Aceptar una reunión para dentro de tres semanas, prometer ayudar en un proyecto el mes próximo o anotarse en un curso que empieza más adelante suele parecer una buena idea. El problema aparece cuando ese futuro finalmente llega y la agenda vuelve a estar tan llena como siempre.

Muchas personas atribuyen este hábito a una mala organización o a la dificultad para decir que no. Sin embargo, la psicología sostiene que existe un sesgo cognitivo que hace que la mayoría sobreestime el tiempo libre del que dispondrá más adelante.

En otras palabras, tendemos a creer que nuestro "yo del futuro" estará menos ocupado que el de hoy. Imaginamos semanas más tranquilas, con menos compromisos y mayor disponibilidad, aunque la experiencia demuestre una y otra vez que eso casi nunca sucede.

Este error de cálculo es tan frecuente que afecta decisiones relacionadas con el trabajo, los estudios, la vida social e incluso el descanso. Y lo más llamativo es que seguimos cayendo en él aun después de comprobar repetidamente que nuestras predicciones fueron demasiado optimistas.

Prometer más de lo que realmente podremos hacer

La psicología identifica este fenómeno como una tendencia habitual del pensamiento humano. No se trata simplemente de falta de disciplina, sino de una forma en que el cerebro imagina el futuro.

Planear actividades puede frustrar. Foto: Freepik.

Los investigadores Gal Zauberman y John Lynch dedicaron siete experimentos a estudiar este fenómeno y lo explicaron a través del concepto de holgura (resource slack): el excedente de un recurso -como el tiempo, el dinero o la energía- que una persona cree que tendrá disponible cuando llegue el momento de utilizarlo.

Observaron, además, una diferencia llamativa: esta ilusión aparece con mucha más fuerza cuando las personas estiman su tiempo que cuando evalúan su dinero. Mientras pocos creen que el mes próximo tendrán mucho más dinero disponible, sí es habitual imaginar que dispondrán de mucho más tiempo libre, aun cuando la experiencia demuestre lo contrario.

Estas son algunas de sus principales características:

  • Creemos que el futuro será más despejado. Al pensar en las próximas semanas solemos visualizar únicamente el compromiso que estamos evaluando y olvidamos que, entre tanto, surgirán nuevas obligaciones, reuniones, imprevistos y responsabilidades.

  • Confundimos intención con disponibilidad. Tener ganas de hacer algo no significa que exista tiempo suficiente para concretarlo. Muchas decisiones se toman basándose en el entusiasmo del momento y no en una evaluación realista del calendario.

  • El error se repite una y otra vez. Aunque una persona haya comprobado en numerosas ocasiones que terminó sobrecargada de actividades, suele volver a creer que "el próximo mes será diferente". Parte del problema es que cada período de exceso parece tener una explicación distinta -un proyecto inesperado, una enfermedad o una reunión extra-, por lo que cuesta reconocer que el patrón se repite.

  • Decir que sí resulta más fácil cuando la fecha parece lejana. Cuanto más distante está un compromiso, menor parece el costo de aceptarlo. La sensación de sacrificio aumenta recién cuando la fecha comienza a acercarse.

  • Aprender a estimar el tiempo con mayor realismo ayuda a decidir mejor. Algunos especialistas recomiendan revisar la agenda antes de aceptar nuevas tareas, en lugar de confiar únicamente en la impresión de que esta vez habrá más tiempo.

Planes a futuro. Foto: Pexels.

  • Reservar espacios vacíos también es una estrategia. No completar cada horario disponible permite absorber imprevistos sin que toda la planificación se desmorone. El tiempo libre también forma parte de una agenda saludable.

  • Poner límites no siempre significa decir que no. En muchos casos alcanza con responder "lo confirmo más adelante" o tomarse unas horas para evaluar la disponibilidad real antes de asumir un nuevo compromiso.

Por eso, comprometerse en exceso no siempre refleja una incapacidad para organizarse o establecer límites. Muchas veces responde a una ilusión muy extendida: creer que el tiempo futuro será más abundante que el presente.

Antes de aceptar un nuevo compromiso, algunos especialistas recomiendan hacerse una pregunta sencilla: "¿Lo aceptaría igual si empezara mañana?". Ese ejercicio obliga a evaluar la disponibilidad real y no la versión idealizada del tiempo futuro. También conviene mirar cómo fueron realmente los últimos treinta días. Esa comparación suele ofrecer una estimación mucho más precisa de la disponibilidad que tendremos.