La lipoproteína A (Lp(a)) es uno de los marcadores que más interés ha despertado en los últimos años dentro de la prevención cardiovascular.
Durante mucho tiempo se creyó que sus niveles dependían casi por completo de la herencia genética, pero nuevas investigaciones indican que existen factores capaces de modificarla, aunque sea de forma moderada.
Entre ellos aparecen la edad, determinadas enfermedades, algunos tratamientos farmacológicos y, especialmente, la calidad de la alimentación.
El cardiólogo José Abellán abordó esta cuestión en uno de sus contenidos divulgativos y explicó que la Lp(a), una partícula muy similar al colesterol LDL o "colesterol malo", no debe interpretarse de manera aislada. Su concentración en sangre se asocia con un mayor riesgo cardiovascular de infarto y otros eventos cardiovasculares, pero siempre debe analizarse junto con el resto de los factores de riesgo de cada persona.
Uno de los puntos sobre los que hizo especial énfasis fue la interpretación de las dietas bajas en grasas saturadas. Según explicó, algunos estudios observaron un ligero incremento de este marcador cuando disminuye el consumo de ese tipo de grasas, aunque aclaró que la explicación no está en la reducción en sí misma, sino en el alimento que ocupa su lugar.
Abellán destaca que la dieta mediterránea continúa siendo una de las opciones con mayor respaldo científico. Foto: Freepik.
En ese sentido, el especialista afirmó: "La lipoproteína aumenta si las grasas se sustituyen por azúcares o grasas trans".
La precisión resulta importante porque, de acuerdo con las investigaciones disponibles, ese aumento no aparece cuando las grasas saturadas son reemplazadas por grasas saludables. Entre ellas se encuentran los ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados presentes en alimentos como el aceite de oliva, los frutos secos o el pescado azul.
A partir de esta evidencia, el cardiólogo remarcó que no alcanza con eliminar determinados alimentos de la dieta. También resulta necesario prestar atención a cuáles son las alternativas elegidas para reemplazarlos, ya que ese cambio puede tener consecuencias diferentes sobre la salud cardiovascular.
En cuanto a los patrones alimentarios recomendados, Abellán destacó que la dieta mediterránea continúa siendo una de las opciones con mayor respaldo científico. Si bien aclaró que no existe una alimentación capaz de reducir de forma importante la lipoproteína A, señaló que este modelo puede favorecer pequeñas mejoras en sus niveles y, sobre todo, contribuir a disminuir el riesgo cardiovascular general.
Este patrón nutricional se caracteriza por un elevado consumo de verduras, frutas, aceite de oliva virgen extra, pescado y frutos secos. Algunos estudios también encontraron ligeras reducciones de la Lp(a) cuando la alimentación incorpora de manera habitual nueces y almendras.
El especialista afirmó: "La lipoproteína aumenta si las grasas se sustituyen por azúcares o grasas trans". Foto: fb/doctorabellan.
Además, el especialista recordó que incluso cuando la lipoproteína apenas experimenta cambios, mantener una alimentación equilibrada permite controlar otros indicadores fundamentales para la salud del corazón, como el colesterol LDL, la presión arterial y la glucosa.
La genética continúa siendo el principal factor que determina la concentración de la lipoproteína A. Sin embargo, Abellán explicó que sus valores pueden variar ligeramente a lo largo de la vida debido a distintas circunstancias. Entre ellas mencionó la menopausia, determinadas infecciones, la enfermedad renal y algunos tratamientos farmacológicos, como los inhibidores de PCSK9, que pueden reducir este marcador aproximadamente un 20 %.
Por ese motivo, diversas sociedades científicas aconsejan medir la lipoproteína A al menos una vez en la vida. En aquellas personas cuyos resultados se encuentren en un rango intermedio, repetir el análisis con el paso del tiempo puede aportar información útil para valorar con mayor precisión el riesgo cardiovascular y orientar las estrategias de prevención.
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