Hace dos años, Gisela Lladó (47 años) vivió uno de los momentos más especiales de su vida. El 30 de marzo de 2024, la cantante anunció el nacimiento de su hijo a través de sus redes sociales. “¡Bienvenido, Indiana Lladó Ortega! Te estábamos esperando desde hace tanto que no nos lo podemos creer. Eres nuestro sueño hecho realidad”, escribía.

Desde entonces, la artista ha compartido pequeños fragmentos de su maternidad a través de su perfil de Instagram, pero ha sido en el pódcast ¡Hola, BB!, donde se ha sincerado abiertamente. Presentado por la psicóloga y comunicadora Irina Soldevila, Lladó se ha abierto sobre las diferencias que se ha encontrado entre sus expectativas y la realidad, así como de las dificultades inesperadas que surgieron en el camino. “Te dicen cómo es, pero te piensas que eso es la experiencia de los demás y que a ti no te va a pasar. Pero te acaba pasando”, expresa.

Para la cantante, “la maternidad es tan grande que creo que la mente de la mujer antes de ser mamá no lo puede ni imaginar. Por eso se crean esas expectativas. Cuando llegas a la verdad, hay muchos más retos”. En su caso, estos empezaron incluso antes de concebir. “No pude quedarme embarazada de manera natural. Tuve que pasar por un proceso de fecundación. Ninguna mujer piensa que va a tener que pasar por esto porque pensamos que estamos fabricadas para ser madres, que nos saldrá de manera natural. Y, a veces, por muchos motivos, no es así. “Ahí ya empieza tu primera frustración por una expectativa”, confiesa la cantante.

Para la cantante, “la maternidad es tan grande que creo que la mente de la mujer antes de ser mamá no lo puede ni imaginar. Foto: IG/giselaoficial

Después de pasar por varios tratamientos, consiguió quedarse embarazada. Sin embargo, volvió a encontrarse con obstáculos. “El primer mes todo fue bien, pero después me detectaron un hematoma. Tuve que hacer reposo absoluto; me dijeron que no me podía mover de la cama. Imagínate, yo tenía compromisos profesionales, la vida se me frenó en seco”, recuerda.

Después de superar ese bache de salud, llegó otro en forma de cólico nefrítico. “Me tuvieron que llevar al hospital de urgencia porque no expulsaba la piedra y mis riñones estaban sufriendo. Fue muy doloroso”, dice.

Convertirse en madre

Afortunadamente, el nacimiento de Indiana, a través de una cesárea, fue perfecto. Aunque ya le habían advertido, convertirse en madre la transformó por completo. “Yo siempre había escuchado una frase de 'hasta que no eres madre, no sabes lo que es el amor de verdad'. No lo describiría así porque amo a los miembros de mi familia con todo mi ser, no me imagino un amor más allá. Con Indiana me pasa lo mismo, pero se me ha despertado un instinto de protección muy bestia”, describe.

“Es una revolución. Una ilusión, una guía. Yo sabía que era fuerte, pero después de tener a Indiana, las mamás somos superwomans”, insiste. Eso sí, la cantante asegura que esta nueva etapa llega unida a una sensación muy desagradable: ”La expectativa va unida a la culpa cuando no se cumple lo que habías imaginado”.

Uno de los ámbitos donde se hizo más evidente, en su caso, fue la lactancia. Foto: IG/giselaoficial

Uno de los ámbitos donde se hizo más evidente, en su caso, fue la lactancia. “Fue un momento terrible. Te dicen lo maravilloso que es y qué es lo mejor que puedes hacer por él. Esto es fatal porque si fisiológicamente no puedes, como yo que tenía producción baja y él no podía succionar suficiente, te invade la culpa”, relata la artista.

Después de intentarlo con todas sus fuerzas durante seis meses, contar con expertas en la materia y sufrir un bajón de azúcar de su bebé, decidió parar. “Me pasaba horas con el sacaleches para sacar tres mililitros. Entonces, al final, tienes que pasar un duelo. Lo gestioné en terapia y entendí que no hay que juzgarse tanto para evitar la culpa y que la expectativa no te aplaste. Lo hacemos siempre lo mejor que podemos”, comenta.

Una revolución emocional

Precisamente, la exconcursante de Operación Triunfo 1 asegura que ha vivido de manera regular la parte más emocional de este viaje. “La explosión de amor es increíble. Piensas que es un milagro. Pero, en mi caso, he tenido una circunstancia personal complicada porque me separé de mi pareja a los seis meses de ser madre”, revela.

Esta ruptura y los desafíos unidos a la maternidad la han hecho volver a conocerse. “He descubierto una parte de mí que no era tan combativa y que ahora sí. Cuando eres madre, no pasas ni una, soy una luchadora”, afirma antes de añadir: “Es que la maternidad te lleva al límite. Es la exigencia máxima. Es lo más convulso y agotador y, a la vez, lo más bonito y maravilloso. Te lleva a los dos extremos”.

Criar en soledad

Entre los muchos aprendizajes que ha sacado de su experiencia como madre, Gisela ha detectado que, hoy en día, las madres crían muy solas. “Creo que hace falta que las mujeres hiciéramos más comunidad cuando somos madres porque hay un sentimiento de soledad. No sentimos muy solas y es difícil que eso cambie, aunque tengamos una pareja funcional al lado. Es que es una nueva persona, cuidando una nueva vida con inexperiencia, falta de sueño y hormonas revolucionadas. Es un coctel molotov. Entonces, tener una tribu es clave, debería ser así siempre”, asegura.

En esta misma línea, la intérprete de Aquella estrella de allá considera que la sociedad está muy mal planteada en cuanto a crianza. “Somos las que movemos el mundo, pero luego no se nos cuida. Ni a nosotros, ni a los que traemos. A mí me explota la cabeza. No hay la suficiente ayuda”, señala. Unas reflexiones honestas a través de las cuales la cantante ha permitido a sus seguidores conocer más de cerca la experiencia contradictoria de ser madre.

Jara Bravo