De un tiempo a esta parte, en el ámbito de la gerontología trabajan con lo que ya parece ser una realidad instalada: la expectativa de vida crece, y las personas se jubilan por lo general en un momento en el que todavía permanecen plenamente activas.
Teniendo esto en cuenta, una de las claves es la anticipación: cuanto antes se empiece a planear lo que se hará una vez que culmine la etapa formal vinculada al trabajo, mejor será este pasaje.
En este contexto -aunque su planteo es muchísimo más amplio- puede inscribirse “Inteligencia laboral: cómo rediseñar tu trabajo en un mundo cambiante” (Paidós), el flamante libro de la psicóloga Claudina Kutnowski, especialista en reinvenciones laborales.
Allí se abordan muchos de los escenarios que implican barajar y dar de nuevo en el campo laboral: desde cómo encarar la búsqueda de empleo, el deseo de cambiar de trabajo o renunciar, pasando por el desafío de emprender hasta el momento de la jubilación.
Kutnowski, que tuvo su propio “volantazo” y desde 2011 se dedica íntegramente, junto con un equipo de profesionales, a acompañar procesos de este tipo; conversó con Clarín.
— Cada vez más personas se jubilan estando muy activas. ¿Esto se ve reflejado en las consultas que recibís?
— Me contacta gente por ese motivo, y sorprendentemente, no lo hace cuando se les viene el tema encima, sino antes. Y no un año antes, sino 5 años antes. Por ejemplo, trabajadores en relación de dependencia, que alrededor de los 55, con calma, con tiempo, sin volverse locos, quieren pensar, disfrutar de este proceso, ver de qué se trata.
Y es un muy buen indicador, porque se empieza a trabajar la proyección desde un lugar lúdico, de mucha libertad, mucha creatividad, de anhelo.
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El cierre de la etapa de relación de dependencia, previa a la jubilación, es un momento que plantea un desafío emocional fuerte, es el cierre de un ciclo laboral que históricamente estuvo ligado a la idea de no trabajar más, que puede interpretarse como “no servís más”, o cuestiones, en términos emocionales, vinculadas al deterioro.
— Por lo que decís, es mejor no esperar a jubilarse para preguntarse qué hacer luego ¿Cuándo conviene empezar a pensar en esta etapa, y qué preguntas es conveniente hacerse?
— Respecto a cuándo se encara, para mí es exactamente a la inversa: deberíamos dejar de pensar el horizonte de la jubilación como un punto tenebroso de inflexión, y empezar a pensarlo como el margen de posibilidad que eso abre.
Es decir: estuviste trabajando en relación de dependencia, cumpliendo las expectativas de alguien más, ganando un sueldo que te fijó alguien más. Y si vos, en paralelo, estuviste haciendo otras cosas, estás en perspectiva de disponer de todo tu tiempo para vos.
Con todo el recorrido que hiciste, si a eso le sumás, ¿qué te gustaría que te empiece a pasar? ¿En qué querés ganar plata? ¿Desde dónde querés ganar plata con eso que querés realizar? Te puede llevar a pensar “qué suerte que me voy a jubilar, que me voy a ir de este lugar sin que me despidan”, como una cuestión casi más natural, como un nacimiento diría.
Propongo pensar esta etapa en términos de “estoy gestando lo que va a pasar después”, que es lo mejor que nos puede pasar cuando cambiamos de ciclo, sea cual sea el que se trate.
— Sigue muy en boga el discurso de que cualquiera puede emprender, pero pareciera que se requieren determinadas destrezas, como saber “venderse”, organizarse, habilidades que una persona en relación de dependencia probablemente no ejercitó. ¿Todos podemos emprender y ganar plata con nuestro talento?
— No, hay un montón de habilidades blandas, como se las llama en recursos humanos, como la tolerancia a la frustración, la autodisciplina. Por supuesto que no todo el mundo tiene esa posibilidad.
Sin embargo, la dicotomía no es necesariamente relación de dependencia o trabajo independiente.
Hemos visto muchas situaciones en estos años, por ejemplo, la de una señora que durante toda su vida fue empleada administrativa en una obra social, con un buen cargo. Y ella llegó preguntándose qué podría hacer luego de jubilarse.
