Luis Caputo, el ministro de Economía, sostuvo el 14 de abril al hablar ante líderes empresariales “que los próximos 18 meses van a ser los mejores que la Argentina haya visto en las últimas décadas”. “Toto” repitió tal convicción el pasado 26 de julio durante una entrevista por televisión. El viceministro de economía, José Luis Daza, admitió que no llegar a fin de mes sería una tragedia, pero tuvo un consuelo a mano: “los brotes verdes ya están” aseguró. Giro metafórico que le valió reproches internos por su asimilación a los tiempos de Mauricio Macri que no terminaron nada bien.

El Gobierno tuvo en las últimas horas malas noticias para aquella narrativa de optimismo. La Encuesta Permanente de Hogares del INDEC calcula que en el primer trimestre del 2026 la pobreza habría llegado al 30.7%. Un cierre de casi un punto más respecto del cierre de 2025 cuando marcó 29.9%. Más alejado todavía de mitad del año pasado cuando señaló 26.9%. Es decir, alrededor de 600 mil personas se habrían añadido ahora al paisaje de la pobreza.

Una verificación similar publicó el Observatorio de la Deuda Social de la Argentina de la Universidad Católica. También ubica el índice de pobreza en 30% con una indigencia que alcanza el 6.5%. El informe apunta que el aumento estuvo impulsado por el repunte de las canastas básicas por encima de la recomposición de los salarios, el impacto de las tarifas, la suba de la informalidad laboral y la pérdida del poder adquisitivo.

Las señales del incremento en la pobreza vendrían acompañadas de otra novedad que se conocerá la semana próxima. No existe garantía que la inflación de julio registre una tendencia descendente respecto del mes anterior. Tras haber tocado un piso de 1.9% en junio, el IPC podría volver a colocarse en torno al 2% o 2.1%.

Se adjudicaría ese movimiento a varias razones. Efecto estacional por las vacaciones de invierno. Aceleración en la canasta de alimentos y precios regulados. Cuya actualización ha vuelto a producirse este mes. También habría incidido el salto en la cotización del dólar. La consultora EcoGo es la que marca la cifra probable más elevada de 2.1% para julio. La de mejor ponderación es Equilibra que establecería un 1.8% aproximado.

La narrativa de Milei, pese a todo, no decae. Ni se le ocurre hablar de los “18 mejores meses que están por llegar” pero encuentra su rebusque intentando establecer un contraste entre la película y la foto. Según esa mirada la fotografía sobre la pobreza es horrible. Aunque no tanto si se la compara con la herencia que recibió del kirchnerismo. A la pantalla de varias dimensiones le añade otros detalles propios. La tendencia “es maravillosa” porque la economía crece, cae la pobreza y cae la inflación”. Consideraciones que dependen demasiado del punto de partida que se tome.

El Presidente tiene razón cuando exhibe la desaceleración de los precios después de una inflación interanual que recibió del kirchnerismo del 211%. Un 30% de alza de precios, como el que se estima en 2026, no difiere demasiado del 27% anual que dejó Cristina Fernández en 2015 en base a mediciones alternativas. Las oficiales habían sido intervenidas por Guillermo Moreno.

La narrativa libertaria también posee facilidades para pasar sin sobresaltos por las inestimables alfombras que suele tenderle la principal oposición. El gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, ensayó una coreografía de unidad del peronismo el fin de semana en su provincia. Falló porque Axel Kicillof prefirió quedarse en Buenos Aires.

Mucho peor fue el libreto que divulgó Quintela después de la cumbre. Advirtió que si el peronismo regresa al poder revisará todas las medidas que tomó Milei, nacionalizará y expropiará. El pintoresco caudillo quizás ni siquiera se enteró que Hugo Chávez falleció, que Nicolás Maduro está siendo enjuiciado en Estados Unidos por narcotraficante y que el régimen revolucionario de Delcy Rodríguez responde mansamente a las órdenes de Donald Trump.

Aquella pantalla le permite al Presidente soltar su lengua sin inhibiciones. Hace semanas se habla en el debate público sobre el endeudamiento de las familias. El ex ministro de Economía, Alfonso Prat Gay, realizó un cálculo en base a estadísticas del Banco Central. Tomando como referencia a la masa salarial registrada una familia tipo arranca cada mes con un descalce del 23% respecto de los ingresos.

La falta de salarios adecuados disparó el atraso en los préstamos a familias hasta el 10.6%. El nivel más elevado registrado desde la crisis del 2001. El nivel de incumplimiento de pago en micro préstamos trepó a un crítico 31.5% reflejando la saturación financiera de los sectores vulnerables.

Milei enfrentó todas esas interpelaciones con una pregunta que hasta pudo provocar perplejidad: “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?”, preguntó. “No”, respondió tajante. Para el mandatario se trataría de responsabilidades individuales, de contratos entre ciudadanos y privados en los cuales el Estado no debe interferir. Más allá de la razón en ese modo de razonar, en su condición de primer mandatario no podría soslayar que muchos de aquellos fenómenos ocurren como derivación de las políticas que instrumenta el Gobierno que encabeza.

El estacionamiento público del debate en esos asuntos ayuda, tal vez, a explicar algunos brotes libertarios en diferentes tópicos. Uno de ellos pudo haber sido la durísima fricción política y diplomática de la Argentina con Brasil. Cuyo punto de partida fue la incursión de Milei en un acto partidario en San Pablo en favor de Flavio Bolsonaro. El hijo de Jair, ahora preso, que buscará evitar en octubre el cuarto mandato consecutivo de Lula.

Otro giro en la metamorfosis oficial podría representarlo cierta afinidad con un nacionalismo de manual, reactivo y de fronteras cerradas que habría empezado a confeccionarse durante las últimas semanas del Mundial de Fútbol. El Presidente habló con una imprecisión pasmosa sobre una presunta campaña anti argentina financiada, de acuerdo con su relato, por México y Brasil. El corolario fue el DNU para modificar la Ley de Migraciones para que se permita prohibir el ingreso o se expulse a extranjeros que agravien a la Argentina, a sus ciudadanos o a los símbolos patrios.

Ese lenguaje inflamado pareció entrar en contraste con un tema crucial que el Gobierno intenta aprobar en el Senado. La llamada Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Que el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, pretendió aprovechar para eliminar o flexibilizar la compra de tierras rurales por parte de extranjeros.

La senadora Patricia Bullrich debió colocar un límite a esa pretensión para convertirlo en algo potable y conseguir en la Cámara Alta los votos imprescindibles para su aprobación. Siempre la gestión oficial acostumbra a exponer la dualidad entre algún relato épico (aquel DNU) y la realidad tangible.