Guillaume, un francés de 29 años, se cansó de la rutina y las ataduras que le significaba su trabajo de oficina.

Ante esto, decidió empezar, de a poco, a reparar bicicletas, como una alternativa para escapar de la monotonía.

Finalmente, terminó montando un negocio que no solo le permite sobrevivir, sino también ahorrar e invertir.

Por qué Guillaume abandonó su empleo profesional: "Quería ser mi propio jefe y generar valor añadido"

De acuerdo al testimonio que brindó a Le Monde, Guillaume se recibió en Gestión y Administración en 2016.

Tras ello, como le gustaba mucho el turismo, comenzó a trabajar para una gran agencia de París especializada en viajes y excursiones de senderismo o ciclismo.

A Guillaume siempre le gustó el ciclismo. Foto: Pexels (ilustrativa)

Allí, el joven permaneció durante 5 cinco años, ganando alrededor de 1800 euros al mes (alrededor de 2100 dólares).

Sin embargo, por dos motivos, Guillaume, en el último tiempo, no estaba del todo cómodo en su trabajo.

Uno de ellos era por la contaminación que generaba la empresa. "Mi conciencia ambiental pronto me llevó a cuestionar la huella de carbono de los viajes que a veces organizábamos al otro lado del mundo", dijo al diario francés.

El otro, tenía que ver con sus ganas de ser totalmente autónomo. "Quería ser mi propio jefe, sin depender de una jerarquía, y generar mi propio valor añadido", sostuvo.

A pesar de todo, no se animaba a dar el salto. Pero la llegada de la pandemia covid, que paralizó el turismo, le dio el empujón final.

"Opté por trabajar solo 4 días, para dedicar los fines de semana al cuidado de mis hijos": así es el nuevo empleo de Guillaume

En el contexto de la crisis sanitaria, el ciclismo tuvo un auge espectacular. Las políticas ciclistas y los proyectos de desarrollo urbano para fomentarlo proliferaron, sobre todo en París y Lyon (de donde es originario Guillaume).

En medio de esta situación, el joven, al que siempre le ha gustado el ciclismo, decidió formarse en algo relacionado con ello. "Siempre me ha apasionado el ciclismo, así que, compaginándolo con mi trabajo, realicé un curso corto de reparación (de bicicletas)", contó a Le Monde.

Guillaume tiene su propia empresa de arreglo de bicicletas. Foto: Pexels (ilustrativa)

Después, aprovechó que la agencia en la que trabajaba abrió una oficina en Lyon para regresar a la ciudad donde había crecido. Allí, se lanzó a reparar bicicletas a domicilio.

En un primer momento, lo hizo a la par de su trabajo en la empresa de turismo. Sin embargo, una vez que comprobó la alta demanda que existía, abandonó la compañía para, en adelante, dedicarse a tiempo completo a su nuevo emprendimiento. A pesar de que esto le representaba un riesgo, estaba a gusto con poder organizar sus horarios y tener más días libres.

"Renuncié para dedicarme por completo a ello en 2022. Pero si decidí trabajar por cuenta propia, fue, sobre todo, por la libertad y la organización personal: rápidamente opté por trabajar solo 4 días, para dedicar los miércoles y los fines de semana al cuidado de mis dos hijos pequeños. Prefiero tener tiempo libre a un sueldo muy alto", explicó.

Fue así como fundó su propia microempresa de mantenimiento de bicicletas, a la que llamó Le Vélo Tisserand. Según contó, con ella gana alrededor de 2500 euros al mes (2900 dólares, aproximadamente), mucho más de lo que ganaba en la agencia.

A pesar de esto, Guillaume aclaró que sus jornadas suelen ser muy intensas. "Empiezo a las 8:30 y rara vez termino antes de las 17:00, o incluso antes de las 19:00 cuando me llaman porque tienen problemas para volver a casa por un pinchazo o una cadena rota. Nunca dudo en ayudarles haciendo un pequeño desvío. Puedo atender hasta 13 citas al día", detalló.

En cuanto a sus precios, reveló que suele decírselos antes a sus clientes: "He optado por ofrecer precios transparentes a mis clientes, quienes saben de antemano cuánto pagarán: por ejemplo, el cambio de una cámara cuesta 28 euros, el cambio de neumáticos 47 euros y el servicio completo 50 euros".

Según dijo, esos valores no solo le permiten vivir de su negocio, sino también entre 100 y 200 euros al mes. Además, junto a su pareja, que es abogada, compró un piso en Lyon.

Sin embargo, a pesar de este bienestar, a futuro quiere volver a cambiar de empleo. "Hoy estoy muy contento, pero no me veo haciendo esto hasta los 60, sobre todo por las exigencias físicas. Quiero probar diferentes profesiones. ¿Por qué no trabajar con niños más adelante, como maestro? Mientras tanto, disfruto de lo que considero el mayor lujo: tener tiempo para ver crecer a mis hijos", concluyó.