, discutir, no ponernos de acuerdo. Recuerdo que, sobre todo al principio, le pedía cosas que no eran parte de ella: “buscá una expresión más neutra”, por ejemplo. Y después me daba cuenta de que no podía pedir algo neutro a una bailarina de la década del ’90. También ocurrían situaciones graciosas: Margarita me mostraba alguna proyección y después me decía “se ve que no te gusta nada porque estás mudo”. Y yo: “no, no es que no me guste, pero…”.
–Margarita dijo en una entrevista de la época del estreno que fuiste realmente exigente con ella; ¿cómo fue para vos dirigirla, siendo que ella misma fue siempre directora?
–Mi exigencia vino sobre todo de pedirle probar y probar, de armar y desarmar. Hemos llegado a estar un mes entero sobre una sola escena. Pero justamente los dos somos animales de escenario y queríamos lo mejor para la obra.
–Tienen por delante dos giras. ¿Cómo está ella?
–Muy bien, se entrena todo el tiempo. El otro día me dijo “estoy levantando más alto las piernas”.
*Juego del tiempo puede verse los sábados, a las 20, en el Galpón de Guevara, Guevara 326. Dos de las funciones durante septiembre serán en el marco del FIBA.
PC
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