Ejerce el oficio de encargada del edificio aún al ver que el complejo de viviendas en el que trabajaba hoy es solo un montículo de cascotes y hierros retorcidos. Tras el terremoto en Colombia ahora se encarga de recolectar, proteger y reconocer las pertenencias de sus vecinos, lo que la convirtió en la guardiana de los recuerdos de Torres del Limonar.
Cuando el sismo de magnitud 7,4 sacudió al país cafetero el último lunes, Gloria Estela Pérez Díaz no estaba en las Torres Del Limonar, al sur de Cali. En cuestión de segundos, el complejo de dos edificios de cinco pisos, con 34 departamentos y unos 65 vecinos, colapsó por completo. Las autoridades colombianas sostienen que hasta el momento hay 288 víctimas fatales en toda Colombia, 22 de ese conjunto de viviendas.
Momentos después del terremoto, cuando empezó la remoción de escombros, vio que había pertenencias, recuerdos y objetos de las personas que veía de forma cotidiana y tuvo la idea de recolectarlos. "Al momento de mover escombros, empezaron a recuperar cosas y dije: 'Acumulémoslas aquí'. Después nos dieron un espacio más grande, nos han movido", le comenta Gloria a Clarín.
A metros de donde decenas y decenas de personas trabajan en la remoción de escombros para buscar gente con vida, el gazebo blanco se mantiene firme. Pasan grúas, retroexcavadoras, sobrevuela polvillo producto del trabajo del martillo neumático para romper las vigas, pero los recuerdos están ahí y son cada vez más.
Acordonados con una cinta de peligro, se acumulan fotos, documentos, cartas, libros, almohadones con fotos de bebés, zapatillas, ropa. En uno de los sectores, se puede leer en un pedazo de cartón: "Pertenencias Torre B y Torre A".
Juntaron las pertenencias de los vecinos de las Torres del Limonar, en Cali. Foto: Juano Tesone/Enviado especial
"Un recuerdo, una foto, un documento es muy importante. Decidimos agrupar en un sitio las pertenencias para que cada uno pudiera venir, reconocer y llevarse algo sentimental. Es un bien sentimental, un adornito. Me pareció muy importante que puedan tener un recuerdo", sostiene Gloria, quien renguea al caminar. Y agrega: “También objetos, hay personas que lograron recuperar estatuas, la Virgen, que son objetos más importante que los electrodomésticos".
Las autoridades de Cali pusieron un límite a la recuperación de objetos que encabezó Gloria. Le remarcaron que ya no puede juntar ropa porque por el paso de los días puedan haber entrado en contacto con los cuerpos y hay peligro de contaminación.
Le habían establecido como plazo el viernes a las 17 para que los familiares de los vecinos del complejo Torres del Limonar se acercaran a reconocer pertenencias. Le indicaron que la ropa se iría a donaciones. Pero pasadas las 18 del viernes, todavía se podía ir a buscar recuerdos y ropa. Planea conservar las fotos, documentos y otros objetos hasta que el último familiar los reclame.
Gloria Estela Pérez Díaz, encargada de lo que eran las Torres del Limonar en Cali, Colombia. Foto: Juano Tesone/Enviado especial
El sacerdote de los Bomberos que destaca la unión de Colombia
A pocos metros de donde Gloria tiene su gazebo con pertenencias de los vecinos de Torres del Limonar, una presencia llama la atención.
Si bien hay algunos rescatistas o voluntarios con ropa clara, él está de un blanco impoluto. Pese a la tierra suspendida por el trabajo de las máquinas, lo único que interrumpe la blancura es la estola morada. Lleva gorra con la leyenda "Bomberos".
Una respuesta simple desarma el interrogante: "Soy el capellán del Benemérito Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali, los acompaño en la parte espiritual y en la consejería psicosocial también", dice Antonio José Cristancho, de 46 años y que este viernes cumplió cinco como sacerdote.
