Las emociones de los niños no siempre encuentran las palabras para expresarse. Muchas veces aparecen a través de una rabieta, un llanto inesperado, un enojo o una reacción que desconcierta a los adultos.
Frente a esas situaciones, la respuesta habitual suele ser buscar una solución inmediata, una estrategia que haga desaparecer el problema cuanto antes. Sin embargo, el psicólogo y doctor en Educación Rafa Guerrero sostiene que ese camino no siempre es el más adecuado.
Especializado en psicología clínica, educación emocional y crianza, Guerrero lleva años difundiendo contenidos para ayudar a las familias a comprender mejor el desarrollo emocional de los chicos.
En una reciente publicación compartida en su cuenta Instagram, el experto volvió a poner el foco en una práctica que observa cada vez con mayor frecuencia: la necesidad de encontrar respuestas rápidas frente a cualquier dificultad que atraviesan los hijos.
El especialista cuestiona las soluciones rápidas en la crianza. Foto: Adobe Stock.
Para explicar esa idea recurrió a una comparación tan cotidiana como contundente. "A veces parece que buscamos soluciones para nuestros hijos como quien consulta el manual de una lavadora: identificar el fallo, pulsar un botón y esperar que todo vuelva a funcionar", expresó.
Rafa Guerrero: "Los niños no son máquinas"
La imagen, lejos de ser casual, apunta a cuestionar una forma de entender la crianza que intenta resolver las conductas infantiles como si existiera una fórmula universal. Pero, inmediatamente, el especialista deja en claro por qué esa lógica no funciona. "Pero los niños no son máquinas", afirmó.
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Detrás de esa frase hay una invitación a cambiar la mirada. En lugar de concentrarse únicamente en la conducta que preocupa, Guerrero propone preguntarse qué emoción está intentando comunicar el niño.
Para el psicólogo, los comportamientos difíciles rara vez aparecen porque sí. Suelen ser la manifestación de un malestar, de un miedo, del cansancio, de la frustración o de una necesidad que todavía no pudo ser expresada de otra manera.
En ese sentido, el especialista resume su postura con otra reflexión. "Detrás de cada conducta hay una historia, una emoción y una necesidad que busca ser comprendida", explicó.
Desde esa perspectiva, la salud mental infantil no consiste solamente en eliminar aquello que genera conflicto dentro de la familia. También implica aprender a observar, escuchar y comprender el contexto en el que crecen los chicos. El foco deja de estar puesto exclusivamente en el síntoma para dirigirse hacia las causas que lo originan.
Las conductas infantiles expresan emociones y necesidades. Foto: Shutterstock.
Por eso Guerrero insiste en que no existen soluciones automáticas cuando se trata del mundo emocional de la infancia. "La salud mental no consiste en encontrar respuestas rápidas, sino en mirar más allá del síntoma", señaló.
Su planteo también invita a revisar el papel que ocupan los adultos. En muchas ocasiones, la atención se centra únicamente en modificar el comportamiento del niño, sin preguntarse qué ocurre en el entorno familiar, cuáles son los niveles de estrés que atraviesa o cuánto tiempo de calidad comparte con sus figuras de referencia.
El psicólogo considera que ese trabajo no puede recaer únicamente sobre quienes se dedican a la salud mental. "Y esa tarea no es solo de psicoterapeutas. Es un camino que debemos recorrer juntos: familias, profesionales y sociedad", afirmó.
No es la primera vez que Guerrero pone el foco sobre la responsabilidad de los adultos en la crianza. En otra intervención pública, durante el podcast El club de caos, advirtió sobre la rapidez con la que muchas veces se colocan etiquetas o diagnósticos cuando un niño no responde a las expectativas.
"Creo que tenemos la manía de estar constantemente poniendo el foco en nuestros niños, que está muy bien, pero es que constantemente les estamos etiquetando, les estamos poniendo unas expectativas que no pueden cumplir, les estamos poniendo diagnósticos y trastornos que seguramente no tengan, y estamos poniendo el foco en 'eres tú el que tienes que cambiar, eres tú la que tienes un problema en el cerebro'", sostuvo.
Con esa reflexión, el especialista no niega la importancia de acudir a un profesional cuando existe una dificultad real que requiere tratamiento. Pero su mensaje apunta, más bien, a recordar que cada niño es diferente y que comprender sus emociones, sus necesidades y el contexto en el que crece resulta tan importante como cualquier herramienta terapéutica. Antes de buscar soluciones rápidas, concluyó, conviene detenerse a escuchar lo que cada conducta intenta decir.
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