Nosotros hicimos lo que hacemos siempre: desgranar la vida de la gente, hurgar en lo que ya sabe hacer, lo que supo hacer en otro momento, lo que le gusta, lo que le interesa. Y en un momento apareció en su trayectoria un fuerte amor por los animales, y que había sido voluntaria 10 años en un refugio de perros y gatos.
Según Kutnowski, debemos pensar la jubilación en términos de nuevas posibilidades. Foto gentileza.
Advertimos que ella tenía un montón de información sobre alimentación, organizaciones internacionales, legislación. Comenzó a hacer una búsqueda luego en el mundo vegano y empezó a investigar sobre espacios donde el veganismo tuviera proyección.
Finalmente, terminó enganchándose con una amiga que tenía un bar al que quería darle una vuelta, y empezaron a proyectar que ofreciera solo comida vegana.
No lo hizo sola porque ella no podría haber abierto un bar, no tenía el dinero, no tenía la capacidad, no tenía el empuje para algo así. Pero esto ya estaba funcionando y se sumó al proyecto de otra persona trayendo la impronta de lo que a ella le interesaba. Y eso surgió desde una asociación de ideas.
Cuando empezás a asociar informaciones que por ahí no veías aunque estaban enfrente tuyo, comienzan a aparecer nuevas opciones. Así es como se arman las ideas en el cerebro, no es que nosotros de la nada conformamos una idea. Vamos relacionando distintos puntos. Como se mezclan los colores cuando tenés una paleta y empezás a incorporar otras opciones, y te salen cosas distintas.
— ¿Cuánto puede durar el proceso desde que una persona consulta hasta que efectivamente le “encuentra la vuelta”?
— Hay dos instancias: una es la del diseño, pensar en todo esto. Alguien que llega y te dice “en cinco años me jubilo, esto es lo que hice y no tengo la menor idea de qué puedo hacer, estoy asustado, pero me doy cuenta de que tengo tiempo y quiero ser feliz”.
Ahí tenemos que poder entender qué alternativas se le abren, y es rapidísimo. Son dos, tres meses de trabajo, porque nosotros nos sentamos a revisar y se trata de un trabajo muy focalizado. Después de 15 años, tenemos una gimnasia enorme para asociar puntos, y muchas veces hay algo que la gente tiene muy delante de sus ojos aunque no lo vea.
No pasó mucho tiempo hasta que entendimos que esta mujer amaba a los animales, lo que pasa es que para ella, ser voluntaria en un refugio era algo que empezaba y terminaba ahí, como un hobby, como si no hubiera manera de transformar eso en dinero.
— ¿Suele pasar que las personas encuentren precisamente en esta etapa su verdadera vocación, y se dan cuenta que lo que vinieron haciendo durante la mayor parte de su vida no era efectivamente lo que querían?
— Por un lado, yo creo que el tema de la vocación es algo que atrapa un porcentaje muy chico de la población: los médicos, los bomberos, las enfermeras, los artistas. Pero después, a la amplia mayoría, nos gustan un montón de cosas, y la profesión no es lo mismo que la vocación, aunque por lo general se las asocie.
Por otro lado, una persona a lo largo de su vida cambia un montón de cosas: cambia de gustos, cambia de amores, cambia de cuerpo, puede ser que cambie de intereses profesionales. Entonces sí, a lo largo de la vida pasan un montón de cosas. Y hay gente que desde el principio sabe que no está en el lugar adecuado, trabajando en términos de su disfrute, por llamarlo así, vocacional.
— Está esta idea de la vocación, pero habrá quienes sientan que pueden cumplir con todo pero que no se destacan o no sienten pasión por alguna área en particular. ¿Todos somos buenos en algo?
— Yo no recibo mucha gente así. Diría que es muy raro que alguien que no haya desarrollado nada, que no tenga ningún contacto interno consigo mismo, ninguna inquietud más allá de lo que hace, consulte. Por lo general esa gente se queda donde está: no hay búsqueda.
