Los 10 años iniciales del régimen chavista en Venezuela coincidieron con un extraordinario boom económico, resultado de un periodo excepcional de aumento del precio del petróleo, y de los commodities en general, en que el valor del crudo se multiplicó por 4 una vez, y luego volvió a multiplicarse por 4 en una segunda instancia.
El teniente coronel Hugo Chávez del Cuerpo de Paracaidistas venezolanos, se impuso en las elecciones presidenciales de 1999 después de haber sido amnistiado por el entonces mandatario demócrata cristiano Rafael Caldera; en esa etapa se encontraba cumpliendo pena de prisión en el Fuerte Tiuna de Caracas, debido a que había encabezado dos insurrecciones militares.
En esos 10 años iniciales del chavismo, el país era la “Venezuela Saudita”, donde todo parecía posible, y casi siempre lo era.
Esto coincidió con la conversión plena de Venezuela en un “Petro-Estado”, que les quitó todo incentivo a las actividades productivas, y en primer lugar a la agroalimentaria.
De esta manera, el petróleo, la burocracia, la corrupción y la inepcia del sistema, absorbieron todo: las inversiones, el trabajo, e incluso el pago de impuestos, lo que desató una crisis fiscal e hizo estallar la relación de ingresos/pagos del Estado.
En ese momento, y en forma súbita, en la “Venezuela Saudita” faltaron de pronto alimentos, medicamentos y condiciones mínimas de vida, lo que hizo que 8 millones de venezolanos se vieran obligados a abandonar su país para escapar de la miseria, todo esto en medio de una crisis humanitaria de proporciones bíblicas, que desató una de las migraciones masivas de mayor envergadura de la historia contemporánea.
Se puede resumir la suerte del “Petro-Estado” chavista en los siguientes términos: Venezuela producía 4 millones de barriles diarios de petróleo en 1960, y era el tercer productor mundial después de Arabia Saudita y Rusia; y en ese momento – gobierno de Carlos Andrés Pérez – el mundo comenzaba a experimentar el primer Superciclo de los commodities; y el precio del petróleo llegó a alcanzar U$S 120 por barril a los valores norteamericanos de entonces, que hoy serían U$S 300/barril.
Pero el primer Superciclo se agotó, y ante la crisis fiscal Carlos Andrés Pérez se vio obligado a aumentar el precio de la gasolina; y de inmediato, en una sociedad totalmente subsidiada, estalló el “Caracazo”, que fue lo que sucedió cuando los “barrios” que rodean el gran hoyo que es el centro de Caracas, incendiaron y saquearon la capital.
La conversión de Venezuela en un “Petro-Estado” selló el destino de la producción agroalimentaria, que en la década del ´50 (gobierno de Marcos Pérez Jiménez 1948/1958) era la mitad del PBI y proveía más de 65% de los alimentos.
A partir de allí la agricultura comenzó a hundirse y se redujo a menos de la décima parte del producto, y al finalizar la década del ´90 aportaba sólo 5.8% del PBI, hasta desaparecer posteriormente.
Por eso es que lo notable es que Venezuela tiene extensas tierras fértiles (3.4 millones de hectáreas), pero sólo emplea productivamente 0.7 millones de hectáreas.
Ahora EE.UU se ha hecho cargo prácticamente de la situación venezolana; y le otorga un completo apoyo a la sucesora de Hugo Chávez, Delcy Rodríguez.
Esto significa ante todo recuperar la capacidad productiva del país, y en especial la agroalimentaria: las tierras fértiles son abundantes, el clima cálido y el agua fácilmente disponible. Lo que falta son capitales y capacidad gerencial, pero esto puede proveerlo la comunidad venezolana en EE.UU, y sus primos hermanos en materia de influencia y de riqueza, que son los cubanos norteamericanos.
En cuanto al mercado, está inmediatamente disponible el de EE.UU, México y Canadá, a través de las grandes cadenas de producción y distribución transnacionales.
Después del doble terremoto, y su desastroso legado de pérdida de vidas y ruinas generalizadas, lo que viene es la reconstrucción, y ante todo de la actividad productiva.
Este es el punto primero de la nueva agenda nacional de la Venezuela post-catástrofe.
Venezuela es mucho más que el petróleo; y para advertirlo hay que abandonar definitivamente la mentalidad de la “Venezuela Saudita” y su expresión extrema el “Petro-Estado”.
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