Escribir sobre Juan Carlos Distéfano es escribir sobre uno de los capítulos fundamentales de la cultura visual argentina. Diseñador gráfico y escultor, en ambos campos supo integrar con maestría la investigación técnica, la exploración de los materiales y una mirada de enorme sensibilidad.

En lucha con la materia. Juan Carlos Distéfano en Bellas Artes.

Distéfano era un verdadero estudioso del arte: un hombre de gran cultura y de una observación finísima, atento siempre al impacto visual de la experiencia estética. Quienes tuvimos la suerte de conocerlo nos encontramos con una persona cálida, sabia y generosa. En cada encuentro o conversación, compartía sus agudas impresiones y opiniones sobre exposiciones, libros y películas.

Durante su paso por Italia en la década del 60, estudió de primera mano las técnicas y resoluciones formales de la escultura clásica, para luego reinterpretarlas desde el prisma y las preocupaciones de su propio tiempo y desde una poética profundamente personal. Ese contacto directo con maestros tan diversos como Miguel Ángel, Bernini o Giacometti alimentó un humanismo estético y ético que atravesó toda su producción. Su escultura, centrada en el cuerpo, se caracteriza por una tensión constante: así como torsionó las figuras, Distéfano quebró también los cánones de la escultura de su época. Para hacerlo, modeló obras en poliéster reforzado con fibra de vidrio, resinas sintéticas, pinturas industriales y procedimientos experimentales inusuales para su tiempo.

"El mudo", de Juan Carlos Distéfano.

Su labor en el Instituto Di Tella resultó crucial para la cultura argentina. Allí creó y dirigió el Departamento de Diseño Gráfico, desde donde construyó la identidad visual de la institución. En ese rol, profesionalizó el diseño dentro de un espacio de vanguardia e introdujo criterios modernos de comunicación visual, en plena sintonía con la renovación estética de los años 60.

A fines de la década de 1970, por el clima de persecución y violencia que se vivía en la Argentina, Distéfano se exilió en Barcelona junto con su esposa, la escritora Griselda Gambaro, cuya novela Ganarse la vida había sido prohibida por la dictadura militar. Regresaron en los años 80, para establecerse definitivamente en nuestro país.

En lucha con la materia, la muestra de Juan Carlos Distéfano en el Bellas Artes. N

La relación entre Juan Carlos Distéfano y el Museo Nacional de Bellas Artes fue prolongada y fructífera. A lo largo de las décadas participó en numerosas muestras colectivas, y la colección del Museo conserva hoy algunas de sus piezas más representativas: "Escalera" (1976), "El mudo" (1973) y "Emma traviesa II. Homenaje a Lino Enea Spilimbergo" (2015), incorporada en 2018, cuando recibió el Premio Nacional a la Trayectoria Artística. En 1998, el Museo le dedicó una retrospectiva curada por Martha Nanni, y en 2022 volvió a ocupar el pabellón de exposiciones temporarias con Juan Carlos Distéfano. La memoria residual, con curaduría de María Teresa Constantin.

En cada una de sus esculturas aparece algo que le pertenece a Distéfano y a nadie más: una manera única de mirar el cuerpo, de tensarlo, de hacerlo hablar y de revelar en la materia la condición humana.

Juan Carlos Distéfano entre sus obras en tiempos de pandemia.

Duprat es el Director del Museo Nacional de Bellas Artes