La frase "Quienes dicen que el dinero no compra la felicidad nunca lo han tenido" ha sido atribuida al actor estadounidense Samuel L. Jackson desde hace décadas en la web. Puede que la asociación se deba al agudo sentido del humor que el talentoso intérprete ha mostrado delante y detrás de cámaras en toda su carrera. En cualquier caso, esas palabras responden al viejo debate sobre si el dinero compra o no la dicha genuina.

La cita plantea que el dinero no solo aporta comodidad, sino que también puede acercar a la felicidad al eliminar muchas de las preocupaciones cotidianas. Tener recursos permite acceder a mejores oportunidades, cuidar la salud, disfrutar del tiempo libre y vivir con mayor tranquilidad.

Desde esa perspectiva, quienes sostienen que el dinero no compra la felicidad serían personas que nunca experimentaron la seguridad económica que brinda contar con él.

Sin embargo, diversas investigaciones muestran que el dinero no garantiza una vida feliz, pero sí puede reducir factores de estrés relacionados con las necesidades básicas. Contar con ingresos suficientes facilita el acceso a vivienda, alimentación, atención médica, educación y tiempo para el descanso.

Qué papel juega la riqueza en la felicidad de las personas. Foto ilustrativa generada XAI

Según el informe World Happiness Report, elaborado con apoyo de la Sustainable Development Solutions Network de las Naciones Unidas, el bienestar de las personas depende de múltiples factores. Entre ellos aparecen el ingreso económico, el apoyo social, la salud, la libertad para tomar decisiones y la confianza en las instituciones.

Siguiendo esta línea, uno de los mayores estudios sobre la relación entre ingresos y felicidad fue realizado por la Universidad de Harvard, que analizó, de manera extensa, a un grupo de personas durante décadas.

Los resultados, dice Psychology Today, fueron sorprendentes: la felicidad no tenía tanta relación con los ingresos, la riqueza, los logros o incluso el propósito en sí mismo. En cambio, aparecía más ligada a conexiones interpersonales, relaciones y sentido de comunidad. De esta manera, podemos pensar que algunas personas siguen siendo infelices, aunque tengan mucho dinero.

Otros estudios aseguran que la felicidad aumenta hasta los 100.000 dólares y luego se mantiene estable.

Jackson ha consolidado una de las carreras más exitosas y prolíficas de la industria del entretenimiento. Foto Reuters

La frase atribuida a Jackson, uno de los actores más taquilleros de Hollywood, conecta con ideas ampliamente difundidas: “el dinero no puede comprar la felicidad” o “quienes dicen que el dinero no compra la felicidad no saben dónde comprar”.

Así, el debate sobre si el dinero compra o no la felicidad continúa abierto. Mientras algunas personas consideran que los recursos económicos son una herramienta para vivir con mayor tranquilidad, otras sostienen que la satisfacción personal depende de factores que no pueden adquirirse con dinero.

Quién es Samuel L. Jackson

Una de las mayores estrellas de Hollywood, Samuel L. Jackson nació en Washington D. C., en 1948. Estudió Arte Dramático en Morehouse College y comenzó su carrera en el teatro antes de dar el salto al cine.

Samuel L. Jackson alcanzó reconocimiento internacional por su interpretación de Jules Winnfield en Pulp Fiction (1994), de Quentin Tarantino.

Tras colaborar con el director Spike Lee en Do the Right Thing (1989), Mo' Better Blues (1990) y Jungle Fever (1991), alcanzó reconocimiento internacional por su interpretación de Jules Winnfield en Pulp Fiction (1994), de Quentin Tarantino, papel que le valió una nominación al Oscar como mejor actor de reparto. La Academia le otorgó un Oscar Honorífico en 2022.

A lo largo de una extensa carrera ha participado en algunas de las películas más exitosas de Hollywood, entre ellas Jurassic Park (1993), Die Hard with a Vengeance (1995), A Time to Kill (1996), Jackie Brown (1997), Star Wars: Episode I – The Phantom Menace (1999), Unbreakable (2000), Shaft (2000), The Incredibles (2004), Snakes on a Plane (2006), Django Unchained (2012), The Hateful Eight (2015) y Glass (2019). También ha sido un icono de las franquicias de Marvel al interpretar a Nick Fury desde Iron Man (2008).

Está casado desde 1980 con la actriz y productora LaTanya Richardson, con quien tiene una hija, Zoe Jackson.