Eike Batista fue el hombre más rico de Brasil y el séptimo del mundo. Y si en su momento hubiera comprado el 20% de Tesla, la empresa de Elon Musk, todavía seguiría siéndolo. Pero ahora se considera parte de la “clase media”.
“Siempre fui clase media y eso no sale de uno”, dijo el empresario a Folha de S. Paulo. A sus 69 años, todavía vive en una mansión en medio de la selva a los pies del Cristo redentor. Al consultarle a un colega brasileño cuál es la opinión pública de Eike Batista en su país, su primera respuesta fue: “Antes era muy famoso, un ejemplo de suceso. Ahora hablar de él es como una broma, un chiste, aunque sigue habiendo gente que lo toma en serio y le reconoce sus méritos”.
Existen muy buenos perfiles del empresario -el de Sabrina Duque, el mejor, fue editado por Anagrama en el compendio de “Quiero saber hoy de tu vida”-, por lo tanto este artículo hará foco en su furiosa actualidad.
Pero no hay presente sin pasado. Vale remontarnos por un momento a los highlights que hicieron grande al personaje.
El ascenso de Eike Batista
En 2012, cuando su fortuna era cercana a los 30 mil millones de dólares, Forbes lo ubicó entre los siete más ricos del mundo. Desde ya, lideraba el ranking brasileño. Extrajo gran parte de su dinero de las minas y el petróleo. En 2007 fundó la petrolera OGX -una de sus tantas empresas con la letra “X”- para competir con la estatal Petrobras. De pronto era el hombre del hierro, el carbón, los puertos y los astilleros de Brasil.
Eike con Dilma, en 2012, visitando el mega proyecto portuario de Açú.
De origen brasileño-alemán, Eike no cayó del catre: su papá, Eliezer Batista, había presidido la minera Vale do Rio Doce y trabajado como ministro en varios gobiernos.
A diferencia de muchos otros ricos de bajo perfil, siguió los pasos de los Elon Musk de la vida e hizo de la ostentación su bandera. En el mencionado libro de Duque, la periodista ecuatoriana dice que cuando le embargaron sus bienes le retuvieron seis autos de lujo, dieciséis relojes, un piano, los motores de una lancha y grandes cantidades de efectivo. El más llamativo: un huevo Fabergé que -después se supo- era una réplica.
Como buen protagonista de una película de Scorsese, a notorio ascenso notorio declive.
Los diez hombres más ricos del mundo según un anuncio hecho por la revista Forbes el miércoles 7 de marzo de 2012. De izquierda a derecha (arriba), el mexicano Carlos Slim, los estadounidenses Bill Gates y Warren Buffet, el francés Bernard Arnault, el español Amancio Ortega, (abajo) el estadounidense Lawrence Ellison, el brasileño Eike Batista, el sueco Stefan Persson, el chino Li Ka-shing y el alemán Karl Albrecht. EFE/ARCHIVO
En 2013, por una combinación fatal de deudas, caída de precios y errores de administración, a su empresa empezó a irle de mal en peor. Al no cumplir las expectativas de producción, las acciones de OGX se desplomaron. Para colmo, ese año Eike se vio involucrado en la operación Lava Jato, que destapó un escándalo de corrupción en el país. Desde entonces no hubo más que condenas, multas y revocaciones. Su imperio se iría a pique.
La caída
En 2018, la Justicia lo condenó a treinta años de prisión por el pago de 16 millones de dólares en sobornos al exgobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, a cambio de contratos públicos, pero logró beneficios procesales y recursos de apelación que le permitieron cumplir medidas cautelares menores mientras avanzaban las revisiones de su defensa.
Eike Batista con Dilma Rousseff, quien en su momento lo consideró un ejemplo.
El año siguiente fueron 8 años y 7 meses por fraude contra el mercado de capitales brasileño, aunque la sentencia fue revocada.
