A los 12 años, la protagonista de esta historia comenzó a menstruar sin comprender del todo qué estaba ocurriendo. Tenía algunas referencias de un video escolar sobre educación sexual y un folleto que su mamá había dejado sobre la cama. Con el tiempo aprendió a convivir con los cambios físicos y emocionales que implicaba el ciclo menstrual, una rutina que se repitió durante casi cuatro décadas.
Hoy, tres años después de la menopausia, asegura que "llevo tres años en la menopausia y me doy cuenta de que pasé cuarenta años atada a una montaña rusa mensual que no pedí, y lo que nadie me contó sobre 'el cambio' no es el calor, sino el silencio repentino e impactante de un cuerpo que finalmente ha dejado de clamar por atención".
Cuarenta años adaptándose a un ciclo constante
En su testimonio, la autora explica que durante años organizar la vida alrededor de la menstruación fue algo tan natural que dejó de percibirlo. Planificar según el calendario, elegir la ropa adecuada, anticipar los cambios de ánimo o prepararse para los días de dolor formaban parte de una rutina incorporada.
Al mirar hacia atrás, calcula que atravesó alrededor de 480 ciclos menstruales. Cada uno implicó algún grado de planificación y adaptación. Hubo etapas especialmente difíciles, como las menstruaciones posteriores a sus embarazos, los años en que realizó tratamientos de fertilidad o el período cercano a los 40, cuando los síntomas comenzaron a intensificarse antes de la llegada de la menopausia.
La mujer relató que la semana previa a la menstruación estaba acompañada por una sensibilidad emocional particular. (Foto: Pexels).
También recuerda las situaciones cotidianas en las que debía justificar sus emociones o escuchar comentarios que atribuían cualquier enojo a esa situación. Durante décadas, sostiene, su cuerpo tuvo un ritmo propio al que debía acomodarse quisiera o no.
El síntoma del que casi nadie habla
Antes de atravesar la menopausia, las advertencias que recibió estuvieron centradas en los sofocos, las alteraciones del sueño y otros síntomas habituales de la transición hormonal. Reconoce que los sofocos existieron y que hubo noches en las que despertaba completamente transpirada, al punto de incorporar un pequeño ventilador en su escritorio de trabajo.
Sin embargo, asegura que esos cambios fueron manejables porque, de alguna manera, también requerían organización y paciencia. Lo verdaderamente inesperado fue otra cosa: el silencio.
Describe que, durante años, la semana previa a la menstruación estaba acompañada por una sensibilidad emocional particular. Había aprendido a identificar ese momento y a evitar decisiones importantes o conversaciones difíciles. Cuando esa etapa desapareció, descubrió un espacio completamente nuevo: una estabilidad que nunca había conocido.
Tras esta nueva etapa, la mujer logró mayor estabilidad emocional. (Foto: Pexels).
La autora aclara que no intenta presentar la menopausia como una experiencia positiva por el simple hecho de dejar atrás la menstruación. Lo que busca transmitir es que comenzó a conocer una versión de sí misma que nunca había existido.
Cuenta que ahora percibe una mayor estabilidad emocional y que sus estados de ánimo ya no cambian al ritmo de un ciclo hormonal. Aunque todavía continúa descubriendo esa etapa, asegura que la menopausia también le permitió comprender cuánto había influido el ciclo menstrual en su vida cotidiana.
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