Las bajas temperaturas invernales no fueron suficientes para reducir las poblaciones ni detener el avance de Dalbulus maidis, la chicharrita del maíz, el pequeño insecto transmisor de la enfermedad del achaparramiento que causa la destrucción de los cultivos y graves pérdidas de rendimiento en el cereal.

El 46º informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis reveló que, pese a la época del año, en las regiones endémicas, el NOA (noroeste argentino) y el NEA (noreste argentino), "la chicharrita sigue registrando una presencia amplia y se encienden luces amarillas de cara a la próxima campaña". Allí, el vector aparece en más del 90 por ciento de las localidades monitoreadas, y un 75 por ciento registra las categorías más altas (más de 100 adultos por trampa).

La Red Nacional de monitoreo informa sobre la captura con trampas cromáticas adhesivas de los adultos de D. maidis en diferentes regiones productoras del cultivo de maíz en Argentina

De acuerdo con el relevamiento, realizado entre el 1 y el 16 de julio, en las regiones Centro-Norte, Litoral y Centro Sur, hubo una marcada disminución de los niveles de captura, pero en las dos primeras siguen predominando las localidades que registran presencia del insecto.

En este escenario, "resulta fundamental sostener esquemas de monitoreo activos y sistemáticos, aun durante las etapas finales de cosecha de los maíces tardíos, para comprender la dinámica poblacional estacional de la plaga a escala regional", advirtieron los técnicos de la Red.

Los especialistas recomiendan prestar especial atención en la presencia de plantas voluntarias de maíz en lotes ya cosechados, las cuales actúan como un “puente verde” que favorece la supervivencia y permanencia de la chicharrita, contribuyendo a su continuidad y, en consecuencia, de la enfermedad del achaparramiento del maíz, entre campañas.

"El monitoreo de estos hospederos resulta estratégico para la detección temprana de focos de persistencia y para la estimación de densidades poblacionales remanentes", subrayaron los técnicos. Asimismo, señalaron que estas “luces amarillas” deben llevar a evaluar estrategias de manejo complementarias para reducir las poblaciones del vector en caso de que las condiciones ambientales no favorezcan su disminución natural.

Zona por zona

En el NOA, donde la mitad de las trampas se encontraban sobre maíces en estado de madurez fisiológica (R6), la Red observó una marcada disminución en el promedio de adultos, pero los niveles poblacionales siguen muy elevados ya que el 86 por ciento de las localidades superó los 100 adultos por trampa.

En el NEA también descendió el promedio de capturas y se vio una leve retracción de las localidades con mayor abundancia de chicharrita, aunque siguió siendo la categoría más representativa con el 62 por ciento del total.

En el Litoral, donde el 32 por ciento de las trampas estuvieron en lotes de maíz en R6, el 68 por ciento de las localidades registró presencia de chicharritas, con una baja de las categorías intermedias de capturas (1 a 20 y 21 a 50 adultos por trampa) y una marcada caída en las capturas promedio, superior a la de las zonas endémicas.

En la región Centro-Norte, donde el 38 por ciento de las trampas se dispuso en cultivos en madurez fisiológica, el 95 por ciento registró capturas del vector, un descenso en la proporción de localidades con máxima abundancia, y una notable disminución del promedio de capturas.

En la región Centro-Sur el 32 por ciento de las trampas se ubicó sobre maíces en R6, el 70 por ciento de las localidades no tuvo presencia de chicharritas y también disminuyó el promedio de capturas.