El martes 3 de noviembre de 2020, la jueza del Tribunal Federal Supremo, Rosa Weber, aprobó el acuerdo de culpabilidad entre el empresario y la Fiscalía General de la República (PGR). Según el diario Estadão, el empresario se comprometió a pagar 800 millones de reales en multas y a cumplir un año de prisión, otro año de arresto domiciliario y dos años de prisión semiabierta.
Y hay más. En 2021, el Tribunal lo condenó a 11 años y 8 meses por delitos contra el mercado financiero, relacionado con el uso de información privilegiada para manipulación y una multa de 871 millones de reales.
Su pasado judicial y financiero sigue abierto. Sus empresas y activos solo pueden venderse con autorización del Tribunal y hasta este año -según reportes locales- seguía involucrado en una disputa por debentures y activos relacionados con la garantía de la multa establecida en su acuerdo de colaboración premiada.
Batista llega a la prisión Ary Franco. Foto: AP
En total, Eike Batista pasó en prisión un tiempo neto apenas mayor a los tres meses.
Hogar, dulce hogar
Desde hace cuatro décadas vive en una mansión “en medio de la selva”, en el sur de Río de Janeiro. Ubicada en Jardim Botánico, tiene una panorámica de la Lagoa Rodrigo de Freitas, una vista del Pão de Açúcar, y se encuentra a los pies de Cristo Redentor.
En la entrada hay una escultura hecha con el motor V12 de un Lamborghini de 1990 y adentro, entre decenas de comodities, un gimnasio con equipos de la NASA que le permiten entrenar la totalidad del cuerpo en tan solo ocho minutos diarios.
La mansión de Eike en el sur de Río. Foto: Youtube
"Construí esta casa hace 40 años. La dibujé yo mismo. Seguí comprando tierras tras otra e hice esto aquí. Tengo mi propia agua", dijo Eike al canal PrimoCast.
El Eike que viene
Según Veja Río, Eike Batista hoy se dedica, entre otras cosas, a "rememorar historias del pasado". El nuevo empresario, quien en 2014 reconoció a Folha de S. Paulo que “volver a la clase media” fue “un golpe gigantesco” para su familia, está muy activo en Instagram.
Eike es escoltado por la policía en Río de Janeiro. Foto: AP
Allí comparte ante casi un millón de seguidores flyers de la Inmersión Eike Xperience, “una experiencia de inmersión exclusiva” con él, un empresario que “construyó más de 20 empresas multimillonarias y completó 6 OPV en la bolsa de valores brasileña”. Promete tres días “intensos” de “cambio real, claridad y crecimiento” para “agudizar la visión, desbloquear el negocio y crecer con estrategia”.
Con su nuevo grupo EBX, en el cual participa como inversor y mentor, planea reinsertarse en el ambiente empresarial para captar inversores. Apuesta por la supercaña, una variedad de caña de azúcar de alta productividad que, según él, podría utilizarse para producir etanol, biomasa, envases biodegradables y combustible sostenible para aviones.
En 2025 dijo que buscaba incorporar una inversión de 500 millones de dólares procedente del Golfo -aunque el proyecto todavía debía demostrar su viabilidad comercial a gran escala y despertaba escepticismo dentro de la industria tradicional-. Eike sostiene que el proyecto podría alcanzar las 70.000 hectáreas de caña de azúcar plantadas cuando llegue a su madurez y llegar a producir unas 979.000 toneladas métricas de envases biodegradables utilizando biomasa procedente de la caña procesada.
Su objetivo es valerse de la financiación de inversores directos para sustituir la variedad de caña de azúcar RB867515, la más común de Brasil, por su nueva variedad SC157070, que crece a más de cinco metros de altura y permite una siembra más densa.
Eike Batista en 2012. Foto: AFP
Como si lo anterior fuera poco, Eike y su equipo se encuentran trabajando en la fase piloto de una criptomoneda, llamada $EIKE, y evaluando el interés de los inversores fuera de Brasil.
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