Aunque podría parecer un capítulo de literatura fantástica al estilo de Game of Thrones, la geopolítica contemporánea vuelve a debatirse en términos de control territorial. En la edición de julio-agosto de 2026 de la influyente revista Foreign Affairs, Hal Brands y Michael Beckley sostienen que la competencia estratégica del siglo XXI puede entenderse, una vez más, como una disputa entre el Heartland -el gran núcleo continental- y el Rimland -la periferia marítima que lo rodea-. A su juicio, esa clave geopolítica permite comprender la rivalidad entre Estados Unidos, China y Rusia, así como anticipar algunos rasgos del próximo orden internacional.

La idea remite a una tradición clásica de la geopolítica. A comienzos del siglo XX, el geógrafo británico Halford Mackinder formuló la teoría del Heartland, según la cual el dominio del núcleo continental euroasiático constituía la clave del poder mundial. Años más tarde, el politólogo estadounidense Nicholas Spykman reformuló ese enfoque al destacar la importancia del Rimland: el cinturón costero que rodea Eurasia y cuyo control resultaría decisivo para mantener el equilibrio estratégico global. Ocho décadas después, esa interpretación ha recuperado vigencia.

Esa misma lógica puede proyectarse sobre el hemisferio occidental si se entiende a América Latina como un Rimland fundamental para Estados Unidos. Su extensa proyección marítima sobre los océanos Atlántico y Pacífico, articulada por pasos estratégicos como el Canal de Panamá y el estrecho de Magallanes, le confiere un valor geopolítico singular para la seguridad hemisférica y el control de algunas de las principales rutas oceánicas.

A ello se suman sus abundantes recursos energéticos, minerales críticos, biodiversidad y capacidad alimentaria, factores que incrementan su relevancia en un contexto de creciente competencia entre grandes potencias. Desde esta perspectiva, América Latina deja de ser el histórico "patio trasero" de Washington para convertirse en su eventual "patio delantero": el espacio más inmediato desde el cual preservar su posición estratégica.

En ese sentido, Beckley y Brands sostienen que el desafío para Washington consiste en reconstruir un orden regional adaptado a una época en la que el poder se proyecta tanto mediante el control territorial como a través de redes económicas, tecnológicas y logísticas. Para ello, argumentan, Estados Unidos debería articular un sistema de alianzas capaz de fortalecer la interdependencia entre las democracias, limitar la capacidad de coerción de las potencias rivales y evitar que sus propias tendencias aislacionistas e iliberales erosionen ese liderazgo.

Sin embargo, que América Latina ocupe un lugar más relevante en la estrategia estadounidense no constituye, por sí mismo, una ventaja para la región. Implica, sobre todo, una mayor exposición a la rivalidad entre las grandes potencias. La geografía vuelve a colocar a América Latina en el centro del tablero. La diferencia entre ser un actor, un peón o un mero escenario en el que ocurren las cosas dependerá menos de su ubicación que de las decisiones que en ella se tomen.

Heartland vs. Rimland, la nota de Bekley y Grands en Foreign Affairs, julio/Agosto 2026.

Tapa de Foreign Affairs, Julio/Agosto 2026