Quienes conviven con un gato probablemente hayan observado una escena que se repite una y otra vez. Antes de acostarse o mientras recibe caricias, el animal presiona alternativamente sus patas delanteras sobre una manta, un almohadón o incluso sobre una persona.

Ese comportamiento, conocido popularmente como "amasar", suele despertar curiosidad entre los dueños. Algunos creen que se trata de una forma de acomodar el lugar donde va a dormir, mientras que otros lo interpretan como una simple muestra de bienestar.

Aunque el gesto suele estar asociado con momentos de relajación, los especialistas sostienen que su origen es mucho más antiguo y está vinculado con una conducta que los gatos desarrollan apenas nacen.

Lejos de desaparecer con la adultez, ese movimiento puede mantenerse durante toda la vida como parte del repertorio natural del comportamiento felino.

Un reflejo de la etapa de lactancia

Este comportamiento surge durante la etapa de lactancia, pero los especialistas explican que puede cumplir distintas funciones a lo largo de la vida del gato.

Reflejo de la infancia, el amasado. Foto: Freepik.

El sitio de American Animal Hospital Association (AAHA) explica que los gatitos amasan las glándulas mamarias de la madre para estimular la salida de leche y que muchos mantienen ese comportamiento durante la adultez.

Los especialistas señalan que esta conducta tiene varias explicaciones dentro del comportamiento felino:

  • Un aprendizaje temprano. El hábito comienza pocos días después del nacimiento, cuando los gatitos necesitan estimular el flujo de leche mientras se alimentan. Ese patrón motor puede mantenerse incluso después del destete.

  • Una conducta de desplazamiento. Cuando el gato está relajado o experimenta emociones positivas, puede recurrir a conductas aprendidas en la infancia. Los etólogos llaman a esto "conductas de desplazamiento": acciones instintivas que aparecen en contextos diferentes a aquellos en los que surgieron originalmente.

  • Marca territorial y relajación. Las almohadillas de las patas delanteras poseen glándulas que segregan feromonas. Al amasar una superficie o el regazo de una persona, el gato libera estas señales químicas imperceptibles para los humanos, lo que le permite identificar ese entorno como un lugar seguro y familiar mientras experimenta un momento de calma.

  • Ayuda a preparar el lugar de descanso. Antes de que existieran los gatos domésticos, los felinos salvajes aplastaban la vegetación con las patas para crear una superficie más cómoda antes de acostarse. Algunos especialistas consideran que el amasado actual conserva parte de ese comportamiento ancestral.

No todos los gatos lo hacen igual

Más allá de su origen y de las funciones que puede cumplir, el amasado no aparece de la misma manera en todos los felinos. Algunos gatos amasan con las uñas retraídas, mientras que otros las extienden ligeramente. La intensidad y la frecuencia varían según cada animal y no indican un problema de comportamiento.

En casos particulares, los veterinarios recomiendan prestar atención: si el amasado aparece acompañado de forma compulsiva, signos de dolor o cambios importantes en el comportamiento habitual del animal.

Amasar: un comportamiento felino muy normal.

En la mayoría de los casos, sin embargo, se trata de una conducta normal dentro del repertorio felino. Los expertos recuerdan que el bienestar de los gatos depende de ofrecer un ambiente donde puedan expresar comportamientos naturales, como esconderse, trepar, rascar superficies y descansar en lugares seguros. El amasado forma parte de ese repertorio y no debería interpretarse como un problema.

Como ocurre con otras conductas instintivas, no todos los gatos manifiestan este hábito. Aunque es muy común, algunos nunca lo realizan. Los especialistas aclaran que esto no significa que estén estresados o tengan un problema; simplemente existen diferencias individuales relacionadas con la genética, la personalidad y las experiencias tempranas.

Por eso, el amasado no debe interpretarse únicamente como una búsqueda de comodidad. Es una conducta que combina aprendizaje temprano, búsqueda de seguridad y formas naturales de comunicación que los gatos conservan incluso cuando ya son adultos.