Dormir lo suficiente no solo ayuda a sentirse con más energía al día siguiente. Cada vez más investigaciones científicas muestran que el descanso nocturno cumple un papel esencial en la reparación del organismo, el funcionamiento del sistema inmunológico y la prevención del envejecimiento prematuro.

Al respecto, los especialistas en longevidad advierten que reducir las horas de sueño de manera habitual puede tener un impacto mayor del que muchas personas imaginan.

Entre quienes difunden este mensaje se encuentra Rafael Guzmán García, autor del libro Cómo llegar joven a viejo: Las claves de la juventud, quien sostiene que el descanso debería ocupar un lugar prioritario dentro de cualquier estrategia para mejorar la calidad y la expectativa de vida. Sus recomendaciones fueron recogidas por el diario ABC de España.

El sueño profundo favorece la regeneración del organismo mientras el cuerpo permanece en reposo.

Según explica este fisioterapeuta y máster en Psiconeuroinmunología por la Universidad Pontificia de Salamanca, uno de los hábitos más perjudiciales para la salud consiste en reducir voluntariamente las horas de sueño. "Son muchos los errores que cometemos en nuestro día a día y que inciden directamente en nuestra longevidad. Pero si tuviese que decir cuál es el top, el número uno sería sacrificar horas de sueño voluntariamente", afirma.

El especialista aclara que la solución no pasa por levantarse más tarde, sino por modificar los horarios para acostarse antes y así completar el descanso necesario. A su entender, dormir no representa un tiempo perdido, sino una inversión que permite afrontar el día con mayor rendimiento físico, mental y emocional.

Guzmán García recomienda respetar entre siete y nueve horas de sueño, preferentemente durante la noche. "Para realizar cualquier actividad, bien sea trabajo, bien sea ocio o bien sea incluso deporte, sin duda el hábito al que más relevancia le doy es a las grandes dosis de almohada. Es decir, respetar entre 7 y 9 horas de sueño, principalmente nocturno", señala.

También explica que la falta de descanso no solo provoca cansancio o disminución del rendimiento diario, sino que desencadena una serie de alteraciones que afectan a todo el organismo. "Dormir menos de 7 horas por noche no solo afecta a tu energía, sino que también acelera el envejecimiento, desequilibra tu metabolismo, debilita tu sistema inmune y tu salud cerebral", advierte.

Numerosas investigaciones respaldan esa idea. Entre ellas, una revisión publicada en Physiological Reviews destaca que el sueño cumple un papel fundamental en la consolidación de la memoria, la regulación metabólica, la función inmunológica y diversos procesos de reparación celular. Por eso, cada vez más expertos consideran que mantener una rutina de descanso adecuada resulta tan importante como sostener una alimentación equilibrada o realizar actividad física.

En ese sentido, Guzmán García destaca que los estudios más recientes están cambiando la forma de entender los hábitos saludables. "Hasta hace muy poco creíamos que el ejercicio físico y la nutrición eran los dos hábitos más importantes para mejorar la calidad de vida y alargar nuestra vida, pero los últimos trabajos científicos nos demuestran que el sueño es lo principal", asegura.

El descanso suficiente ayuda a mantener el equilibrio del metabolismo y la función cerebral. Foto: Pexels

Explica, además, que durante el descanso nocturno se desarrollan procesos biológicos indispensables para conservar la salud. "El descanso nocturno es el momento en el que el cuerpo se regenera, elimina toxinas y repara el daño celular. Privarnos de él es acortar nuestra esperanza de salud", explica.

Por ese motivo, también cuestiona la idea de que el sueño puede recuperarse más adelante. "No hay una frase más desafortunada que ´ya tendré tiempo de dormir cuando me muera¨", grafica, al remarcar que el descanso perdido no compensa completamente sus efectos sobre el organismo.

Esa idea resume el eje de su propuesta sobre longevidad: cuidar el sueño no significa solo descansar mejor, sino favorecer muchos de los procesos biológicos que ayudan al organismo a mantenerse sano con el paso del tiempo. Por eso, concluye: "Dormir bien no es un lujo, es una necesidad".