En un pequeño laboratorio de la ciudad de Bolzano, en el norte de Italia, Francesca Antoniazzi transforma varillas de vidrio en joyas únicas a mano. Tiene 35 años, lleva una década trabajando como maestra vidriera y este año formalizó su actividad bajo el nombre Vitrium Veritas. Su historia es la de una búsqueda que comenzó en el peor momento de su vida y que, con el tiempo, se convirtió en oficio, identidad y sustento.
"El vidrio es un material en continua evolución: muchos lo asocian a la fragilidad, pero en realidad puede ser resistente y elástico. Es justamente ese lado poco conocido el que me sigue fascinando, incluso después de diez años de trabajo", dijo Antoniazzi en diálogo con el medio italiano il Dolomiti.
El laboratorio de Vitrium Veritas se encuentra en la calle Novacella de Bolzano. No está abierto al público: Antoniazzi vende principalmente en ferias y mercados artesanales, entre los que se destaca el tradicional Mercado de Navidad de Bolzano. Este año también participó en eventos en las provincias de Treviso y Brescia, y por primera vez asistió al Mida, en Florencia.
La técnica del fuego
La técnica que Antoniazzi utiliza se llama trabajo a la llama o lampworking. El proceso parte de varillas de vidrio disponibles en una enorme variedad de tonos, tanto transparentes como de color sólido. "Se trabajan con un soplete alimentado a oxígeno y gas que alcanza cerca de los mil grados: se calienta el extremo de la varilla haciéndola girar constantemente, porque en caliente el vidrio se comporta como la miel. Se crea una esfera que luego se coloca sobre el mandril", explicó la artesana.
Desde esa perla esférica comienza la decoración. Cada gesto, según la propia Antoniazzi, debe ser lento y preciso. La forma puede modificarse con pinzas planas o en forma de cuchara. La fase de enfriamiento es crítica: el vidrio sufre el choque térmico, por lo que el proceso debe ser lo más gradual posible. Las piezas pequeñas se dejan enfriar en ceniza; las más grandes, en horno con temperatura regulada.
En su laboratorio de Bolzano transforma varillas a la llama: cada pieza es única e irrepetible por principio. Foto: Instagram/@vitrium_veritas.
El vidrio que utiliza lo compra directamente en Murano, la isla veneciana célebre por su tradición vidriera. "Cuando puedo voy personalmente, porque me gusta elegir los colores de manera presencial", contó.
Joyas que no se repiten y la pieza que más la representa
El principio que organiza todas las colecciones de Vitrium Veritas es la irrepetibilidad. "Cada perla se realiza intencionalmente con colores y diseños diferentes, y es justamente eso lo que me gusta: poder ofrecer a las personas algo que no puedan encontrar en ningún otro lugar", señaló Antoniazzi.
Entre sus creaciones, la artesana destacó la colección Carry on: una joya con una pequeña manivela que permite que la perla gire, casi como un objeto antiestrés, con polvo fosforescente en su interior que la hace brillar en la oscuridad. También mencionó otra pieza llamada Armillary, inspirada en la esfera armilar, el antiguo instrumento astronómico que representaba el movimiento de los cuerpos celestes.
En los últimos años aprendió además a soldar latón, lo que le permitió llegar a creaciones más complejas, combinando ambos materiales en collares, colgantes y anillos.
El vínculo con el vidrio, según ella misma describió, excede ampliamente la técnica. "Muchas veces digo que trabajo sola, pero en realidad el vidrio también tiene un rol activo: hay una comunicación constante con el material y para trabajarlo hay que escucharlo, entender cómo reacciona y respetar sus tiempos, de lo contrario se rompe. No existen indicaciones precisas que valgan siempre: hay que aprender a sentirlo", expresó.
Un duelo, una amistad y el primer curso que lo cambió todo
El primer encuentro de Antoniazzi con el vidrio se produjo en un momento de profundo dolor personal. Tras terminar el bachillerato artístico, sin saber todavía qué camino tomar, perdió a su madre.
"Fue entonces que una querida amiga de la familia, a quien considero una segunda madre, encontró casualmente un curso de formación artística sobre trabajo con vidrio llamado Vetroricerca, que hoy lamentablemente ya no existe. Hice la entrevista, quedé seleccionada y recuerdo aún la primera vez que entré: me encontré frente a una gran pared llena de granallas de colores y pensé enseguida que ese lugar era bellísimo", relató.
Este año formalizó Vitrium Veritas y busca crecer en lo digital sin resignar la esencia artesanal de su trabajo. Foto: Instagram/@vitrium_veritas.
Durante los dos años de formación aprendió termoformado, trabajo con planchas, técnica Tiffany y vitral artístico, entre otras disciplinas. Luego realizó una pasantía en Venecia para profundizar el trabajo a la llama y pasó una temporada en Valencia, donde colaboró con una artesana que realizaba joyas en vidrio con termoformado.
La decisión de especializarse en el trabajo a la llama tuvo un impulso decisivo: su padre le regaló el primer soplete. "Ha sido un gesto determinante y él tuvo un rol fundamental en mi recorrido", reconoció.
De regreso a Italia, comenzó a crear sus primeras joyas. Durante años combinó esa actividad con otros trabajos —camarera, bartender— sin resignar el taller. El período de la pandemia fue especialmente duro: la cancelación de ferias y mercados eliminó su principal canal de venta. A pesar de eso, este año decidió formalizarse. "Siempre fui bastante prudente y hoy estoy contenta de haber esperado, porque en el ínterin adquirí mayor seguridad", afirmó.
Antoniazzi también reconoció los desafíos actuales del oficio artesanal. Cuando empezó, a los 22 años, solía ser la expositora más joven en las ferias. Hoy, el mercado cambió y la presencia en redes sociales se volvió casi indispensable.
"Para mí esa es una de las mayores dificultades: detenerme para sacar fotos interrumpe la concentración. Y cuando sos artesano hacés todo vos solo: creás, producís, fotografiás, gestionás las redes y el marketing. No son dos trabajos, sino al menos cinco", señaló.
De cara al futuro, la maestra vidriera expresó su deseo de mejorar en el ámbito digital, lanzar un sitio web y participar en eventos cada vez más importantes del mundo de la joyería. "Quiero seguir creciendo sin perder lo que considero el aspecto más hermoso de mi trabajo: poder crear algo que nunca existirá dos veces de la misma manera", concluyó Antoniazzi.
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