Un intempestivo accidente por la noche del 25 de julio 2026 provocó la muerte de Ligia de Fátima Centeno Martínez, de 31 años, y la del conductor del vehículo en el que se encontraba.
Centeno, médica veterinaria, estaba en una camioneta conducida por Javier María Jarquín Gallard, de 66 años. El trágico hecho se produjo en el barrio El Pilar, ubicado en Managua. Una perrita que iba en el auto fue rescatada.
Fue justamente aquella mascota la que provocó más lágrimas aún durante la despedida de la joven profesional. Es que la misma se mantuvo junto al féretro de su dueña tanto en la vela, en la iglesia, como en el entierro, detalló el medio nicaragüense La Prensa.
El doloroso final de la médica veterinaria
El violento accidente se produjo por una patrulla de la Dirección de Auxilio Judicial, según declararon testigos a dicho medio.
El vehículo en el que estaba la mujer fue impactado por el del suboficial Kelvin Enrique Zapata Carrión (27) quien quedó con lesiones y fue hospitalizado.
Centeno ya tenía su propia clínica veterinaria. Foto: Cortesía
Si bien unas versiones indican que Gallard no respetó una señal de alto, una persona que presenció el siniestro gritó que el oficial “los mató”, aseguró el diario La Prensa.
La mujer era originaria del barrio Loma Linda, del Distrito Tres de Managua. Su vocación y amor por los animales no la despegó ni un momento de su horizonte, que venía acompañado por la construcción de un destacable carrera profesional.
“Si la llamaban a medianoche porque una vaca tenía problemas durante el parto, ella iba. Si un cachorro estaba enfermo, también. Nunca decía que no”, contó una persona que la conocía de cerca al destacado medio.
“La Huellita”, el legado de Centeno
Centeno había fundado la clínica “La Huellita” durante la época del coronavirus. Su prestigio era tal que universidades enviaban estudiantes para que realizaran pasantías bajo su supervisión.
También era apreciada por sus clientes, quienes experimentaron de cerca una vocación que no hacía de lo material un impedimento.
La nicaragüense contemplaba las situaciones económicas particulares, por lo que ofrecía a algunas de las personas que recurrían a ella a que pagaran después de la atención realizada.
Una de las declaraciones de su círculo cercano reveló esta característica: “no estaba pendiente únicamente del dinero. Le importaba que el animal saliera adelante”.
La foto de la perra al lado del féretro que conmovió a todos
Con su propia clínica veterinaria y todo, la mujer aspiraba a más: abrir la señalada peluquería canina. Este era un servicio que ya ofrecía, aunque de manera complementaria.
Este era su sueño confeso con el que se entretenía hablando con sus amigos. De esta manera, la estética sería una parte más de su laborioso accionar: recogía perros y gatos abandonados para darlos en adopción. Entre ellos se encuentra Estrella, una perrita que se terminó quedando en su hogar.
Estrella se mantuvo al lado del féretro. Foto: Cortesía
Fue justamente el comportamiento de esta perra lo que llamó la atención de los presentes en el funeral. Estrella estuvo junto al féretro de Centeno durante los dos días de vela. Incluso en el entierro su presencia conmovió hasta las lágrimas de algunos de los que dejaron el pésame.
El cercano vínculo con los dueños de los animales
La médica veterinaria, que era madre soltera de una niña de 5 años, tenía como mayor sueño convertirse en dueña de una peluquería canina. Ese entusiasmo llegó a su fin a pesar de la favorable constancia que la acompañaba.
Es que Centeno tenía una sólida formación académica. Se graduó de la Universidad Nacional Agraria en la mencionada especialidad con un gran rendimiento. Gracias a sus excelentes notas obtuvo becas durante la totalidad de su formación.
Empezó a trabajar en clínicas veterinarias apenas obtuvo su título, donde progresivamente fue adquiriendo experiencia en emergencias, cirugías y atención especializada. El Mercado Israel Lewites fue uno de aquellos lugares.
Progresivamente se fue desenvolviendo más allá de las puertas del local y comenzó con las consultas a domicilio. El municipio de Ciudad Sandino, en la capital de Nicaragua, era uno de los sitios a los que se dirigía para atender desde perros y gatos hasta vacas y caballos.
Vocación por el cuidado de los animales
Al momento de su despedida, seres cercanos a Centeno destacaron su pasión por el cuidado animal más allá de la atención inmediata.
Revelaron que su trabajo continuaba al finalizar la consulta, ya fuera en llamadas a los dueños para averiguar la evolución de los pacientes de cuatro patas, o para recordarles fechas de vacunación.
La confianza que se construía entre la doctora y sus clientes permitía ese contacto fluido que permitía el correcto cumplimiento de los tratamientos.
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