La Rural es, desde su origen, una muestra eminentemente ganadera. Su fundador, Eduardo Olivera, se había formado como ingeniero agrónomo en Grignon, Francia, que competía con Inglaterra por el liderazgo en tecnologías de todo tipo. Incluyendo el agro. (Ah, esta tarde dirimen el tercer puesto del mundial. Mañana nosotros jugamos la final. Pero es solo un partido de fútbol).

Volvamos a don Eduardo. Tengo la costumbre de armar nuestro programa de Canal Rural “El campo, la Industria Verde”, arrancando y cerrando al pie de la estatua de Olivera en el predio palermitano. No como homenaje, sino como reconocimiento a su espíritu innovador. He leído las cartas que le enviaba a su padre, don Domingo, un pionero de las pampas. Las más apasionadas las escribía desde Birmingham, allá por 1860, donde visitaba el Royal Show, la exposición agrícola más antigua del mundo.

En aquellos años, con la revolución industrial a pleno, la Inglaterra de Dickens era un faro que irradiaba tecnología por todo el mundo. Y el Royal Show lo exhibía…en acción. Don Eduardo le contaba a su padre que había visto trabajando al nuevo modelo de “arado de vapor”, una caldera móvil que arrastraba un arado de cuatro rejas. Con llantas de hierro. Estaba asistiendo al nacimiento del tractor.

Comprendió el valor de la tecnología. Cuando regresó a la Argentina, puso manos a la obra. Además de crear la SRA, donde eligió el cargo de secretario ejecutivo, fundo la Escuela Agrotécnica de Santa Catalina, pionera de las facultades de agronomía en el país. Y en la chacra Los Remedios (hoy Parque Avellaneda) creó una escuela de horticultura y de tambo.

Fue el pionero de la Primera Revolución de las Pampas. La de la conquista territorial. Hacían falta los arados y los gringos para domar los pajonales, donde la única técnica que se manejaba era el fuego. Alcanzaba para lograr pasto fresco y alimentar el ganado cimarrón. Pero ahora el mercado demandaba carne de calidad, y era posible llegar con ella a Inglaterra gracias al invento del buque frigorífico. Vinieron Tarquino, Virtuoso y Niágara, los fundadores.

Pero era necesaria la alfalfa, el alambrado, los molinos, las aguadas. El ferrocarril. Agricultura para la ganadería. Lo hicimos y la Argentina tuvo el gran momento histórico. La Vaca Viva. Y como subproducto del objetivo ganadero, fuimos granero del mundo. Había que sembrar maíz, trigo y lino antes de dejar implantada la alfalfa.

Después…La ganadería pasó a ser el negocio del eterno futuro. Nos estancamos. Pero ahora, en Palermo 2026, todos sienten que ese futuro al fin llegó. Y eso se percibe en la muestra. No tanto por la calidad de la genética, donde lo nuevo es el crecimiento de las razas sintéticas, que vienen de la gran muestra en Riachuelo, Corrientes.

Lo esencial en Palermo está en las pinceladas que muestran el nivel tecnológico que hay disponible para un renacimiento del negocio original. Las gigantescas picadoras automotrices de forraje, que dieron lugar a una generación de contratistas de altísimo nivel profesional, únicos en el mundo. Han incorporado dispositivos, como el procesador de granos “Shredlage” (que hace una molienda intensiva, mejorando la digestibilidad de la parte más valiosa del silaje). Los productores se anticiparon a los validadores y lo exigen.

Ahí está también el revival del henolaje en rollos envueltos en film streetch, microsilos que incorporan el inoculante que acelera y mejora la fermentación. O los carros desparramadores de estiércol, indispensables en el camino de la intensificación en la era del corral. En tambo y carne.

Y las herramientas financieras, donde se vinculan las tecnologías de datos y los dispositivos de medición. Los chips, los sensores. La combinación de la plataforma Nera (bancos de Galicia y Santander) con Siloreal ha dado lugar al más elegante negocio de fintech del momento. Y ahora con la posibilidad de financiarse en dólares, que es la moneda con la que quiere funcionar el sector ante una demanda internacional que no tiene techo.