Una discusión fuerte, algunas horas o días sin hablarse y, finalmente, una reconciliación cargada de promesas, abrazos y demostraciones de afecto. Para algunas parejas, esa secuencia puede repetirse durante meses e incluso años hasta convertirse prácticamente en la manera habitual de relacionarse.

El conflicto termina adquiriendo entonces un significado particular: si después de una pelea llega una reconciliación intensa, esa montaña rusa emocional puede interpretarse como una demostración de que todavía existe pasión.

Pero la psicóloga Virginia Bejarano advierte que desde un punto de vista clínico no corresponde hablar de personas “adictas al drama” como si existiera un diagnóstico psicológico de ese tipo. Lo que sí puede ocurrir es que alguien haya aprendido a relacionarse mediante el conflicto porque esa dinámica cumplió alguna función a lo largo de su historia.

Por qué algunas parejas necesitan discutir para volver a sentirse unidas

La cultura popular contribuyó durante décadas a instalar una asociación entre peleas y pasión. Expresiones como “los que se pelean se desean” transmiten la idea de que las grandes discusiones pueden formar parte de un amor igualmente intenso.

“Este tipo de refranes han sembrado la idea de que el amor implica ‘pelea’”, explica Bejarano. Después de esos conflictos, agrega la psicóloga, pueden aparecer “reconciliaciones intensas, más atención o muestras de cariño por parte del otro” y una renovada sensación de conexión.

No siempre las discusiones son sinónimo de una pareja poco saludable. Foto Shutterstock

Precisamente allí puede estar una de las claves. Después de una situación desagradable aparecen abrazos, promesas de cambio, declaraciones amorosas o gestos afectivos. Ese alivio posterior refuerza emocionalmente la reconciliación y puede terminar contribuyendo a que el patrón vuelva a repetirse.

“Digamos que se convierte en un círculo vicioso”, señala Bejarano. La especialista describe relaciones que alternan “discusión, bloqueo en WhatsApp, reacciones en redes sociales y reconciliación épica” durante largos períodos.

Discutir no significa necesariamente tener una relación poco saludable

La distinción es importante: tener desacuerdos no convierte a una pareja en problemática.

Dos personas pueden discutir sobre dinero, convivencia, responsabilidades, familia, vacaciones o cualquier otro aspecto cotidiano. La diferencia está en la frecuencia de esos enfrentamientos y, sobre todo, en para qué se utiliza el conflicto dentro de la relación.

“¿Qué pareja no ha discutido alguna vez?”, plantea Bejarano.

Para la psicóloga, la señal de alarma aparece cuando discutir se transforma en el funcionamiento cotidiano: se pelea prácticamente por cualquier motivo o alguno de los integrantes provoca deliberadamente celos, tensión o incertidumbre para obtener una reacción.

“El problema aparece cuando la discusión se convierte en el día a día”, sostiene. También menciona como ejemplos dejar de hablar durante días para comprobar si la otra persona reacciona o despertar celos para conseguir atención.

Mucha parejas necesitan una pelea para una reconciliación apasionada.

En esos casos, la pelea ya no surge simplemente de una diferencia que necesita resolverse. Se convierte en una herramienta para comprobar si el otro continúa interesado.

Por qué se puede llegar a confundir el conflicto con el amor

No existe una única explicación. Bejarano señala que algunas personas crecieron en hogares donde las discusiones eran constantes. Si durante años ese fue el modelo de pareja observado, una relación marcada por grandes altibajos puede terminar percibiéndose como algo normal.

También intervienen las experiencias posteriores.

“Después de un enfado llegan promesas de cambio, declaraciones de amor o reconciliaciones muy intensas”, explica la psicóloga. La repetición, agrega, puede reforzar la idea de que el conflicto constituye una parte necesaria del vínculo.

A esto se suma la representación del amor en películas, novelas y series, donde las relaciones particularmente apasionadas suelen atravesar separaciones, celos, discusiones y reencuentros.

El resultado puede ser una confusión entre intensidad emocional y calidad de la relación.

“Hoy estamos bien; mañana ya veremos”

La incertidumbre también desempeña un papel central. No saber qué ocurrirá con una relación mantiene a la persona pendiente de las señales de su pareja.

Pelea de pareja. Foto ilustración Shutterstock

Bejarano lo ejemplifica de manera directa: “Hoy estamos bien; mañana ya veremos. Ahora no me llama, después me busca”.

Cada nueva reconciliación produce entonces un fuerte contraste con la tensión anterior.

La especialista compara el mecanismo con un niño que está llorando intensamente y recibe repentinamente un caramelo: se establece “un patrón cíclico de tensión y alivio”.

El riesgo es interpretar ese alivio como prueba de una conexión especialmente profunda, cuando en realidad puede ser simplemente la respuesta emocional al final momentáneo de una situación angustiante.

El desgaste de vivir entre peleas y reconciliaciones

Mantener durante mucho tiempo esta dinámica puede provocar ansiedad, agotamiento emocional y dificultades para construir confianza.

Los celos utilizados para obtener atención, los silencios prolongados como castigo y las amenazas constantes de ruptura pueden generar una relación en la que ambos permanecen pendientes de cuál será el próximo conflicto.

Pero Bejarano destaca que esos patrones aprendidos también pueden modificarse.

Ansiedad, agotamiento emocional y dificultades para construir confianza. Foto: iStock

“La mala noticia es que ese sistema desgasta muchísimo”, advierte la psicóloga. Y enseguida plantea la contracara: “La buena es que el cerebro también aprende justo lo contrario: que se puede sentir seguridad, cariño e intimidad sin necesidad de organizar un conflicto cada dos semanas para comprobar que seguimos enamorados”.

La diferencia, entonces, no pasa por aspirar a una pareja que jamás discuta. Se trata de poder atravesar los desacuerdos sin necesitar provocarlos para obtener después una demostración de amor.