Para noviembre de 2026, la sonda espacial Voyager 1 estará tan lejos de la Tierra que una señal que viaja a la velocidad de la luz tardará 24 horas en llegar hasta ella. Más curioso aún: sigue enviando datos desde el espacio interestelar gracias a una fuente de energía nuclear que consume menos que un par de bombillas eléctricas.

Lanzadas en 1977, las sondas gemelas Voyager 1 y 2 constituyen la misión más larga de la NASA y son las únicas naves espaciales que han llegado hasta el espacio interestelar, superando los límites del Sistema Solar.

Cada una de las Voyager lleva un reproductor de cintas de ocho pistas para grabar datos, tiene unos tres millones de veces menos memoria que los teléfonos móviles modernos y transmite datos unas 38.000 veces más lento que una conexión a Internet 5G, explica la NASA.

Las sondas también llevan dos discos de oro que contienen imágenes de la vida en la Tierra, diagramas de principios científicos básicos y audio, con sonidos de la naturaleza, saludos en varios idiomas, hasta música. Estos registros son una especie de “mensaje en una botella” cósmico para cualquiera que pueda encontrarlas. Sus diseñadores dicen que estos registros perdurarán durante más de 1.000 años.

Un viaje interminable

Durante más de cuatro décadas las sondas han brindado valiosa información a los científicos. Las dos sondas sobrevolaron Júpiter y Saturno para revelar secretos de esos planetas y de sus lunas. Voyager 2 se convirtió en la primera y única nave espacial en volar cerca de Urano (1986) y Neptuno (1989), ofreciendo vistas extraordinarias e información sobre estos mundos distantes y poco conocidos.

En tanto la Voyager 1 viajaba hacia el límite de la heliosfera y salió de ella en 2012. De esta manera, descubrió que la heliosfera bloquea el 70% de los rayos cósmicos o partículas energéticas creadas por estrellas en explosión. Voyager 2 abandonaría la heliosfera en 2018.

La misión Voyager lleva discos de oro grabados con imágenes y sonidos terrestres. Foto: NASA.

Cuesta creer que, a unos 25.000 millones de kilómetros de la Tierra, más de 170 veces la distancia entre la Tierra y el Sol, la Voyager 1 siga transmitiendo información que, como dijimos, tarda casi un día en llegar a nuestro planeta.

“La sonda funciona con un generador termoeléctrico de radioisótopos que contiene plutonio, el cual emite calor que luego se convierte en electricidad. A medida que el plutonio se descompone, la producción de calor disminuye y la Voyager pierde electricidad”, explica la NASA.

Al principio de la misión el generador producía unos 470 vatios. En 2026, eran 230 vatios, con una pérdida estimada de cuatro vatios al año. “Para compensar esa pérdida, el equipo apagó todos los sistemas no esenciales y algunos que alguna vez fueron esenciales, como los calentadores que protegen los instrumentos de las gélidas temperaturas del espacio”, informa la NASA.

Hace unos años, la Voyager 1 comenzó a experimentar un problema que provocó que la información sobre el estado de uno de sus sistemas a bordo fuera confusa. A pesar de esto, el sistema y la nave continúan funcionando con normalidad, lo que sugiere que el problema está en la producción de los datos, no en el sistema en sí.

“La Voyager han continuado haciendo descubrimientos sorprendentes, inspirando a una nueva generación de científicos e ingenieros”, afirma Suzanne Dodd, gerente de proyectos de Voyager en la NASA. “No sabemos cuánto tiempo continuará la misión, pero podemos estar seguros de que las naves proporcionarán aún más sorpresas científicas a medida que sigan alejándose de la Tierra”.

Trayectoria de las sondas Voyager en un esquema de la NASA. Foto: NASA.

Dos instrumentos de la Voyager 1 siguen encendidos, estudiando el plasma y los campos magnéticos que la rodean, y sus lecturas viajan de regreso a la Tierra a través de la Red de Espacio Profundo de la NASA , compuesta por antenas gigantes. La señal es muy débil: apenas un susurro de un transmisor, más tenue que la luz de una bombilla de refrigerador.

El declive constante de la fuente de energía pondrá fin a la misión. Esto podría ocurrir hacia 2030, pero nada es seguro. Hasta ahora, la misión se ha convertido en una verdadera “caja de sorpresas”.