Desde hace algún tiempo, muchas personas se están preguntando quién es Elias Thorne. El nombre aparece en respuestas de chatbots como ChatGPT, Claude o Grok con distintas profesiones e historias, desde relojero y detective a bibliotecario o dueño de un faro.

Sin embargo, esta persona no existe y es un misterio por qué parece ser la preferida de la Inteligencia Artificial.

Dos investigadores de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, analizaron más de 20 mil historias generadas por distintos modelos y descubrieron que el nombre Elias aparecía en más de una cuarta parte de ellas y que gran parte de los relatos compartían los mismos escenarios, profesiones tradicionales y elementos narrativos.

La explicación técnica del fenómeno es una excusa para entender cómo funciona esta tecnología. Los modelos actuales atraviesan un proceso conocido como alineación, en el cual se intenta evitar que produzcan contenidos problemáticos, violentos o que utilicen materiales protegidos por derechos de autor.

Para lograrlo, personas humanas corrigen sus resultados para que nunca se muevan de las zonas seguras.

En esta suerte de geografía estadística, Elias Thorne es la solución perfecta a todos los problemas. Se trata de una identidad que no tiene ningún ser humano conocido, es un nombre inofensivo y que no tiene derechos como Clark Kent o Juan Salvo. Sin embargo, esto abrió las puertas a un fenómeno inesperado.

Basta buscar hoy en Google a Elias Thorne para encontrar que es autor de muchos libros en Amazon, compositor y cantante en Spotify y que tiene perfiles en varias redes sociales. Es como si el personaje se hubiera escapado de los chats para volverse real. Y todo por la “endogamia algorítmica”, creaciones sintéticas subidas a estas plataformas en donde el nombre surgió como idea para bautizar al supuesto creador.

Es que las inteligencias artificiales aprenden de enormes cantidades de información disponible en la red pero parte de esos datos fueron producida por otras inteligencias artificiales y esto está generando un circuito cerrado donde las máquinas comienzan a alimentarse de sus propias creaciones.

No se trata de algo novedoso para la cultura humana, que se construye en parte sobre la repetición. Los mitos, las leyendas y los relatos populares sobreviven porque se cuentan una y otra vez. Pero la repetición humana nunca es perfecta y cada narrador agrega algo nuevo. Las máquinas, en cambio, no reinterpretan ni recuerdan sino que repiten patrones estadísticos.

En ese sentido, Elias Thorne podría llegar a ser uno de los primeros personajes nacidos no de la imaginación humana sino de la convergencia matemática de millones de cálculos. Y es interesante que nunca es presentado como un ingeniero de datos o un influencer, sino en una profesión aburrida y artesanal.

Así, la IA más sofisticada de la historia parece estar obsesionada con las profesiones más antiguas, vinculadas con tecnologías visibles, comprensibles y humanas. Y la promesa de que estos dispositivos iban a multiplicar la creatividad y expandir la cultura por ahora queda incumplida porque en medio de esta abundancia, todo se parece.