Hay dos facetas de la definición de gobernar. La primera, la más conocida, es la de administrar un país. La otra, equivale a conducir, liderar, guiar, representar a una población, identificarse con sus necesidades y su cultura. Cada una de esas caras podrían estar representadas por la política, en primer término, y por la Selección argentina de los últimos años, lo que denota un profundo contraste.

La política hace décadas que sigue alejada de la sociedad y de los intereses colectivos. Con la ideología como bandera, caga gobierno solo se ocupa de aquello que pueda capitalizar en uno o dos mandatos, sin consensuar un modelo político económico, ni políticas de Estado y, a veces, hasta con rasgos de mesianismo. La grieta, ayuda a ganar elecciones, pero siempre pierde la sociedad.

Desde el inicio del proceso liderado por Lionel Scaloni, el seleccionado consensuó un modelo de juego, más identificado con la idiosincrasia argentina pero poniendo el foco en el grupo humano y en el objetivo colectivo, potenciado por las cualidades individuales de varios jugadores pero sobre todo de las de uno de los más grandes de la historia del fútbol -si no el más grande-, Lionel Messi.

A partir del 2021 el esquema recogió sus frutos con la Copa América. Y lo hizo alejado de declaraciones grandilocuentes; de confrontaciones ideológicas e inútiles como las de menottistas versus bilardistas; con un líder, Scaloni, abierto, sincero, y siempre frizando cualquier polémica. Y en especial, sin ánimo de revancha, después de haber recibido las críticas más duras.

El 2022 no sólo fue consagratorio con la Copa Finalissima ante Italia y el campeonato del mundo en Qatar, sino que la transformó en la Selección de todos; por primera vez en mucho tiempo, un equipo de fútbol y su entrenador se convirtieron en un ejemplo para los más chicos, que ansiaban seguir los pasos de Messi, pero también los del Dibu Martínez, Enzo Fernández, Julián Alvarez, Rodrigo de Paul o Cuti Romero, por citar solo algunos nombres. Pero también para los adultos, que eran testigos de la pasión con la que representaban la celeste y blanca, la calidad y, otra vez: el espíritu de equipo y el objetivo colectivo.

Emiliano "Dibu" Martínez.

“Lo hago por 45 millones de argentinos. El país nunca pasa un buen momento con el tema económico, y darle alegría es lo más satisfactorio que tengo en este momento”, enfatizaba Emiliano “el Dibu”. De Paul también asentía en aquel diciembre de 2022: “Vamos a sacarle una sonrisa a la gente que le cuesta llegar a fin de mes, que con el fútbol puede desconectar y hoy, seguramente, a mucha gente le vamos a hacer el día más feliz de sus vidas”.

Expiraba el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, dejando un país al borde de la hiperinflación, habiendo multiplicado los planes sociales, con un cepo al dólar y un riesgo país por las nubes, y una situación social caótica.

Pero la política nunca decodificó el mensaje de la Selección. Le preocupaba más tener, en el caso de Fernández o de Cristina con el equipo en la Casa Rosada, algo que nunca ocurrió. ¿De ahí el encono encubierto del kirchnerismo con esta selección o intentando construir una falsa dicotomía de Maradona o Messi? Es factible.

Lionel Messi en una rueda de prensa el vienes, en Nueva York (EE.UU.). Foto: EFE/ Lavandeira Jr

La selección de Scaloni y Messi no se detuvo. Ganó otra Copa América, en 2024. Y llegó, después de cuatro durísimas batallas -Cabo Verde, Egipto, Suiza e Inglaterra-, la última con rasgos épicos y abrazado por la causa de Malvinas frente al equipo inglés, a una nueva final.

"Estamos orgullosos y felices de poder regalarle una alegría a la gente, los mundiales para nosotros son especiales y nos olvidamos de todo lo mal que nos toca pasar. Hay gente que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o que la vive peleando, la vida nuestra que nos tocó siempre. Poder regalarle todo este tipo de alegría a ellos, estar en una final del mundo una vez más, meter dos seguidas", afirmó Messi tras el triunfo ante Inglaterra. El Gobierno, a través de su portavoz Adrián Ravier tuvo que admitir por ciertas las palabras del Diez, pero culpó a la herencia K.

No pudo con España en la final, pero dejó todo en el último partido. "Son todo lo que está bien, nos lo dieron todo", versaba una hincha, que como miles, se acercó al Obelisco.

Nadie podrá decir que la selección de Scaloni y de Messi está politizada, pese a que el titular de la AFA es Claudio “Chiqui” Tapia y su tesorero Pablo Toviggino, con varias causas judiciales que afrontar. Nunca se acercó a Cristina Kirchner, tampoco a Javier Milei. Siempre buscaron estar cerca de la gente y, en sus dichos, no hay ninguna revelación; la pasaba mal en 2022 y la pasa mal ahora, más allá de las discusiones sobre la bomba de tiempo dejada por el kirchnerismo y la nueva etapa que se abrió con el gobierno libertario cuyo modelo económico no derrama y aún deja a la intemperie a gran parte de la sociedad.

Con el correr de las horas todo quedará reducido a un logro deportivo, y a la tristeza por ¿el último mundial de Messi? Nada quedará ni será aplicado por la política como parte de la enseñanza que deja una gestión exitosa, la de la selección, aunque Scaloni será invitado a dar charlas en el exterior sobre cómo liderar un grupo que se mantuvo en la cima del mundo.

Gobernar, en política, desde hace tiempo es dividir para triunfar, alimentar la grieta, ser intolerante ante cualquier crítica por más constructivo que sea, y llevar adelante un modelo sin consensuarlo ni enriquecerlo desde las diferencias. Y, mucho menos, tener como objetivo defender los intereses de la Argentina y tener como objetivo, hacer más feliz a los argentinos.

Lamentablemente, habrá que esperar cuatro años.