El gobierno quiere “ordenar” la política porque la economía se está desordenando. El presidente del Banco Central admite, entre sorprendido y resignado, que el país no está creciendo a la velocidad que se esperaba y el ministro de Economía, aunque lo niegue, está entendiendo que el impacto popular del plan está afectando sus resultados.

Los síntomas están a la vista: caída del salario, baja del consumo, endeudamiento familiar, desempleo y empleo precario en negro. En conjunto, el síndrome del ajuste que pone en riesgo los logros de la macroeconomía.

Ilustración.

Luis Caputo, aunque sigue inventando frases de las que luego lamentará, no puede desconocer que estos resultados tienen costo político. De hecho, cualquier encuesta de las que circulan reservadamente -y aún las que se difunden con algún maquillaje- son reveladoras de que el Gobierno ha perdido terreno en imagen y confianza. También muestran que la ausencia de un desafiante creíble le da una ventaja importante y simbólica al oficialismo.

Por eso, Caputo se decidió a animar a sus ex conmilitones del PRO y a Karina Milei, el centro del poder político de la administración, a que vuelvan a una mesa de diálogo en la que, por ahora, hay más prevenciones que acuerdos. Una mesa quincenal -ya el plazo para volver a encontrarse demuestra las dificultades a vencer- que tiene como primer objetivo una puesta en escena para los inversores del exterior.

Estos se preguntan: ¿cuáles son las posibilidades de que Javier Milei sea reelecto? Una embajada importante de peso en la Unión Europea pregunta esto a bocajarro a cuanto analista tiene al frente. El interrogante es importante porque la continuidad o no de la política actual es lo que los inversores preguntan a sus gobiernos y estos a sus embajadores en Buenos Aires.

En síntesis, ¿se mantendrán las mismas reglas si hay una sucesión de otro signo? ¿Tiene asidero la provocación del gobernador Quintela de volver a las expropiaciones si el PJ retorna a la Casa Rosada?

En el exterior se toman esas declaraciones en serio aunque el emisor no sea confiable.

En este escenario, la política imagina algunas fórmulas para bajar el malestar de la gente por su situación actual. Estos intentos tienen un problema serio porque Milei no está dispuesto a conceder un respiro. Prefiere el riesgo de perder que abrir alguna puerta que le modifique su plan.

Como está de moda por la película Odisea, dicen que Milei se ató al mástil para no ceder a los cantos de sirena. Pero las “sirenas” de la política libertaria le están advirtiendo que caminan por un hielo frágil y que no basta con el miedo al retorno kirchnerista para aliviar un poco la situación.

El encuentro de los libertarios con el PRO tuvo una reunión en espejo en el peronismo. Kicillof, Máximo y Massa, gobernadores y jefes de bloque, Mayans y Germán Martínez, se encontraron en lo que fue presentado como una “cumbre” pero, según varios participantes, solo fue empezar a subir la cuesta. Todavía hay mucho camino por delante.

Curiosamente, peronistas y el PRO coinciden por ahora en un punto: defienden las PASO como método de selección de candidatos. La Libertad Avanza auspicia lo contrario.

El peronismo, al menos, pudo sentar a Kicillof con Máximo, y esto quiere decir que Cristina Kirchner tuvo que tolerar el encuentro. Es que el Gobierno salió a la pesca y quiere adecuar el anzuelo a las necesidades de cada gobernador. El formoseño Mayans teme nuevas deserciones en su bloque y Martínez, en Diputados. Por eso, la unificación de personería para negociar es una herramienta esencial.

Se acordaron tarde y las zanahorias que mece el Gobierno pueden ser muy tentadoras en épocas electorales. Por eso, ya hay una idea de plantarle una lista opositora a los gobernadores que hagan rancho aparte, sobre todo en el Norte. Es solo una amenaza potencial.

Los negociadores del PRO tampoco se fían de los buenos modales actuales de Karina y los Menem, ayudados por Diego Santilli, el jefe de Gabinete que teje y le destejen los acuerdos.

El macrismo mantiene una respuesta incierta sobre su voto sobre el futuro de las PASO para garantizar que los acuerdos que se alcancen en esa mesa quincenal se cumplan.

Patricia Bullrich, que fue amarilla y ahora se tornó violeta, teme quedar afuera si Jorge Macri va a la Ciudad por la reelección y Santilli, rumbea con aspiraciones hacia La Plata. Para colmo, desde las cercanías de Karina han hecho trascender que Milei elegirá a Martín Menem como su compañero de fórmula para el 2027, relegando a la senadora.¿Será cierto que la factura por la caída de dos capítulos importantes de la ley que se discutió en el Senado -extranjerización de tierras y Manejo del fuego- se la pasaron los libertarios a Bullrich?

Es que Milei y Karina tienen todavía atravesado en sus gargantas el hueso de Manuel Adorni, cuyo alejamiento es atribuido a Bullrich y no a los ocultamientos y mentiras que jalonaron la defensa política del ex jefe de Gabinete. Sin embargo, si no hubiera sido por la presión pública de una interpelación, que Bullrich advirtió que no podría detener, Adorni seguiría contribuyendo al desgaste de Milei.

Hay que agregar otro dato que dará que hablar. Hay conversaciones de Horacio Rodríguez Larreta con sectores peronistas para que lo apoyen en su cruzada por regresar a conducir la Ciudad. La teoría es simple: el peronismo no tiene chances de ganar el siempre esquivo distrito porteño. Si con un frente llegan al balotaje, esperan tenerla. Larreta apuesta a eso en sus conversaciones con el peronista Olmos y con otros sectores que han estado cerca de Cristina, además de los radicales de Yacobitti, quien será ungido rector de la UBA.

Pero tras el concepto teórico, llega la realidad ¿los votantes peronistas se tragarán ese hueso? ¿Los seguidores del ex jefe de Gobierno aprobarán esta alianza?

Hay otro factor más general, que excede a la Ciudad, y que está muy extendido. Y es esta idea: si Milei llegó a la Casa Rosada, cualquiera puede intentarlo. Es un pensamiento mecánico que no tiene en cuenta los antecedentes y la historia que catapultaron a determinados personajes al poder inesperadamente.

¿Es la hora de los outsiders? La fragmentación política despierta los sueños más lujuriosos en aquellos que quieren hacer visible el poder que creen haber acumulado.