Sin embargo, cada tanto consultan, y puede resultar un poco más complicado, porque por lo general su deseo permanece más disperso. Cuando no hay mucho que hacer, y si consultan por la jubilación o porque lo echaron, lo que tratamos es que se reinserten en el mundo laboral de la mejor forma posible, con lo que tienen.
Tratamos de ayudarlas con el armado de un buen currículum, que aprendan a manejar bien LinkedIn, ese tipo de cuestiones, para que puedan tener una continuidad laboral saludable.
— ¿Cuáles son los factores que mantienen a las personas en un trabajo?
— El sueldo fijo, eso lo tengo validadísimo.
— Aunque no sea alto...
— Aunque no sea alto. Saber que del 1 al 3 cobrás tu sueldo, tener vacaciones pagas. Muchas veces la gente cree que es la prepaga.
El problema aparece cuando se está en un trabajo que no gusta, pero se tiene un muy buen sueldo. A esa gente le cuesta mucho irse, es difícil replicar un buen sueldo.
— Ahora, ¿todos los que consultan, se van con un cambio a implementar, o puede pasar que digan “me quedo donde estoy”?
— Sí, puede pasar. Puede pasar que haya gente disconforme, y cuando te ponés a ordenar, lo que ocurre es que está trabajando 15 horas por día, quiere hacer deporte y no está haciendo, se peleó con alguna pareja y está duelando eso y no se termina de adueñar esa situación. Y muchas veces el trabajo es un chivo expiatorio.
O sea, llegan y dicen “quiero cambiar de trabajo”, pero cuando nos ponemos a trabajar nos damos cuenta de que están manejando mal el dinero, el tiempo, el cuerpo, algo afectivo.
Y muchas veces nosotros tenemos el requisito de que la gente que nos consulta haga terapia en paralelo.
Para nosotros es fundamental que la persona se vaya con algo distinto de lo que llegó; sea un proyecto, darse cuenta de que necesita hacer terapia, aunque también puede ser tomar la decisión de empezar a estudiar una carrera y seguir trabajando.
—¿Qué pasa si se implementa el cambio y la persona fracasa? ¿Se contempla que ese plan que se arma puede no ser viable después?
— Sí, por supuesto. Lo que produce esta asesoría es que la gente se da cuenta de varias cosas. Y una de ellas son todas las creencias limitantes que pueden afectar la toma de decisiones. Entonces, ya no están en el mismo lugar. Y si algo no les sale como creían que podía salir, no es que tiran la toalla y nada sirvió.
Cuando me fui de una corporación, me fui con la idea de hacer esta consultora, pero en realidad hice dos, tres cosas, me llamaron de otra corporación para ofrecerme un puesto parecido, dudé. Digo, no es que avanzás en línea recta. Se trata de ponerse en movimiento hacia algo distinto y empezás a conocer mejor tu capital, tu manera de tomar decisiones.
Ayer vino una chica que asesoré hace un tiempo y que habíamos armado un proyecto del que ella no estaba del todo segura, y yo tampoco, por lo que la mandé a hacer algunas exploraciones en el camino.
Y me contó que en este año se había metido en un grupo de mentoría de liderazgo de mujeres, y que durante nueve meses había estado trabajando con otras mujeres montones de aspectos que le habían traído un montón de novedades. Vino con algo mucho mejor formulado respecto de lo que habíamos hablado.
Siguió pidiendo ayuda para terminar de redondear o terminar de entenderse, de profundizar. Es una asesoría en términos de búsqueda. Por eso yo hablo tanto del diseño, ayudamos a diseñar.
Después viene todo el tiempo de la implementación que por ahí es un año, dos, tres. Por eso está buenísimo anticiparse, porque es la implementación de una idea lleva tiempo.
Por otro lado, ¿qué significa fracaso? ¿No generaron ingresos? ¿Se llevaron mal? ¿Tuvieron que cerrar, no daban los números? Hay que entender qué es lo que falló. Puede ser que no le den los números, eso puede ser que hayan estado mal asesorados y entonces hay que ver por qué dieron mal los números. O puede ser que estuvieran en un mal lugar, todo el tiempo te queda el ejercicio de revisar y de no sentir que “es esto, y si no es esto, ya está”. No pensar “Bueno, me jubiló y se terminó”. Nunca se termina.
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