Juntaron las pertenencias de los vecinos de las Torres del Limonar, en Cali. Foto: Juano Tesone/Enviado especial
"Tengo una familia cercana que vivía aquí, ya salieron con vida. Y ahora estamos para acompañar la búsqueda de más personas. Hasta que no haya una confirmación, seguimos orando al Señor, se han visto milagros hermosos y seguimos esperándolos aquí", dice el cura esperanzado.
Uno de los milagros de los que habla se produjo en esa misma edificación del barrio Capri. Dos días después del terremoto sacaron a Diana Marcela Troncoso Escobar, una mujer de 31 años había quedado atrapada entre los escombros. Daiana forma parte de las siete personas rescatadas desde el lunes. También recuperaron a cuatro perros con vida.
En medio de la tragedia, también envía un mensaje al pueblo colombiano. "Hay que aferrarnos a la voluntad de Dios y a la solidaridad. Hemos sido una ciudad, un país dividido por diferentes motivos, pero desde el 10 agosto hemos demostrado que no tenemos ninguna diferencia, nos une el amor por el país, nos une el amor por nosotros mismos", concluye, mientras a 20 metros la expectativa de encontrar gente con vida languidece.
Antonio José Cristancho, capellán de los Bomberos Cali. Foto: Juano Tesone/Enviado especial
Armenia, la "ciudad milagro" que también necesita ayuda
Otra de las historias llamativas del terremoto en Colombia tiene como protagonista a Armenia, una ciudad icónica en el eje cafetero. A una hora de Pereira y a unas tres de Cali, fue epicentro del terremoto del 25 de enero de 1999. Casi toda la ciudad de poco más de 300 mil habitantes quedó destruida. El sismo fue de 6.1, solo en Armenia murieron más de 900 personas, más de 5000 resultaron heridas y hubo más de 20.000 viviendas destruidas.
Con donaciones y la creación del Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero (FOREC), la velocidad con la que Colombia reconstruyó Armenia le valió el apodo de “Ciudad Milagro”. Muchas de las nuevas construcciones se hicieron con tecnología antisísmica y en el temblor del último lunes no sufrieron daños.
Clarín recorrió el centro de la ciudad y solo se observaron unas pequeñas roturas. Sin embargo, en los barrios periféricos, edificaciones que habían sobrevivido al temblor de 1999, ahora quedaron inhabitables. Sus vecinos piden ser escuchados porque ante los destrozos de Pereira, Manizales y Cali, Armenia queda atrás en las ayudas.
Destrozos en el complejo de viviendas Serranías, en Armenia, Colombia. Foto: Juano Tesone/Enviado especial
“Esta comunidad ha sufrido dos terremotos. Ahora somos 114 familias que hemos quedado damnificadas. No tuvimos víctimas mortales o heridos pero solicitamos un apoyo porque es muy traumático vivir dos terremotos”, relata Claudia Marcela Rodríguez, administradora del complejo de viviendas de la urbanización Serranías de Armenia.
El primero lo vivió con 14 años. Le tocó dormir en carpas durante ocho días en un refugio. “Ahora perdí mi casa, era propietaria y en este momento no sé para dónde voy a ir. Necesitamos mucha colaboración, es nuestro esfuerzo, nuestro patrimonio. Tener que ver caer las paredes, en dos minutos perder todo es devastador”, confiesa.
Pero además, en una localidad que esta vez quedó casi a salvo, los vecinos denuncian que hay algunos que intentan aprovecharse. Los alquileres que hasta el fin de semana pasado estaban en 900.000 pesos colombianos (unos 280 dólares), ahora están en 1.500.000 (480 dólares).
Claudia Marcela Rodríguez, administradora del complejo de viviendas Serranías, en Armenia, Colombia. Foto: Juano Tesone/Enviado especial
Armenia aprendió de la tragedia de 1999, pero la “ciudad milagro” también clama por ayuda y autoridades que escuchen a los que, otra vez, perdieron todo.
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